Capítulo 29 #3
—Es la única sirvienta que nos acompañará, a petición nuestra —dijo y le dio un trago al café con una sonrisa casi cálida curvándole los labios—.
En fin, ya he guardado tu portátil y tu móvil.
Podemos hablar de las contraseñas y todo ese rollo por el camino.
Solo necesitas el móvil y cualquier objeto personal…
Se interrumpió cuando se dio cuenta de lo que estaba diciendo.
Ella se aclaró la garganta.
—Como dije anoche, no me queda nada, así que no tengo nada que guardar más allá de lo que tú consideres necesario.
—¿Podemos hablar de… todo eso?
—No.
—¿No?
Giró la cabeza para mirarlo otra vez.
—El trato era que sería dócil y te ayudaría con lo que fuera que necesitaras como tu fuente. Cuando estamos a solas, no estoy obligada a serlo.
—¿Ya no quieres que responda a tus preguntas? —le preguntó, ladeando la cabeza mientras la estudiaba.
—Nop.
—Anoche fuiste muy insistente.
—Y tú tenías razón. No importa. No cambia nada, así que vamos a seguir adelante —respondió y se levantó del asiento del ven tana l—. ¿Qué tengo que ponerme hoy?
Theon guardó silencio un momento, sin dejar de observarla.
—No sé qué es esto —reconoció finalmente.
—¿El qué?
—Esta apatía.
—Ajá. Tú solo dime qué quieres que me ponga hoy para que podamos irnos.
Se quedó callado otro par de segundos antes de decir:
—Ponte cómoda para el viaje. Nos cambiaremos antes de atravesar el portal.
Tessa se llevó el café al vestidor. Le sorprendió un poco que no le hubiera escogido ya la ropa. Se puso un par de vaqueros y una camiseta de tirantes, con la idea de llevarse también una sudadera cómoda, si es que había una en ese enorme armario.
Se lavó los dientes y se maquilló un poco antes de cepillarse el pelo y recogérselo en una coleta en condiciones.
Estaba poniéndose las zapatillas cuando Theon entró en el vestidor con una toalla alrededor de la cintura; al parecer, acababa de salir de la ducha.
De inmediato, se le vino a la cabeza el día anterior, cuando lo había pillado en la ducha.
«Su puta madre».
Intentando pensar en cualquier cosa que no fuera Theon con la polla en la mano y su semen en la pared de la ducha, Tessa preguntó:
—El día que tengas una consorte, ¿dónde meterás su ropa?
Theon soltó una maldición al pillarse los dedos con un cajón.
—¿Qué? —preguntó con un gruñido grave.
Pasando percha tras percha, lo miró con recelo.
—Tu consorte. Si la señorita Davers y tú os casáis, ¿dónde meterás su ropa?
—¿En serio te parece necesario que hablemos de eso ahora mismo?
—Solo tenía curiosidad —dijo y se encogió de hombros.
—Tendrá sus propios aposentos con su propio armario —contestó Theon con voz tensa.
—¿Sus propios aposentos? ¿No se quedará en los tuyos?
—Se quedará en los nuestros de vez en cuando, supongo. En otras ocasiones, puede que quiera tener su propio espacio.
—Mmm. —Fue todo lo que respondió Tessa cuando al fin se decidió por una camiseta de manga larga, incapaz de encontrar una sudadera cómoda.
Se la puso y se giró; Theon la estaba observando mientras se abotonaba la camisa.
Él también se había puesto unos vaqueros y, cuando terminó con los botones, se subió las mangas hasta los codos.
Lo dejó a solas para que terminara de coger cualquier otra cosa que fuera a necesitar y salió a la estancia principal, encontrándose a Axel . Sorprendida, alzó las cejas.
—Llegas pronto.
—Es que no sabes la ilusión que me hace veros a Theon y a ti encerrados un día entero en un coche.
—Qué gracioso —respondió con voz monótona, pero, entonces, se quedó paralizada al ver la caja de pasteles en la encimera de la isla.
—Dónuts —dijo Axel con una sonrisita al seguir la dirección de su mirada.
—¿Lo sabe Theon ?
Sacudió la cabeza despacio y su sonrisa se volvió traviesa.
