Capítulo 34
Tessa
De inmediato, sus sombras oscuras le treparon por el torso y unos dedos de oscuridad le rozaron la parte inferior de los pechos. Ella inhaló con brusquedad, lista para dejar que las sensaciones se apoderaran de ella. Pero su magia volvió a quedarse inmóvil.
—Y los ojos. También necesito que me mires. —Fue un susurro que le acarició los labios. Abrió los ojos de golpe y soltó un grito ahogado al ver a Theon justo delante de ella—. Buena chica. No apartes los ojos de mí.
Así de cerca, podía ver las manchas de sangre en su pelo oscuro brillar bajo el tenue resplandor de la luz baja.
Podía oler la acidez de la sangre, pero puede que fuera la que cubría su propia piel.
Tenía refregones rojos en la mejilla y por la garganta, de habérsela pegado al pecho mientras volaban hasta allí, lo que quería decir que probablemente ella también tuviera el pelo manchado.
No la estaba tocando, pero tan solo los separaban unos centímetros.
Podía notar su calor corporal tanto como el deseo en sus ojos.
Ante la orden, ella volvió a asentir y, entonces, dejó escapar un gemido ronco cuando su oscuridad le lamió los pezones antes de sobarle los pechos.
—Algún día me dejarás tocarte de todas las formas que anhelo, Tessa —dijo, con una voz tan oscura como las sombras que seguían acariciándole los pechos, deslizándosele por las costillas, a lo largo del torso.
Un zarcillo de oscuridad le rodeó la garganta mientras otro se paseaba por su labio inferior—.
Algún día me pedirás que te toque. —Un pequeño gimoteo brotó de ella y, de alguna forma, los ojos de Theon se volvieron todavía más oscuros al oírlo.
Su boca se acercó un milímetro más a su oreja, pero sin tocarla, tal y como le había prometido—.
Me lo suplicarás, Tessa , y yo disfrutaré de cada una de tus súplicas antes de tomar finalmente todo lo que es mío.
Porque algún día te darás cuenta de que esto es mucho más que un simple vínculo fuente.
Un sonido a medio camino entre el deseo y el pavor se le escapó de los labios cuando aquellas manos de oscuridad le rozaron las caderas y le bajaron por los muslos.
Envuelta en ella, no podía pensar con claridad.
Lo único que podía hacer era sentir . Entonces, Theon deslizó esa oscuridad justo sobre su centro y ella soltó un grito; la tensión crecía y se acumulaba en su bajo vientre.
—Siempre hemos sido más —prosiguió—. Desde el momento en que te vi colarte en ese recoveco con un trozo de chocolate robado, supe que eras mía. Las damas del destino siempre se salen con la suya, Tessa , y esta vez no será la excepción.
Podía notarlo por todas partes; sus sombras cubrían cada milímetro de su piel. Era demasiado y, a la vez, insuficiente. Y, cuando la oscuridad se presionó contra ese botoncito sensible de nervios, soltó otro jadeo.
Theon se acercó como si fuera a tragarse ese sonido con la boca, pero se detuvo.
Se le torció el gesto, como si le doliera físicamente no ponerle los labios encima en ese preciso instante.
No dijo nada más. Solo la observó, sosteniéndole la mirada, mientras sus sombras y oscuridad acababan con ella.
Estaba retorciéndose. Sus caderas se alzaban en busca de más al mismo tiempo que su poder jugueteaba con ella, palpitando contra su clítoris.
Cada vez que le revoloteaban los párpados, él retiraba su magia y negaba con la cabeza, recordándole que no apartara los ojos de él.
No tardó mucho en llevarla al límite y no quería que terminara. Sabía lo que era todo eso: una distracción temporal de su vida. Pero, joder, se aferraría a esa distracción con todo su ser.
El vínculo que les conectaba se estaba volviendo loco.
Con cada caricia de su poder oscuro, las terminaciones nerviosas se le electrizaban.
Soltó otro jadeo y le empezó a temblar todo el cuerpo con la creciente intensidad de su magia.
Los zarcillos de sus sombras le rozaron las costillas.
Le estimularon los pechos. Se presionaron contra su centro.
Le acariciaron la mejilla. Se le hundieron en el pelo. Estaban en todas partes.
Él estaba en todas partes.
—Dámelo, pequeña tormenta —le exigió Theon . La oscuridad le rodeó la garganta, obligándola a alzar la barbilla. Sus manos estaban apoyadas en la pared, a ambos lados de su cabeza, impidiéndole que la tocara por centímetros—. De todas formas, todos tus orgasmos son míos.
Ella negó con la cabeza al oír el comentario y su magia se detuvo.
La pérdida de sensación por poco le arrebató un sollozo. Todo el cuerpo le temblaba del deseo y la necesidad.
—Escúchame bien, Tessa . Todo tu ser es mío. Me apoderaré de todo lo que tengas para dar, incluido tu placer.
Entonces, su magia se presionó contra ella. Volviéndose helada, esa oscuridad le rodeó y estimuló los nervios entre sus muslos, haciéndola estallar antes de que pudiera prepararse para ello. Soltó un grito, pero se vio amortiguado con rapidez por la mano de Theon , que le tapó la boca.
