Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 38
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Capítulo 38

Tessa

Se le quedó el aire atascado en el pecho cuando Theon la llenó por completo sin previo aviso.

Pero, dioses, era justo lo que llevaba semanas necesitando.

El ardor de dilatarse. La sensación de estar llena. El placer que lo ahogaba todo .

—Respira, pequeña tormenta.

Las palabras se las murmuró al oído y la hicieron inhalar bruscamente cuando le apartó el pelo de la frente.

Odiaba estar tragándose las lágrimas para evitar que se le agolparan en los ojos.

Se odiaba a sí misma por haberse entregado finalmente a él.

Por ser tan débil y haber cedido. Por estar tan desesperada por no sentir después de los acontecimientos de los últimos dos días.

Madre Cordelia . El río y las vampiras. La culpa y la vergüenza constantes por haberse dejado tocar por Theon y sus putas sombras.

Salir a correr. Los entrenamientos. Soportar un sinfín de eventos con Theon .

Que las demás fuentes la rechazaran antes de intentar usarla.

La confusión y la inquietud por lo que Tristyn le había dicho.

«Perdición o salvación, furia salvaje. Tú decides».

Aquello podía arruinarla o salvarla y, esa noche, había dejado que la salvara. Esa noche, usaría a Theon y no se arrepentiría cuando todo terminara.

—¿Estás bien? —le preguntó. Una especie de preocupación se apoderó de sus ojos esmeralda cuando se enderezó. Seguía a los pies de la cama, cernido sobre ella, con el miembro enterrado en su centro dolorido.

—He follado muchas veces, Theon —respondió y meneó las caderas, probando el movimiento.

Él siseó y frunció el ceño.

—Estate quieta, Tessa .

—¿Por qué? Me has dicho que esta noche me darías lo que quería.

—Solo necesito asegurarme de que estés bien antes de…

Ella meció las caderas contra las suyas con más fuerza.

—Te acabo de decir que ya he hecho esto muchas veces.

—Con mortales —objetó y le agarró la cadera para impedir que se moviera—. Hacerlo con un legado es diferente.

Soltó una carcajada.

—Siento ser yo quien te lo diga, pero las pollas de los mortales y los legados son exactamente iguales. La sangre de un dios no hace que la tuya sea más especial.

Estaba preparada para que la oscuridad atravesara sus iris al compararlo con un mortal.

Para lo que no lo estaba era para que las sombras cobraran vida a su alrededor y se le enroscaran en torno a los brazos antes de acariciarle los pechos, las caderas, los muslos.

Ni tampoco para que el tacto de Theon siguiera al de su magia.

Mucho menos para que algo debajo de su piel empezara a presionarse contra su ser, intentando abrirse paso a zarpazos.

Ya estaba arqueándose en la cama y él ni siquiera se había movido todavía.

—Hacerlo con un legado es diferente —volvió a murmurar con una voz tan sensual como las caricias que le daba en el pezón mientras jugueteaba con él. Entonces, ladeó la cabeza para estudiarla—. Lo sientes, ¿no? Sientes cómo tu poder intenta llegar al mío.

—No… No sé lo que es —dijo con la voz ronca al presionarse contra sus manos. Tenía que ser el vínculo. Era la única explicación—. Theon , necesito que te muevas.

—Sé lo que necesitas, Tessa —respondió y se retiró un poco antes de volver a hundirse en ella.

—¿Seguro? —estalló—. Porque es más que eso.

Él se echó a reír.

—No dejas de pelearte conmigo ni teniendo mi polla dentro.

—Empiezo a preguntarme si sabes qué hacer con ella —replicó.

La pequeña sonrisa se le borró y, de repente, su boca estaba sobre la suya y su lengua presionaba contra sus labios. No tuvo que esforzarse mucho. Ella la abrió de inmediato y gimió cuando se apoderó de su boca de la misma forma en que trataba de apoderarse de cada pedacito de ella.

Doblando las rodillas, hizo el amago de rodearle la cintura con las piernas, pero él se apartó y se la sacó, haciendo que soltara una maldición, frustrada.

—¡Joder, Theon !

—Silencio, Tessa —estalló y la asió de las caderas para ponerla bocabajo antes de lanzarla al centro de la cama—. Te he dicho que sé lo que necesitas.

Notó la cama hundirse cuando se subió detrás de ella y le separó más las piernas con las rodillas. Entonces, le alzó el culo antes de volver a metérsela hasta el fondo. Con la cara enterrada en las sábanas, soltó un gemido.

Provocarlo. Eso era lo que tenía que hacer para que reaccionara así.

Se lo guardó para más adelante.

Le hundió la mano en el pelo y tiró de él hasta que la espalda se le arqueó. Ella siseó por el dolor agudo que sintió en el cuero cabelludo. Se retiró y volvió a introducirse de golpe mientras gruñía:

—¿Esto es lo que quieres de mí, Tessa ?

—Dioses, sí —gimió cuando estiró los brazos hacia delante y apretó las sábanas con los dedos.

El zumbido bajo su piel aumentó y, fuera lo que fuera, estaba tan desesperado por liberarse como ella.

Un calor se extendió desde su centro y todo el cuerpo le ardió con necesidad.

