Capítulo 41 #3
Le hizo caso sin abrir la boca y se remangó mientras volvía a subirse al taburete. Theon llamó a Luka y, durante la siguiente hora, los dos se dedicaron a extraerle trozos de cristal de la piel. No dijo nada. No se quejó ni chilló. No se encogió ni hizo muecas de dolor.
No hizo nada.
No era nada.
Cuando terminaron, Theon subió las escaleras un paso por detrás de ella.
Luka le había encontrado unas pantuflas para que no dejara un rastro de sangre a su paso y se quedó abajo, intentando ponerse en contacto con Axel .
Como no se presentara a la ceremonia de Emersión, lo de la noche anterior parecería una puta fiesta comparado con lo que su padre haría. Esperaba que su hermano lo supiera.
Tessa se había adentrado unos cuantos pasos en su habitación cuando, de la nada, se detuvo. Theon casi se la llevó por delante.
—¿ Tessa ?
—Tengo entrenamiento. Con Luka —dijo antes de girarse y dirigirse al armario.
—¿Entrenamiento? No, Tessa —respondió y estiró el brazo para agarrarla del codo con cuidado, deteniéndola.
Ella le gruñó y se zafó de su agarre con brusquedad.
¿Qué cojones?
Dio un paso hacia atrás, parpadeando, pero ella ya volvía a tener la mirada perdida.
— Tessa , hoy no se entrena —dijo con cautela.
—Pero tengo que aprender a protegerme.
—Hoy no. Hoy tienes que descansar, curarte —respondió, con la boca demasiado seca al darse cuenta de lo que sus acciones de la noche anterior habían hecho.
—Puedo entrenar —insistió y el violeta brilló con más fuerza en sus ojos.
—Sé que puedes —le aseguró deprisa—. Pero Luka tiene que arreglarse para la ceremonia de Emersión. Todos tenemos que hacerlo. Los días de ceremonia no se entrena.
—¿Es una tradición? —preguntó y ladeó la cabeza de forma siniestra.
Notó el peso de su mirada penetrante.
—Sí, es una tradición. Todo el mundo descansa y se arregla.
—Ah.
Se sumieron en un silencio tenso antes de que dijera:
—Tienes que bañarte.
—Porque me has hecho sangrar.
—No, yo… —Se aclaró la garganta—. Sí, porque te he hecho sangrar.
Pareció aceptar esa respuesta, ya que se encaminó al cuarto de baño, dejando que el albornoz cayera por su cuerpo de camino. Él la siguió, principalmente porque no se fiaba de dejarla sola. Mucho menos ahora.
—¿Quieres que te ayude? —preguntó, observándola ajustar la temperatura del agua.
Ella se limitó a lanzarle una mirada indiferente por encima del hombro desnudo.
Ya.
Así que se quedó en el umbral de la puerta, observándola limpiarse, impávida, la sangre y el vino secos de la piel. Lavarse el pelo metódicamente, dejando que el champú se le deslizara por la piel cuando se lo enjuagó. Seguir con la mirada perdida con cada movimiento.
Y él dejó que la realidad de lo que había hecho calara hondo.
Lo había estado intentando.
Esas últimas semanas había estado intentando ceder al vínculo.
Había estado intentando obedecer a sus órdenes.
Lo había estado intentando cuando se había aferrado a todo lo que le decía sobre los reinos, su historia y sus entresijos.
Había sabido desde el principio que no la habían preparado para eso.
No entendía las intrigas de los reinos. No entendía hasta dónde estaban dispuestos a llegar, cuánto se rebajarían para tomar la delantera.
Hasta dónde estaba él dispuesto a llegar para conseguir lo que quería.
Lo había estado intentando cuando se había obligado a no removerse a la hora de cenar, a acatar sus órdenes, a ser lo que no estaba preparada para ser.
Lo había estado intentando cuando había hecho un trato, aceptando fingir ser lo que él necesitaba porque no sabía si era capaz de ser lo que necesitaba.
Lo había estado intentando cuando se había permitido disfrutar un rato en un campo de caosfera, dejándoles ver un lado de ella que jamás habían presenciado. Cuando se había permitido reír a carcajada limpia y que la besara bajo la luz del sol hasta hacerla perder la razón.
Lo había estado intentando cuando les había dicho por qué había corrido hasta el río unas noches atrás, con la esperanza de que él no le hiciera lo mismo. Con la esperanza de que lo entendiera. Confiando en que no fuera igual de opresor con ella.
Había estado intentando que le importara pese a llevar sin importarle a nadie tanto tiempo que había dejado de importarle todo.
Había estado intentando aprender, entender, hacer lo que se esperaba de ella.
Lo había estado intentando y él lo único que había hecho había sido decirle que no era suficiente.
Que ella no era suficiente. Que necesitaba que se esforzara más.
Que necesitaba que fuera más. Que necesitaba que diera, diera y volviera a dar.
Y, ahora, se había convertido en eso.
Había dejado de intentarlo.
Había dejado de intentar ser otra cosa que no fuera la criatura impredecible y rebelde que era.
No era culpa suya. Todo el mundo le había exigido algo que simplemente no sabía cómo hacer. En lugar de enseñarle a sacarle partido a su rebeldía, había aprendido a sobrevivir con ella.
Les había repetido hasta la saciedad que tenía más autocontrol del que pensaban. Theon no había entendido a lo que se refería hasta ese momento.
Iba a emerger con más poder que cualquier otro fae. Sería más fuerte que muchos de los legados de Devram .
Y había dejado de intentar controlar su caos.