Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 33 #4
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Capítulo 33 #4

Apenas se percató de que se la estaban pasando como un balón. Ese familiar vacío se apoderó de ella. Se cerró en banda. Sintió que se desvanecía en la nada, donde nada le importaba. Donde no sabía cómo seguir de una pieza.

Donde intentarlo resultaba demasiado agotador.

—No me dejes, pequeña tormenta —dijo Theon con voz suave al llevarla dentro para resguardarla de la llovizna.

No caía mucha agua, pero sí la suficiente para mezclarse con la sangre que le salpicaba la piel.

Podía notar las gotas que se deslizaban por su cuerpo y levantó los dedos para limpiarse una.

Se los manchó de rojo.

Y, de inmediato, la azotaron los recuerdos de las evaluaciones.

De las visiones que la forzaban a tener, en las que mataba a sus amigos. En las que mataba a la familia que no tenía.

De atragantarse con su propia sangre mientras la torturaban delante de sus amigos.

De ver a sus amigos ser torturados.

—¡Por favor, para! —chilló mientras le clavaban un pequeño cuchillo en el costado a Lange una y otra vez.

Él soltaba un quejido con cada puñalada y tenía el cuerpo cubierto de cortecitos profundos. Cuando aquello terminara, no quedaría ni rastro del abuso. No habría cicatrices externas. ¿Qué legado querría que un fae plagado de imperfecciones sirviera en sus reinos?

—Pararlo está en tu mano, Tessalyn —respondió la sacerdotisa con calma—. Solo tienes que mostrarnos tu elemento.

—¡No puedo! —sollozó—. ¡Lo estoy intentando y no puedo!

Estaba encadenada a una pared, obligada a verlo todo.

Y, cuando Lange perdió la consciencia, trajeron a Corbin .

— Tessa . Tessalyn , mírame.

El embeleso la obligó a mirarlo a los ojos esmeralda. Theon le sostenía el rostro entre las palmas y le acariciaba el pómulo con el pulgar, esparciendo las salpicaduras de sangre.

Él también tenía sangre en la cara. Más que ella. Manchas pequeñas y otras más grandes. Y parecía… cansado. Apenas le brillaban los ojos.

—¿Estás de vuelta, Tessa ?

Ella asintió en silencio, apoyada contra la pared.

¿La pared?

Miró a su alrededor. Estaban arriba, en su dormitorio, pero ni la pequeña sensación de familiaridad bastó para aliviar la tensión en su cuerpo. Lo que necesitaba era…

—Toma.

Theon volvía a estar delante de ella. ¿Cuándo se había ido? Pero le estaba presionando un vaso contra la mano.

Un vaso con un líquido ámbar.

Ella se lo terminó de un trago.

—Por los dioses, Tessa —murmuró Theon .

Pero a ella le dio igual cuando el líquido le calentó el estómago y los brazos se le relajaron un poco.

Más.

Necesitaba más.

Necesitaba ahogarse en alcohol.

No, lo que necesitaba era ahogarse en…

—Sé lo que necesitas, Tessa .

La voz oscura de Theon interrumpió sus pensamientos, y levantó la vista para encontrarse con sus ojos.

—No tienes ni idea —objetó, pero se le quebró la voz.

En los ojos de Theon se reflejó algo parecido al alivio, pero desapareció con la misma rapidez. Se había alejado unos cuantos pasos de ella y se encontraba en medio de la habitación, como si no supiera qué haría a continuación.

—Tú misma me confesaste cómo lidias con cosas como esta —dijo.

—¿Cosas como qué?

—Como las evaluaciones. Sé que esto no lo ha sido, pero algo me dice que se parece en ciertos sentidos. Como mínimo, me imagino que te habrá traído recuerdos —añadió cuando ella abrió la boca para negárselo.

Cerró la boca, alejando los recuerdos en cuestión. Pero fue en vano. Volvieron a asaltarla más rápido de lo que podía reprimirlos.

Otra copa.

Necesitaba otra copa.

Necesitaba la botella entera.

Necesitaba beber tanto que ni sus pesadillas pudieran atormentarla.

Necesitaba sentir cualquier otra cosa que no fuera el vacío de la nada.

—No necesito tocarte físicamente para darte lo que necesitas, Tessa —dijo Theon y se metió las manos en los bolsillos, observándola.

Notó cómo su magia oscura se deslizaba por su piel.

Se coló por debajo del tejido de su vestido empapado.

Era un roce muy ligero, la más leve de las caricias, que le bajaba por los brazos, a lo largo del torso, a través de las piernas.

Las rodillas le fallaron un poco y se apoyó más contra la pared.

Y, dioses, lo quería. Quería caer en el olvido que el placer proporcionaba, aunque viniera de él.

Algo dentro de ella alzó la cabeza al pensar en permitir que se lo diera, y ella se negó a admitir que quería que viniera de él. Que necesitaba que viniera de él.

—¿Al fin vas a dejar que cuide de ti, Tessa ? —preguntó con voz grave y ronca cuando dio un único paso hacia ella.

¿Al fin iba a ceder?

Aunque ¿era eso ceder?

Puede que solo estuviera quitándole algo que necesitaba, igual que él le quitaría su poder.

Igual que él se lo quitaría todo.

Eso es lo que se dijo a sí misma cuando asintió una vez, cerrando los ojos con fuerza al permitir que ocurriera.

—Voy a necesitar que me lo confirmes verbalmente, preciosa. Quiero oírte decir que es decisión tuya.

Echó la cabeza hacia atrás, apoyándola contra la pared. Su magia se había quedado quieta a la espera de su respuesta y, en ese momento, necesitaba esa oscuridad más que el respirar.

—Sí —dijo con voz ronca.