La tensión se estaba volviendo insoportable; no paraba de dejarla al límite del placer, sabiendo exactamente cómo moverse para darle lo que quería, pero no lo suficiente como para que pudiera alcanzarlo.

En ese momento, le odiaba y le necesitaba a partes iguales, y no era justo, joder.

Volvió a embestirla. Le pegó el pecho a la espalda, cubriendo su cuerpo con el suyo para hablarle:

—¿Lo sientes, Tessa ? —Hizo énfasis en la pregunta con otra embestida de sus caderas.

Sus sombras seguían recorriéndole la piel.

La cosa en su interior, que un momento estaba allí y al siguiente no, lo perseguía todo, como un relámpago intentando atrapar la oscuridad a la que eclipsaba—.

No es el vínculo. Sé que crees que sí —prosiguió, con la voz grave y oscura contra su oreja—.

Pero eres tú , Tessa . Somos nosotros . Es mucho más que un puto vínculo.

Y, entonces, con la mano rodeándole el cuello para mantenerla en su sitio, la presionó contra el colchón y perdió todo atisbo de control.

El ángulo hacía que llegara más hondo y su polla daba en el punto perfecto con cada puto movimiento.

Estaba tan tensa que no necesitaría mucho más para correrse, así que se dejó llevar por las sensaciones de su polla entrando y saliendo de ella.

De sus sombras presionándose contra su clítoris con cada embestida.

De la respiración pesada de Theon y de sus propios jadeos.

De cómo le apretaba la cadera con los dedos para estabilizarse. Del sudor que perlaba su propia frente.

—Dámelo, Tessa . Ahora mismo —exigió con otra dura embestida.

Con su mano rodeándole el cuello, ella sacudió la cabeza como pudo.

—Todavía no —le suplicó, queriendo aferrarse a ese placer abrumador solo un ratito más.

—Es mío. Soy yo quien decide cuándo me lo das. —Entonces, oyó un rugido—. ¡Joder! Puedo sentir tu poder, Tessa . Está justo bajo la superficie. Cuando se libere…

Dejó de escuchar. No quería volver a oír lo que su poder iba a hacer por él. Ni volver a oír otra de las casillas que marcaba de su lista.

Así que, cuando las sombras le presionaron el clítoris, vibrando contra ella, se abandonó por completo mientras el orgasmo la atravesaba.

No fue hasta que empezó a bajar de las nubes que se dio cuenta de que sus manos estaban apretando tan fuerte las sábanas que tenía los nudillos blancos.

Que Theon le había quitado la mano del cuello.

Que la estaba atrayendo hacia su pecho y plantándole besitos en la cabeza, la sien, la mandíbula.

Perdida en su propia euforia, ni siquiera se había dado cuenta de que se había corrido.

—Eres perfecta, Tessa —murmuró.

—Ya has conseguido follarme, Theon —suspiró—. Ya puedes dejar de hacerme la pelota.

— Tessa …

—Por favor, solo… deja de hablar.

Para su sorpresa, le hizo caso. Pero la abrazó más fuerte.

Esperaba que tuviera razón.

Esperaba que, si dejaba que aquello ocurriera, si cedía al vínculo, nada más importara.

Eso era lo que no paraba de repetirle, ¿no?

Que una vez que cediera al vínculo, no querría nada más.

Solo eso. Solo a él. Que todos sus problemas desaparecerían.

Podría limitarse a existir sin tener que pensar o sentir.

Podía limitarse a ser y que no le importara nada.

En su lugar, una lágrima le corrió por la mejilla cuando notó que su respiración se volvió más profunda y uniforme. Puede que se hubiera equivocado en eso, pero había tenido razón en casi todo lo que le había dicho esa noche.

«Es un destello de esperanza al que te aterra demasiado aferrarte, así que prefieres hundirte en la miseria».

Tener muchas esperanzas era lo que la hundía en la miseria.

Lo único que había conseguido con todo eso era corroborar sus miedos. Lo valioso para Theon era su poder, no ella.

Eso era lo único en lo que podía pensar cuando extendió los dedos, que seguían apretando con fuerza las sábanas.

Despacio, levantó la mano y vio una luz brillarle en la palma.

Nunca era ella.

Solo lo que podía dar.

A la mañana siguiente, cuando abrió los párpados pesados, se percató de que se había movido en sueños.

Tenía la cabeza apoyada en el pecho de Theon y sus dedos descansaban sobre el fino vello bajo su ombligo.

Ambos seguían desnudos de la noche anterior.

Por suerte, su poder se había desvanecido.

No tenía ni idea de cómo iba a aprender a controlarlo.

Los dedos de Theon estaban jugueteando con su pelo y, cuando alzó la vista, vio que estaba despierto, con el móvil en la otra mano. O no se había dado cuenta de que se había despertado o estaba fingiendo no saberlo en un intento por saborear el momento de paz y tranquilidad.

Se oyó un golpe suave en la puerta y se tensó por inercia. Él no dijo nada al respecto, solo gritó:

—Adelante.

Pen entró por la puerta con una bandeja llena de café, dulces y fruta en las manos. Tessa notó que se le calentaban las mejillas cuando enterró la nariz en el pecho de Theon .

—Gracias, Pen —dijo en voz baja.

—No hay de qué, Theon —respondió ella—. Axel ya ha salido a correr.

—Lo sé. Me ha mandado un mensaje.