—Shh, pequeña tormenta. Axel está justo debajo de nosotros —susurró, pero pensar que su hermano les estaba escuchando no hizo sino intensificar el orgasmo por algún motivo.
Estaba precipitándose en la nada mientras el clímax la atravesaba, extendiéndose, dulce y brusco, desde el centro de su cuerpo.
Los ojos al fin se le cerraron y las oleadas de placer se apoderaron de ella.
Tessa se ahogó en él.
Y, cuando emergió del éxtasis, se dio cuenta de que estaba apoyada contra Theon ; le rodeaba la cintura con un brazo, agarrándola con fuerza, mientras que la otra mano la tenía hundida en su pelo.
Podía notar su longitud contra el estómago y estaba acurrucada contra su pecho desnudo, clavándole las uñas en la piel.
Despacio, alzó los ojos hacia los suyos.
Él levantó una mano para apartarle el pelo de la frente.
Tenía los dedos y la palma manchados de rojo; seguía con la mano ensangrentada de haber matado a las vampiras.
Por algún motivo, no le importó. No en ese momento.
No mientras se aferraba a lo livianas que sentía las extremidades, a lo liviana que sentía el alma.
Él agachó la cabeza para poder hablarle al oído una vez más:
—Eres magnífica, Tessa . Podría verte correrte para mí miles de veces y jamás me cansaría. Tan solo imagina lo que te haré cuando dejes que me apodere de ti por completo.
Todavía estaba intentando recuperar el aliento, pero, al oír sus palabras, este se le cortó.
Su centro dolorosamente vacío volvió a contraerse un poco y se obligó a respirar hondo antes de cometer una auténtica estupidez.
No podía dejar que se apoderara por completo de ella.
Ni ahora ni nunca. Porque, si se parecía aunque fuera un poco a lo que acababa de hacerle con su poder, no podía ni imaginarse cómo sería eso.
Pero jamás ocurriría.
El pensamiento hizo que el vínculo siseara, pero seguía demasiado aturdida por el clímax como para percatarse de su disgusto.
Ese subidón era mejor que el alcohol. Por eso buscaba a mortales con desesperación después de las evaluaciones.
Pero el sexo con ellos nunca había sido así .
Y lo que Theon le había hecho ni siquiera podía considerarse sexo. Había sido…
Solo había sido así por culpa del puto vínculo. Y se lo repetiría a sí misma hasta que se lo creyera.
Las manos de Theon se deslizaron hasta sus caderas y él dio un paso atrás. Sin dejar de sostenerla, la miró de arriba abajo. Podría jurar que dejó que sus sombras siguieran el mismo recorrido que sus ojos, acariciándole el cuerpo una última vez.
—¿Puedes mantenerte en pie? —le preguntó finalmente, después de varios minutos de silencio. Tenía la voz ronca y grave.
—Sí, sí —dijo con voz ronca. Se aclaró la garganta—. Necesito una ducha.
Theon asintió, la soltó y dio otro paso hacia atrás. Ella solo se tambaleó un poco cuando se separó de la pared a su espalda, todo había que decirlo.
Se dirigió al cuarto de baño, notando cómo la mirada de Theon la seguía todo el camino antes de cerrar la puerta. Apoyando las manos en el lavabo, dejó que la cabeza le colgara.
«Mierda. Mierda. Mierda».
Alzó la vista y le devolvió la mirada a su reflejo.
Tenía las mejillas sonrojadas. Todavía le pesaban las extremidades.
No tenía ni idea de cómo seguía en pie. Eso que tenía esparcido por la mejilla y el cuello era, sin duda, sangre.
Había rastros rojos en su pelo allí donde Theon se lo había tocado.
¿Cómo había podido permitir que aquello sucediera? ¿En qué había estado pensando?
¿Y por qué cojones estaba planteándose pedirle más?
No la necesitaba. Theon no sabía lo que necesitaba. Aquella no era más que otra forma de atarla a él. De fortalecer ese puto vínculo.
Estúpida.
Impulsiva.
Insensata.
Pero, cuando se colocó bajo la lluvia caliente de la ducha, observando el agua teñida de rosa colarse por el desagüe, lo único en lo que pudo pensar fue en que había merecido la pena.
Había merecido la pena no ser capaz de pensar en nada más mientras Theon la llevaba al límite. Le daba igual lo que eso dijera de ella. Ahogarse en el éxtasis evitaba que se rompiera y no pensaba pedir perdón por hacer todo lo posible para mantener unidos los pedazos de su alma.
—Arriba, muñeca.
Tessa soltó un quejido cuando las cortinas se abrieron de par en par. Se cubrió la cabeza con las sábanas, haciéndose un ovillo.
El día no había empezado y ya quería que se terminara.
No se había quedado mucho rato en la ducha la noche anterior.
En cuanto los pensamientos y recuerdos habían empezado a asaltarla de nuevo, lo único que había querido hacer había sido dormir.
No porque estuviera agotada o cansada. Desde luego que debería haberlo estado después de los acontecimientos del día anterior.
Pero, siendo sincera, lo que no quería era estar despierta.
Y, ahora mismo, tampoco quería estarlo.