Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 37 #2
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Capítulo 37 #2

—No necesito niñeras —estalló. Sus dedos se flexionaron levemente.

—No tienes nada de control, Theon —repitió—. Puede que me llamen insensata e impulsiva, pero puedo hacer que pierdas el control con una mano.

—Ah, ¿sí? —la desafió.

—Sí.

—Pues hazlo.

Y lo hizo.

Con una mano, tal y como le había dicho.

Soltó el vestido que seguía aferrando contra el pecho. La tela se deslizó por su cuerpo como el agua y se arremolinó a sus pies, de manera que quedó de pie ante él en ropa interior minúscula y tacones de quince centímetros.

— Tessa . —Su nombre fue un gruñido y sus dedos volvieron a colocarse en torno a su garganta.

—¿Qué ha pasado con ese control, Theon ? —le provocó con malicia—. Ni siquiera puedes controlarme a mí, el único ser de todo el reino del que se supone que debes tener dominio absoluto.

Todo lo instaba a tocarla —su magia, el vínculo, cada fibra de su ser— con la necesidad de… Ni siquiera lo sabía ya. ¿Hacerla suya? ¿Demostrarle quién mandaba? ¿Cederle el control?

Tenía la respiración entrecortada mientras contemplaba toda la piel desnuda ante sus ojos. El pelo dorado le caía por los hombros, ocultándole los pechos, y, sin ser consciente de ello, se lo apartó.

La notó temblar bajo su mano, notó su pulso bajo los dedos que todavía le rodeaban la garganta. Acortó la distancia que había puesto entre ellos, rozándole el torso desnudo con el suyo.

—Te estás arrepintiendo de haber sido tan impulsiva ahora mismo, ¿verdad? —le susurró con un tono que rezumaba la misma mofa que el suyo. No burlándose de ella, sino de cuánta razón tenía.

—Mi vida es un arrepentimiento constante. ¿Por qué iba a ser esta la excepción? —intentó objetar, pero su tono era jadeante en lugar de mordaz.

Se sostuvieron la mirada. Parecía que ese tira y afloja no iba a terminar nunca.

Hasta que lo hizo.

No sabría decir quién dio el primer paso.

Puede que fuera ella, presionándose contra la mano alrededor de su garganta.

Puede que fuera él, deslizando la palma para rodearle la nuca y atraerla hacia él.

Pero tenía sus suaves labios contra los suyos y su lengua estaba en su boca.

No había explicación de por qué ella estaba rodeándole la cintura con las piernas, haciendo que se le cayeran los tacones, o de por qué él la estaba presionando contra la pared, meneando las caderas contra las suyas.

De la nada, le enfureció seguir completamente vestido mientras la tenía así. Se separó de golpe y sus sombras le rodearon las muñecas para, acto seguido, alzárselas por encima de la cabeza, inmovilizándola.

—No te muevas —le dijo y se arrancó la corbata al mismo tiempo que intentaba quitarse la chaqueta de traje.

— Theon , yo…

Pero sus palabras se convirtieron en un gemido grave cuando dejó que sus sombras juguetearan con ella, acariciándole los pezones erizados, el torso, los muslos, pero nunca donde quería que lo hicieran.

No, le había dicho que se lo suplicaría, y, después de todo lo que acababa de soltarle, eso sería precisamente lo que haría.

Respiró hondo, recuperando el autocontrol que por un momento le había robado.

Se obligó a deshacer cada botón de la puta camisa en vez de arrancársela de cuajo.

Su oscuridad todavía la tenía justo donde quería, frotándose los muslos y con las manos sobre la cabeza.

Por una vez —por una puta vez— no tenían ningún sitio al que ir cuando estaba dejando que la tocara.

Mientras su camisa caía al suelo, se deshizo de los zapatos con dos patadas antes de quitarse el cinturón y desabrocharse los pantalones.

Todavía le colgaban de las caderas cuando dio un paso al frente, incapaz de seguir esperando.

Podía notarla temblar bajo su poder, pero necesitaba notarla bajo sus dedos.

«¿Qué ha pasado con ese control, Theon ?».

La burla resonó en su cabeza y se tragó el gruñido que le trepó por la garganta.

Tenía el control.

De esto.

De ella.

De sí mismo.

Alejó su oscuridad de ella, toda excepto las sombras que le sujetaban las muñecas por encima de la cabeza.

Unos ojos llenos de deseo observaban cada uno de sus movimientos, y esbozó una sonrisita engreída al ver que seguía inconscientemente su orden de la otra noche.

Sabía lo que quería y recordaba cómo conseguirlo.

Pero no pensaba ponérselo tan fácil. Esa vez no.

