Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 32 #2
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Capítulo 32 #2

—Pasan cosas —lo interrumpió de nuevo. Harto, Theon soltó los cubiertos con fuerza en la mesa—. ¿Eso qué significa?

Se giró para inclinarse hacia ella y la oyó inhalar bruscamente ante el movimiento.

—Significa, pequeña tormenta, que, si Luka , Axel y yo podemos conseguir acceso privado a la fuente de alguien, alguien puede conseguir acceso a la mía, aunque tomemos todas las precauciones posibles.

Se apartó de él de golpe.

—Tú has… Pero los acuerdos…

—Para muchos, los acuerdos no son más que palabras bonitas que sirven para que el reino se sienta a salvo y protegido.

—Pero ¿para el Reino de Arius no?

Volvió a esbozar esa sonrisa cruel.

—Preciosa, si crees que el Reino de Arius es el único que se salta los acuerdos y hace tratos a escondidas, estás terriblemente equivocada.

Hay quienes dirían que los demás reinos pueden llegar a ser incluso más astutos y despiadados.

Yo pienso que se autoconvencen de ello para sentirse a salvo porque a los malditos los siguen mandando al Infrarreino, lo cual creo que deja bastante claro qué reino es el más temido.

—¿Y crees que ser el más astuto y malicioso es algo de lo que estar orgulloso? —le desafió cuando volvió a inclinarse hacia él con un destello de rebeldía en los ojos.

Theon estiró el brazo para colocarle un mechón tras la oreja.

—Pronto descubrirás que ser el más astuto y malicioso es la única forma de sobrevivir en un reino de villanos, pequeña tormenta.

Durante varios minutos, el único sonido fue el de cubiertos moviéndose y bocas masticando mientras los hombres terminaban de desayunar.

Tessa se quedó callada y, distraída, se comió algunos trozos de fruta.

Él la dejó a solas con sus pensamientos.

No era tonto. Puede que todavía no tuviera dominado lo de ser maliciosa, pero ¿lo de ser astuta para sobrevivir?

Tessa era más astuta de lo que nadie se imaginaba. Su tipo de astucia era el más peligroso.

Cuando estaban a punto de terminar de desayunar, se aclaró la garganta.

—¿Hay algo más que deba saber?

—Tendrás que ser más específica —respondió Theon y dejó su servilleta en la mesa.

Tessa lo fulminó con la mirada.

—¿Hay algo más que me hayas ocultado para que haga tratos contigo?

—El trato fue decisión tuya, Tessa . Nadie te obligó a hacerlo.

Ella resopló y empujó su plato hacia atrás.

—Lo que tú digas, Theon .

Él respiró hondo, reprimiendo el impulso de pelearse con ella, pero no pudo evitar que sus sombras oscuras aparecieran. Se le enroscaron en los brazos y tuvo que hacer acopio de hasta el último ápice de autocontrol para contenerlas cuando intentaron llegar hasta ella.

—Hoy —soltó con los dientes apretados— el custodio nos ha pedido al resto de los herederos y a mí que nos reunamos con las sacerdotisas y centinelas del Panteón para garantizar que el año de Selección se desarrolle sin incidentes.

—¿El custodio estará presente?

—Claro que no —respondió Theon —. El custodio nunca abandona el sagrario del Panteón.

—Ya —dijo Tessa con la mirada clavada en algo encima de su hombro, dándole vueltas a algo en su cabeza.

El custodio del decreto era el ser más venerado de Devram .

Residía dentro del propio Panteón y hasta los lores y ladies del reino evitaban enfadarle.

Nadie sabía si el custodio era hombre o mujer.

Casi nunca se le veía y siempre llevaba ropajes que ocultaban por completo sus rasgos.

Theon le había visto un par de veces en toda su vida.

La única vez que se atrevió a preguntarle a su padre por él, este solo le había dicho: «Ya nos preocuparemos del custodio una vez nos hayamos hecho con el poder que nos corresponde».

Obviamente, eso no era lo que Theon le había preguntado.

Lo que había querido era que le hablara del custodio.

Aunque le exigía ser perfecto en todos los ámbitos, incluido el académico, no le había costado mucho darse cuenta de que a su padre le fastidiaba que decidiera pasarse horas investigando diversos temas en lugar de centrarse en sus «deberes como heredero».

Sus días se habían basado en hacer lo que se esperaba de él para contentar a su padre y, al mismo tiempo, desviar su atención de Axel .

Sus noches habían consistido en pasar horas en la biblioteca con sus sombras ocultando la luz para que no le pillaran.

Había descubierto tantas cosas durante esas altas horas de la noche: textos sobre el vínculo guardián, relatos históricos sobre antiguas Selecciones, unas cuantas menciones de otros mundos, artículos sobre los dioses, teorías sobre el caos.

Pero lo que le había parecido más intrigante no lo había descubierto en las bibliotecas de la Mansión Arius .

Lo había descubierto allí, en la Acrópolis. Específicamente, en el Panteón.

Y se lo había confiscado el mismísimo custodio.

Una vez Luka y Axel se levantaron de la mesa, Tessa preguntó:

—Entonces, ¿qué se me exigirá?

—¿Hoy? —preguntó Theon , enarcando una ceja.

—Durante… todo esto —aclaró—. ¿Qué se me exigirá para ayudaros a tu padre y a ti?

—A mí , Tessa —dijo en un tono que la hizo encogerse cuando sus sombras se acercaron a ella—. Me ayudas a mí, no a mi padre.