—Sigo cabreada por lo de haberme inmovilizado ayer a la vuelta —le advirtió con recelo mientras se dirigía hacia la caja.
—Lo sé. Deberías estarlo.
Su mano se detuvo a medio camino de abrir la caja.
Axel la había seguido hasta la cocina; se sentó en un taburete y le abrió la caja. A Tessa casi se le saltaron las lágrimas cuando vio seis tipos distintos de dónuts. Cogió uno con cobertura de chocolate y le dio un bocado.
—Lo siento, Tessa —se disculpó Axel cuando cerró la caja.
—No pasa nada. Da igual.
—No da igual. Vamos a pasarnos décadas, probablemente siglos, juntos. No quiero… —Se interrumpió, como si no supiera cómo terminar la frase.
Tessa se tragó el segundo bocado antes de responder.
—Como se dijo anoche, todo da igual, ¿no? — Axel abrió la boca, pero ella siguió hablando—: Además, dentro de poco tendrás tu propia fuente y una consorte. Yo estaré en segundo plano, solo haré acto de presencia cuando Theon necesite poder. Ese es mi cometido, ¿no?
— Tessa , no queremos que sea así. Nunca hemos querido que lo sea. Nunca hemos querido…
—Lo que queráis da igual —suspiró—. Te repito que, como se dijo anoche, no cambiará nada.
Dejó el dónut a medio comer en una servilleta que había cogido. No… sabía bien.
—Nada cambiará el que seas su fuente, eso es cierto —contestó Axel con cautela—.
Pero eso no quiere decir que tengas que hundirte en la miseria, Tessa .
Él solo… —Soltó un largo suspiro y se restregó la cara con una mano—.
Ya has visto a Eviana . No salimos mucho del reino.
El Reino de Arius es así de reservado por numerosas razones que pronto descubrirás.
La relación entre mi padre y Eviana es la única que teníamos de referencia en lo que se refiere a fuentes.
Theon creía… Bueno, en realidad, todos creíamos que era… automáticamente así.
Tessa estaba callada, jugueteando con la servilleta bajo sus dedos.
—Sé perfectamente que soy… una decepción en muchos sentidos, Axel . Aunque hago todo lo posible por evitarlo, sé que a veces soy una carga.
—De eso nada, Tessa . Eres…
—Sé que soy diferente al resto de los fae.
— Theon quiere que seas diferente. No quiere…
—Sé lo que Theon quiere —la interrumpió ella—. Me dio la puta lista entera anoche. Y da la casualidad de que marco todas las casillas, excepto la de ser fácil.
—No quiere a alguien fácil.
—No me importa lo que quiera. No me importa lo que queráis ninguno.
—Vale, razón no te falta —admitió Axel y le acercó el dónut a medio comer con las puntas de los dedos—. Entonces, ¿qué es lo que te importa, Tessa ?
—Nada —respondió—. ¿Para qué molestarme? No cambiará nada.
—¿Qué hay del trato con Theon ? —objetó—. Está claro que algo te importa lo suficiente como para hacer un trato.
Tessa se rozó con los dedos la zona de las costillas donde la marca de trato mancillaba ahora su piel.
—El trato fue una decisión impulsiva. Algo que no paran de repetirme que soy.
No tiene pies ni cabeza y lo único que ha logrado ha sido atarme a él de otra forma más.
Pero cumpliré con mi parte. Seré su fuentecita perfecta en público.
Saben los dioses que no necesito más maldiciones de las que ya tengo encima.
Axel frunció el ceño y abrió la boca, a punto de decir algo más, cuando Theon entró en la habitación.
— Luka nos está esperando abajo con el coche —anunció, echándole un único vistazo a los dónuts.
Cogió la taza de café de Tessa y ella le observó verter en un termo lo que quedaba, así como el resto de la cafetera.
Le puso la tapa antes de devolvérselo sin mediar palabra.
Entonces, cogió una bandolera y se la colgó del hombro.
—¿Listos?
Axel cogió la caja de dónuts y la cerró.
—¿Para pasar meses lejos de este sitio? Ya te digo.
Ambos clavaron la vista en ella. Tessa se acercó a ellos y salió por la puerta tras los hermanos St. Orcas, dejándose el dónut a medio comer en la encimera.