Le colocó la punta del dedo en el hueco del cuello y ella inhaló bruscamente.

— Theon .

—Shh, Tessa . A menos que vayas a decirme que pare, no quiero escucharte. —Ella tragó saliva y él lo notó bajo la yema del dedo. El movimiento hizo que volviera a rodearle la garganta con la mano—. Hazlo otra vez.

—¿Qué?

—Que lo hagas otra vez. Traga.

—¿Por qué?

Se inclinó hacia ella y notó el grito ahogado que soltó cuando su pecho desnudo se presionó contra el suyo.

—Porque quiero imaginarme cómo será meterte la polla en la boca, pequeña tormenta.

Fuera a propósito o no, la notó tragar y soltó un gemido, apartándose. Ella estaba removiéndose contra la pared, forcejeando con las sombras que le impedían bajar las manos, y una sonrisita cómplice le alzó la comisura de los labios.

Tras soltarle la garganta, dejó que las puntas de sus dedos se deslizaran por el valle entre sus pechos.

Dejó que su pulgar le rozara la parte inferior de la piel suave.

Estaba apretando los muslos y le separó las piernas de una patada, impidiéndole sentir ningún tipo de alivio, mientras arrastraba los dedos hacia el otro pecho y le rodeaba el pezón erizado.

Se le escapó un gimoteo cuando le apartó los dedos del pecho y volvió a ponérselos en el torso para trazar un sendero hacia abajo, rumbo a su estómago, la curva de su cadera y alrededor del muslo, donde empezó a moverlos de un lado a otro para que le acariciaran levemente la piel suave.

—¿Qué opinas ahora sobre mi falta de control, Tessa ? —murmuró con los ojos clavados en sus dedos mientras estos le subían por la cara interior del muslo. La observó inclinar las caderas hacia delante, persiguiendo su tacto cuando volvió a arrastrarlos hacia abajo.

—Esto no es control —dijo con voz ronca—. No es más que otra forma de hacerme sentir miserable.

—No pareces sentirte muy miserable ahora mismo —respondió y dejó que su meñique rozara su centro lo justo y necesario para arrebatarle otro gimoteo. Se inclinó hacia delante y sus labios le acariciaron la mejilla cuando susurró—: Estás empapada, pequeña tormenta.

—Es el vínculo —soltó con los dientes apretados—. Nada más.

Sus dedos se detuvieron y le mordisqueó la mandíbula cuando dijo:

—Entonces, no hay motivo para seguir con esto, ¿no?

—¿Qu… qué? —tartamudeó.

Le costó muchísimo, pero se alejó un paso de ella. Su mirada se deslizó de sus muñecas atadas a su pecho jadeante y sus caderas retorciéndose mientras la oscuridad le mantenía los pies justo donde quería.

—No pienso hacer nada más hasta que admitas que esto es más que un puto vínculo.

—No lo es.

Volvió a inhalar con brusquedad cuando se abalanzó sobre ella, apoyó un brazo sobre su cabeza y le trazó círculos leves en el estómago con el dedo.

—Qué cabezota eres, joder —musitó.

—¿No querías que no te mintiera? Si te dijera que esto es más que una necesidad física, te estaría mintiendo —objetó.

Esa vez, cuando meneó las caderas hacia delante, él hizo que se chocaran con las suyas. El gemido que se le escapó de los labios se mezcló con su propio gruñido cuando su polla se presionó contra ella.

—Entonces, miénteme, Tessa . Miénteme y dime que es más —dijo con voz ronca.

—¿Ahora quieres que te mienta?

—Sí —dijo la palabra con una mezcla de desesperación y excitación mientras volvía a frotarse contra ella.

—Es más que un vínculo —jadeó.

—Dime que vas a dejar que te toque.

—Como si fueras a permitir que te parara —replicó, sin dejar de pelearse con él.

¿Por qué eso se la ponía más dura todavía?

—Puede que tengas razón, Tessa —murmuró conforme le deslizaba los labios por el cuello, saboreándola con la lengua por el camino—.

Puede que no tenga ningún control, pero ¿esto?

Es el único límite que no pienso cruzar si me dices que pare.

Así que dímelo. Dime que pare si esto solo es producto del vínculo.

—Pero nada excepto el sonido de su respiración entrecortada llegó a sus oídos—. Estoy esperando, pequeña tormenta.

Tras lo que pareció un minuto entero, susurró:

—Por favor, no, Theon . Por favor, no pares.

Con los labios contra su garganta, pasó de darle roces ligeros a succionarle besos. Le soltó las muñecas; necesitaba que le tocara. Y vaya si lo hizo. Le arrastró las uñas por la espalda antes de intentar bajarle los pantalones que seguían colgándole de las caderas.