—Pero ¿no supone eso ayudarle a él también? ¿No dijo que…?

—Lo que dijera da igual.

—Pero…

—¿Sabes dónde vive el custodio?

Ante el repentino cambio de tema, Tessa parpadeó y respondió:

—En el Panteón. En el sagrario.

—¿Y sabes lo que custodia con tanto afán?

—Es el custodio del decreto.

—Un decreto que se le enseña a todo el mundo y que todo el mundo se sabe de memoria para cuando cumple la segunda década de su vida —objetó Theon —. Custodia mucho más que eso, Tessa .

Ella frunció el ceño.

—¿El qué?

Él se encogió de hombros.

—Nadie lo sabe.

Se le entrecerraron los ojos.

—Pero ¿tú tienes teorías de lo que puede ser?

—De eso tiene de sobra —dijo Axel , poniendo los ojos en blanco.

—No todas son infundadas —intervino Luka , que estaba distraído viendo algo en su móvil.

—Ninguna de mis ideas es infundada —repuso Theon , irritado.

—Ya. — Axel esbozó una sonrisita—. ¿Y la mujer del espejo?

Theon le frunció el ceño a su hermano.

—Estaba ahí.

Tessa le estaba mirando, confundida.

—¿Viste a una mujer en un espejo?

—Sí.

—O eso dice —se burló Axel .

—¿Cómo era? —lo interrumpió Tessa antes de que pudiera responderle a su hermano.

—Permíteme hacer los honores —dijo Axel , alargando las palabras con dramatismo, y Theon le lanzó una mirada desdeñosa cuando volvió a sentarse en su silla de brazos cruzados—.

Tenía el pelo y los ojos plateados. Armas a punta pala.

Poseía el don de las sombras, pero también un fuego tan brillante como las estrellas, y Theon la salvó de una muerte inminente cuando otra mujer vestida de negro se le acercó para matarla.

—Lo de que la salvé de una muerte inminente es verdad —soltó Theon entre dientes.

—Y, aun así, nadie más la ha visto —objetó Axel y apoyó la cabeza en el puño con una sonrisa burlona.

—¿Dónde está el… espejo? —intervino Tessa , y una arruga apareció entre sus cejas.

—En el Infrarreino —respondió Theon .

—Entonces, ¿es un espejo maldito?

—No todo lo que hay en el Infrarreino está maldito, Tessa . Hay quienes dirían que las maldiciones como esas son una bendición.

—Te tendré que creer —murmuró. Entonces, añadió—: ¿El espejo tiene algo especial?

—Sí —respondió Theon .

Y, a la vez, Axel dijo:

—No.

Tessa paseó la mirada entre los dos antes de girarse hacia Luka .

—¿ Tú crees que el espejo tiene algo especial?

—Yo creo que no todo es lo que parece —respondió Luka , levantando por fin la vista del puto teléfono.

Unos ojos zafiro se cruzaron con los suyos cuando añadió—: Sean espejos, tradiciones o gente.

— Tessa le sostuvo la mirada, pero no dijo nada, y los ojos de Luka se desviaron hacia Theon —.

Te acabo de mandar algo que te puede resultar interesante, pero léelo después. Deberíamos ir saliendo.

Theon miró la hora y asintió.

—¿Puedes andar hasta el Panteón con eso? —le preguntó a Tessa , echándole un vistazo rápido a los tacones que llevaba puestos. Podían ir en coche, pero le parecía una tontería estando a unas calles de distancia.

—¿Vamos a andar? ¿Fuera? —preguntó y se le iluminaron los ojos. Theon no pudo contener la sonrisita que se abrió paso en sus labios.

—¿Andar dentro no te gusta o qué? —dijo. Se puso de pie y empezó a bajarse las mangas de la camisa.

—Me has obligado a tirarme semanas encerrada, Theon .

—Entonces, ¿puedes andar con los tacones o no?

—Sí —respondió de inmediato.

Los hombres cogieron sus trajes de chaqueta y, unos pocos minutos más tarde, estaban de camino al Panteón.

Las nubes hacían que refrescara un poco, pero a Tessa no pareció importarle cuando inclinó la cabeza hacia el cielo mientras avanzaban.

Ninguno dijo mucho y, diez minutos después, les estaban enseñando los móviles a los centinelas del Panteón para demostrarles que tenían la configuración adecuada puesta.

Todos, menos Tessa .

—No te has traído el móvil —dijo Theon . La agarró del codo y la giró para que lo mirara.

—No tenía batería —respondió.

—¿Qué parte de «tienes que llevarlo siempre encima» no has entendido?

Ella miró de reojo al centinela antes de acercarse más a él y sisear:

—¿Qué más da, si debo estar contigo siempre?

—Porque hoy no estarás todo el día conmigo. Tienes que reunirte con la instructora privada de las fuentes al final del día.

—Eso no me lo habías dicho.

—No tengo por qué decírtelo todo. Tú, en cambio, sí tienes que llevar el móvil siempre encima. Te lo dejé muy claro.

—Yo no…

—Basta. Ya hablaremos más tarde —estalló y, pasando por al lado de los centinelas, tiró de ella hasta el Panteón.

Ni siquiera podía mandar a Luka o Axel a buscar su teléfono.

Tenían obligaciones que atender mientras estaban allí.

Asintió hacia ellos cuando se separaron para hacer justo eso y se llevó a Tessa por el pasillo contrario.