Capítulo 42 #3
—Ya lidiaré yo con él —respondió Axel , agarrado a la barandilla—. Corre.
—No —dijo Theon , incrédulo—. Sé que todos estamos intentando procesar lo de anoche, pero…
—¡No! —gruñó Luka con una mano extendida, como si tratara de atrapar algo.
Pero era demasiado tarde. No pudieron hacer nada para evitar que las sombras de Axel lanzaran un vial por la barandilla. Este estalló en el aire y una neblina negra salió de su interior mientras Axel señalaba a la fae para reclamarla.
—¿Qué acabas de hacer? —preguntó Theon .
—A mí también me gustaría saberlo.
Todos se giraron y se encontraron a Valter en el umbral de la puerta. Unas sombras se arremolinaban a su alrededor. Eviana tenía los ojos muy abiertos, sorprendida.
—Yo… —vaciló Axel antes de echar un vistazo por encima del hombro, como si acabara de darse cuenta de la gravedad de sus actos.
A Theon el corazón le latía desbocado y le dio un vuelco al estómago. Si esa fae no demostraba tener cierto valor, las consecuencias a las que Axel se atendría serían nefastas. Incluso desde allí, podía oír cuchichear a los demás legados sobre la elección de una fae corriente.
Hasta que Luka dijo:
—No puede ser.
Todos se dieron la vuelta hacia la arena. Su elemento se había manifestado.
Y era fuego.
Llamas naranjas y rojas, azules y amarillas le danzaban por las puntas de los dedos. Ojiplática, la mujer se había quedado paralizada; no hacía más que pasear la mirada entre el fuego que controlaba y el balcón del reino que la había reclamado.
—¿Una fae de fuego? —exhaló su padre con evidente entusiasmo.
Los murmullos de confusión en torno a la arena habían dado paso a la indignación por que el Reino de Arius hubiera reclamado a una fae de fuego. No habría reunión. Ningún otro reino había lanzado el vial al mismo tiempo que Axel . La habían reclamado de forma justa según los acuerdos.
—¿Cómo? —preguntó Theon , consternado—. El Reino de Anala jamás dejaría que alguien más se quedara con uno.
—Da igual —respondió su padre—. Ya es nuestra. Axel , ve y asegúrate de que siga siéndolo.
Sin decir nada, este desapareció por la puerta. Su padre se acercó a la barandilla y recorrió con la mirada la extensa arena.
—Es una buena noticia para nosotros —dijo.
—Lo es —concedió Theon , que seguía sin entender cómo había pasado todo eso.
—Es una buena noticia para ti —añadió su padre.
—Para nuestro reino, en general.
—Pero sobre todo para ti. La fae será una buena sustituta si tu fuente actual demuestra no estar a la altura esta noche.
Theon se tensó, pero, a su lado, Tessa ni se inmutó.
Con el caos que la muerte de Pen había desatado en su mente, se le había olvidado por completo el acuerdo al que había llegado con su padre.
No le preocupaba. Con sus niveles de poder bastaría, y más cuando su poder se manifestara por completo.
Pero ¿lo sabía ella? Debería haberla tranquilizado.
Debería haberle explicado por qué había accedido siquiera a algo así, pero no parecía preocupada.
No, parecía… impasible. Respecto a todo.
Se oyó un golpe en la puerta antes de que se abriera. Al otro lado se encontraba un centinela del Panteón.
—Mis señores —les saludó e inclinó la cabeza ante ellos—. Vengo a llevarme a su fuente abajo para el rito.
Tessa se enderezó y le echó un vistazo a Theon , a la espera de que le diera permiso para marcharse con él.
—Te acompaño —dijo Theon .
El centinela frunció el ceño.
—Le aseguro que no es necesario. Vamos directos a las salas de espera fuera de la arena.
—Ya la han atacado una vez en lo que llevamos de semana. Voy a acompañarla y no admito discusión.
—Por supuesto, mi señor —cedió el centinela y se hizo a un lado.
Theon posó la mano en la espalda baja de Tessa y no le pasó desapercibida la sonrisita que le curvó los labios a su padre.
Siguieron al centinela escaleras abajo hacia un pasadizo hasta que se detuvo delante de una puerta de cristal.
—Cada fuente tiene su propia sala de espera con hechizos protectores. No puede salir y solo una sacerdotisa o un centinela del Panteón puede entrar.
Por poco se le escapó una carcajada ante la idea de que unos hechizos protectores pudieran retener a Tessa .
—Quiero un momento a solas con ella —respondió Theon mientras la instaba a entrar en la sala. La puerta se cerró y él cubrió el cristal con un manto de sombras.
Se había colocado en el centro de la sala con las manos entrelazadas delante del cuerpo.
—¿Estás bien? —le preguntó.
Tessa ladeó la cabeza.
—¿Por qué no iba a estarlo?
—Supuse que estarías nerviosa y esta sala es bastante pequeña.
Ella soltó una risa amarga.
—Pues ya es más grande que ciertas bodegas.
Se mordió el interior de la mejilla para no soltarle una bordería. Tras respirar hondo, dijo:
—Sabes que anoche llegué a ese acuerdo con mi padre para intentar calmar la situación, ¿no? Eso jamás ocurrirá. Con tus niveles de poder será más que suficiente.
Ella se encogió de hombros.
—Soy consciente de dónde reside mi valor, pero, aunque no fuera el caso, no me importa si vivo o muero.
Estaba casi seguro de que el corazón se le paró un segundo al oír sus palabras y, cuando quiso darse cuenta, estaba justo delante de ella, agarrándole la cara con las manos.
—Puede que a ti no te importe ahora mismo, pero a mí sí.
—Normal —respondió con calma—. Tú eres el que tendrá todo el poder.
—Eso no…
—¿Recuerdas el partido de caosfera que jugamos de camino aquí? —le preguntó de la nada.
Él parpadeó unas cuantas veces antes de decir:
—Por supuesto.
—¿Recuerdas besarme allí?
—Todos los días.
—Ibas a pedirme algo.
—Sí —concedió y le acarició la mejilla con el pulgar.
—¿El qué?
La miró fijamente a esos nuevos ojos de belleza inquietante mientras memorizaba la sensación de su suave piel bajo las palmas de sus manos.
—Iba a pedirte que no me dejaras volver a besarte hasta que estuvieras lista para admitir que esto es más que un vínculo.
Porque sabía que… —Tragó saliva cuando ella se limitó a devolverle la mirada; no había ni rastro de emoción en sus ojos.
Su voz adquirió un deje de derrota cuando prosiguió—: Porque sabía que la próxima vez que te besara no sería suficiente.
Que querría más. Que lo querría todo. Porque te has convertido en una necesidad , pequeña tormenta.
Esperó. Esperó a que reaccionara. A que dijera algo. A que respondiera de alguna forma a lo que acababa de decirle.
Lo que no esperaba era que se pusiera de puntillas, pero no se lo pensó dos veces y se agachó para juntar los labios con los suyos. El beso fue embriagador. Su lengua se deslizó con cuidado contra la suya y el vínculo soltó un suspiro de alivio.
O tal vez fuera su alma.
Él se apartó primero y observó esos ojos grises y violetas, todavía oscurecidos por sus secretos. Pasándole el pulgar por el labio inferior, soltó con voz ronca:
—Vendré a por ti. Cuando acabe.
Ella asintió con la cara levemente sonrojada por el beso.
—¿Saberlo cambia algo? —preguntó.
Tessa se alejó de él, haciendo que sus manos le soltaran la cara. Una vez más, entrelazó los dedos delante de su cuerpo y respondió:
—No.