Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 40 #3
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Capítulo 40 #3

—¡Pues claro que te he defendido, Tessa ! —gritó—. Sigues siendo mía y yo protejo lo que es mío, aunque para ello tenga que lidiar constantemente con todas tus meteduras de pata.

Las palabras dieron en el blanco, fuera o no su intención, y, al instante, desterró todo pensamiento e inseguridad.

Al instante, se convirtió en nada.

Tan cerca de ser algo .

Asintió en silencio mientras sus palabras se ar rai gaban en lo más profundo de su alma. Todavía estaba lanzándole insultos, pero no podía oírlos.

Demasiado rebelde.

Demasiado problemática.

Nada que mereciera la pena.

Nada.

Una mano fuerte en torno a su codo interrumpió sus pensamientos. Se había quitado los tacones subiendo las escaleras, pero se tambaleó de todas formas al intentar seguirle el ritmo a sus grandes zancadas.

— Theon , ¿adónde vamos? —preguntó y volvió a tropezarse en las escaleras.

—Yo voy a salir a correr —respondió.

—No llevo zapatos de correr.

—Qué curioso, para correr hasta el río no te hicieron falta. Creía que ese tipo de cosas daban igual.

— Theon , yo…

Pero, cuando llegaron a la planta baja, no tiró de ella hasta la puerta principal, sino hacia la cocina. No entendía qué estaba pasando.

— Luka y Axel tienen razón. Esto no funciona —murmuró—. Intento ser razonable contigo y me lo echas en cara. Intento darte espacio y te sigues negando a ceder, aunque sea un poco. Si te llevo al límite, tú me llevas al mío.

— Theon …

—Me he hartado de intentarlo, Tessa —estalló y sus palabras se volvieron más cortantes conforme hablaba—. Tú sola has arruinado planes que me he pasado años preparando.

—No sabía…

—¡Tu deber no es saber! —gritó y abrió de un tirón la puerta de la despensa.

— Theon …

Pero, cuando estiró el brazo para abrir la puerta que llevaba a la bodega, se le aceleró el corazón.

— Theon , espera. Por favor. Espera un momento.

Clavó los talones en el suelo e intentó encontrar algo a lo que agarrarse con la otra mano cuando tiró de ella por las escaleras de la bodega.

Era un espacio reducido y sin ven tana s, con paredes de piedra y poca luz.

Había dos botelleros llenos de vino y apenas espacio para moverse entre ellos.

La habitación estaba fría para mantener los vinos a buena temperatura, helada bajo sus pies descalzos.

— Theon , ¿qué hacemos aquí abajo? —Apenas podía hablar, incapaz de evitar que le temblara la voz.

—Voy a salir a correr. Luka se está ocupando de Pen y Axel se ha ido. No has hecho más que demostrarme que no puedo confiar en ti y dejarte sola.

—No iré a ninguna parte —le suplicó. Le arañó el brazo cuando le soltó el codo—. ¡Por favor, Theon , no lo hagas!

Pero sus sombras la separaron de él, la alejaron a rastras y la empujaron al suelo frío.

— Theon , no lo hagas. —Las lágrimas le corrían por las mejillas y lo único que podía hacer era repetir lo mismo una y otra vez—. Por favor, no lo hagas. Por favor, no me obligues a quedarme aquí abajo.

Lentamente, se acuclilló delante de ella. Sus ojos esmeralda eran dos trozos de piedra cuando le apartó el pelo de la cara. Una pequeña llama de esperanza volvió a encenderse en su interior al ver que se quedaba mirándola, pero se extinguió en cuanto dijo:

—Te dije que las consecuencias serían más duras. Ojalá hubiera sabido desde el principio que lo único que tenía que hacer era esto.

Entonces, subió los escalones de dos en dos y cerró de un portazo a su espalda.

Su oscuridad se marchó con él. Tessa subió corriendo las escaleras, pero le había echado el pestillo a la puerta y gritó mientras la aporreaba.

Estaba encerrada, atrapada en esas cuatro paredes.

Sin ven tana s. Sin escapatoria. Y apenas podía respirar.

Igual que cuando la madre Cordelia la dejaba sin aliento.

No había nadie que escuchara sus gritos.

Theon se había ido.

Axel se había ido.

Luka se había ido.

Estaba completamente sola.

Por eso tener esperanza era inútil.

Por eso no le importaba nada.

Por eso deseaba morir.

Bajó a trompicones las escaleras y se dejó caer de rodillas mientras pasaba las manos por el suelo. No estaba hecha para estar encerrada. Necesitaba salir. Necesitaba poder ver el cielo y sentir el viento contra la cara.

Tenía que haber alguna forma de salir ya, ya, ya.

Pero no la había.

No había grietas en el suelo de mármol. Las uñas se le partieron y le sangraron cuando arañó las paredes de piedra, intentando buscar algo que escarbar. Algo que hacer.

Pero no había nada.

Nada más que los relámpagos chisporroteando en las puntas de sus dedos.

Nada más que el brillo de sus palmas.

Nada más que la luz que flotaba a su alrededor como una niebla centelleante.

Nada más que su furia cuando echó la cabeza hacia atrás y gritó, lanzando rayos de luz por las manos. Las botellas de vino estallaron mientras se rompía y los trozos de vidrio le hicieron cortes en la piel en el proceso.

No sintió dolor.

No sintió nada cuando se desmoronó en el suelo, hecha un ovillo, y empezó a recitar letras de canciones en su cabeza.

Un segundo más.

Un minuto más.

Una canción más.