Capítulo 41 #2
Otro fracaso que añadir a la lista junto a las consecuencias que le devolvían la mirada.
—Sí, Tessa . Ya es de día.
—¿Y la ceremonia de Emersión es esta noche?
—Sí.
—Ah.
Sin saber qué más hacer, Theon miró a Luka .
— Tessa , ¿necesitas que alguno de los dos te lleve en brazos? —preguntó Luka , que se puso de pie y dio un paso vacilante al frente.
—No —respondió.
—¿Necesitas que te ayudemos a levantarte?
—No.
Pero tampoco hizo amago de hacerlo sola.
Theon se puso de pie y se metió las manos en los bolsillos.
— Tessa , o te pones de pie o voy a verme en la obligación de embelesarte.
—No lo hagas —dijo. Su voz sonaba estoica y calmada, pero sus gestos reflejaban todo lo contrario; arañó la pared contra la que estaba presionada para levantarse a trompicones.
— Tessa , estás descalza. Deja al menos que te lleve hasta arriba —intentó.
—No.
—Te vas a cortar los pies con tanto cristal. Mira cómo tienes las manos.
Ella se las acercó a la cara y las giró para estudiárselas en la luz débil.
—Estoy sangrando.
—Lo sé, preciosa.
Continuó examinándose las manos en silencio bajo la tenue luz del fuego de dragón.
—Me has hecho sangrar —murmuró.
—Voy a llevarte en brazos por las escaleras. En cuanto lleguemos arriba, te soltaré, ¿vale?
No volvió a negarse, así que, con cuidado, Theon le deslizó los brazos detrás de las rodillas y los hombros, intentando no rozarle los cortes de la espalda.
Sus sombras evitaban cualquier contacto directo con su piel.
Toda la que llevaba al descubierto estaba llena de cortes, y la sangre y el vino que la manchaban estaban secos.
El vestido con el que había asistido a la cena estaba cubierto de pequeños rotos y desgarros a causa de los cristales y el alcohol lo había dejado pegajoso y mojado.
¿Qué había pasado allí abajo?
En cuanto llegaron arriba, la soltó, tal y como le había prometido, pero el vínculo rugió en su interior, queriéndola cerca, cuando se apoyó contra la pared. O puede que fuera su magia queriendo tocarla otra vez. A veces, el vínculo y sus dones se entrelazaban tanto que ya no podía distinguirlos.
—Tenemos que sacarte los trozos de cristal y, luego, te curaré todo lo que pueda antes de que te bañes —dijo Theon .
—Puedo hacerlo sola.
—¿Puedes… sacarte los trozos de cristal de los pies y las manos?
—Sí.
—Pero con nuestra ayuda terminarás más rápido —objetó Theon .
Tessa se encogió de hombros, mirando algo por encima de su hombro.
—Ni siquiera tenemos por qué ir arriba ahora mismo —prosiguió Theon —. Podemos sacarte los cristales en la cocina.
Se apartó de la pared sin mediar palabra y caminó con cuidado hasta la isla de la cocina para sentarse en un taburete.
—Trae todo lo necesario —le murmuró a Luka .
Podía usar su poder para extraerle los trozos de cristal, pero tener que curarle todos esos cortes le drenaría todavía más. Esa noche necesitaba estar perfecta, y se negaba a beber de su sangre. No después de lo que le había hecho la noche anterior.
—¿Te apetece algo de comer? —le preguntó cuando se apoyó en la encimera de enfrente.
—No.
—¿Y de beber?
—No.
—¿Tengo que…? —Se pasó una mano por la cara, soltando un suspiro—. ¿Tengo que curarte la resaca?
Eso hizo que dirigiera la mirada hacia él. Era la primera vez que lo miraba a la cara e inhaló con brusquedad. A la luz por fin podía verla bien, y lo que había en sus ojos grises eran anillos violetas. No en torno a las pupilas como la otra vez, sino alrededor de los bordes externos de sus iris.
Y no se desvanecieron.
—No toqué el vino —respondió en esa misma voz monótona—. Sé que tengo mis vicios, pero ni yo me rebajaría a lamer vino del suelo como un perro.
—No pretendía insinuar eso —respondió, aferrándose con los dedos a la encimera a su espalda, y dio gracias por que estuviera hablando—. Solo intento averiguar qué ha pasado.
—Me encerraste en la bodega.
—Yo…
—Me encerraste en la bodega, a pesar de saber que así era como me castigaban en el poblado.
A pesar de saber que no me gustan los espacios cerrados.
A pesar de saber que me… —Se interrumpió de repente y esos anillos violetas brillaron con mayor intensidad.
Había ido levantando la voz con cada palabra que decía, pero, cuando volvió a hablar, no había ni rastro de emoción en ella. Otra vez—. Me encerraste en la bodega.
—¿Cómo acabó el vino en el suelo?
—Las botellas se rompieron.
—¿Te pasaste todo el rato a oscuras?
—¿Estaba a oscuras?
—Las luces estaban reventadas, Tessa .
—No me di cuenta.
—¿No te… diste cuenta? —repitió, perplejo.
—Las sombras son muy astutas, ¿no crees? La luz no se da cuenta de que están al acecho hasta que no tiene adonde ir. O te unes a las sombras o te ahogas en la oscuridad.
No sabía qué responder a eso.
Se había vuelto a quedar callada y había empezado a toquetearse los cortes del brazo. Theon se acercó a ella para cerrar la mano en torno a sus dedos.
—Déjamelo a mí, Tessa .
—Una vez más, la culpa de que necesite que me curen la tienes tú —murmuró.
Y, aunque parecía estar hablando consigo misma en vez de con él, las palabras se clavaron en lo más profundo de su ser. Otra promesa de proteger a alguien que terminaba en fracaso.
Bajó la vista hacia donde le sostenía la mano. Tenía las uñas rotas, partidas y ensangrentadas.
—¿Qué te ha pasado en las manos, Tessa ?
—No podía encontrar una salida. No había ven tana s. Ni grietas. Ni nada que escarbar…
Se interrumpió cuando Theon se dio cuenta de que había intentado salir a zarpazos de la bodega.
Luka apareció con dos pinzas en la mano, además de un par de toallas, pero también traía un albornoz.
—Deberías quitarte ese vestido, pequeña —dijo.
Sin abrir la boca, se bajó del taburete y empezó a bajarse los finos tirantes del vestido por los brazos. Theon empezó a protestar, pero Luka ya se había marchado de la habitación, dejándolos a solas de nuevo.
—¿Ibas a cambiarte delante de él? —preguntó con voz tensa y la ayudó a mantener el equilibrio cuando se sacó el vestido por las piernas.
—Ya me ha visto en todos los estados posibles. ¿Qué más da que lo haga desnuda a estas alturas?
Se giró para coger el albornoz que Luka había dejado en la encimera.
— Tessa , tienes cristales en la espalda. Necesitaremos acceso a ella.
—Entonces, ¿me lo pongo o no?
—Sí, pero… —Exhaló otro fuerte suspiro—. ¿Y si te lo pones del revés?