Capítulo 28 #3
Había estado tan contestona la noche anterior, joder, y no le había mentido cuando le había dicho que quería meterle la polla hasta el fondo de la garganta para acallarla.
Su mano. Su lengua. Su coño. A esas alturas, se conformaría con cualquier cosa que le diera.
Todo con tal de no correrse en la puta ducha otra vez.
La polla le dio una sacudida en la mano; un poco de líquido preseminal le salió de la punta, mezclándose con el agua que le corría por la piel. Ya había perdido el ritmo por completo y cada caricia que se daba era más dura y frenética que la anterior.
El agua deslizándose por su cuerpo cuando se había puesto de pie en la bañera.
Sentada en medio de la cama esa mañana con su camiseta enredada alrededor de los muslos mientras le fulminaba con la mirada.
El placer que había sentido cuando se había frotado contra su muslo.
Los gemidos necesitados que había soltado mientras se aferraba a su pelo.
La sensación de su poder recorriéndola en busca de su magia, tan cerca y a la vez tan lejos.
Pero nada de eso fue lo que hizo que se le tensaran todavía más los huevos y que la respiración se le acelerara tanto que acabó prácticamente jadeando.
Fue ella acurrucándose por gusto contra su cuerpo y sus dedos acariciándole la piel.
Fueron las mañanas tranquilas con ella dormida contra su pecho, buscándole en sueños.
Fue cuando le había dicho que le necesitaba. Porque, por más que se negara a admitirlo, no había sido mentira.
Con el agua cayéndole en la cara, estampó la otra mano contra la pared de azulejos y un gemido grave brotó de lo más profundo de su pecho cuando se corrió.
Todo el cuerpo le convulsionó. La polla le palpitó en la mano, el abdomen se le encogió y él exprimió su orgasmo al máximo, apretándose el miembro.
—Su puta madre —gruñó y dejó caer la frente contra la pared, intentando recuperar el aliento.
Estaba harto de pajearse, pero algo en su pecho jadeante se retorcía solo de pensar en buscarse a otra mujer que le satisficiera.
El sonido de movimiento hizo que se enderezara y vio a Tessa sentada en el tocador, rebuscando en varios cajones lo que fuera que necesitaba. ¿Cuánto tiempo llevaba allí? ¿Lo había visto todo? Ese pensamiento bastó para que su polla saciada diera una sacudida.
«Su. Putísima. Madre».
Terminó de ducharse a toda velocidad y, cuando cerró el grifo, ella esperó a que tuviera una toalla alrededor de la cintura para mirarlo a los ojos en el espejo del tocador. Si había visto algo, tampoco se le notaba.
—Algo me dice que tiene trampa —dijo.
—No tiene trampa —respondió y se colocó detrás de ella—. Esto lo garantiza. —Le recorrió el sol que le cubría la piel con el pulgar, una vez más incapaz de resistirse a tocarla. Cuando no respondió, se encaminó hacia el vestidor—. Te dejaré un vestido fuera.
—¿Puedo escogerlo yo? —preguntó apresuradamente. Él se detuvo y la miró por encima del hombro—. Deja que lo escoja yo. Si no te gusta, me cambio —insistió.
—Está bien —accedió—. Tienes una hora.
Dejó que se pusiera manos a la obra y se vistió con unos pantalones y una camisa negros.
Regresó a la estancia principal mientras se remangaba.
El personal se había pasado por allí y ya había retirado los platos del almuerzo.
Sacó el portátil de la bolsa de viaje y se puso a leer correos de pie, frente a la isla de la cocina.
Tenía varios de otros herederos, y abrió uno de Tana Aithne , la heredera de Anala .
Estaba leyéndolo cuando Luka y Axel volvieron. La puerta se cerró a sus espaldas.
—¿En qué coño estabas pensando? —preguntó Axel después de examinar rápidamente la habitación y asegurarse de que Tessa no estuviera presente.
Theon alzó la vista del ordenador.
—Estaba pensando en que necesito que se someta y obligarla a ello no estaba funcionando.
—¿Y no crees que deberías haberlo consultado con nosotros primero? —preguntó Axel y se dirigió hacia donde se encontraba Theon .
—No sabía que tenía que hacerlo —respondió Theon con lentitud, y en su tono se escondía una advertencia—. Además, fuiste tú quien dijo que quería que las cosas volvieran a ser como antes. Así pueden serlo.
Axel se giró hacia Luka .
—¿Tú qué piensas de todo esto?
Luka se frotó la nuca.
—En realidad, me parece buena idea.
Axel estaba a punto de rebatírselo cuando la puerta del dormitorio se abrió.
Todos se giraron hacia ella y se encontraron a Tessa allí, de pie, pareciendo una diosa de la oscuridad.
Llevaba un vestido largo de encaje negro que se le ceñía a las caderas y tenía una abertura amplia en la parte delantera del muslo derecho.
El escote era tan pronunciado que bajaba por el valle de sus pechos y unas mangas ajustadas le cubrían los brazos.
Llevaba rubíes de un rojo sangre alrededor del cuello y colgándole de las orejas, y se había rizado y recogido el pelo dorado sobre un hombro.
Los tacones negros la hacían un par de centímetros más alta y, cuando dio una vuelta despacio, la espalda abierta del vestido hizo que Theon apretara el borde de la encimera.
Terminaba justo encima de la curva de su culo, y estaba deseando recorrerle la espalda con los dedos.
Sin duda, lo haría en algún momento de la noche.
Una vez más, haberse masturbado en la ducha no había servido para nada.
Le miró por encima del hombro.
—¿Bastará?
Él le devolvió la mirada y vio que su maquillaje era tan oscuro como el vestido. Se había pintado los ojos de un color oscuro y se había hecho un delineado grueso. Sus labios iban a juego con los rubíes de su garganta.
— Tessa , eres la viva imagen de la oscuridad —logró soltar con voz ronca y grave.
—Qué oportuno que sea la fuente del heredero de Arius entonces —respondió y se acercó despacio a ellos. Se detuvo a su lado y alzó la mano para apartarle un mechón de pelo.
Luka se aclaró la garganta.
—Deberíamos ir tirando.
—¿Sabes lo que se te exige para conseguir esa llamada? —preguntó Theon mientras volvía a bajar la vista hacia el escote de su vestido. Siempre tenían algún sitio al que ir cuando se ponía así.
—Sé exactamente lo que tengo que hacer, Theon —respondió y su mano deambuló por la parte delantera de su camisa hasta rozarle el cinturón con los dedos.
Y joder. La forma en la que había dicho su nombre, con esa cadencia sensual, hizo que sus manos salieran disparadas cuando fue a darse media vuelta.
Le rodeó la muñeca con los dedos y volvió a acercarla hacia sí de un tirón.
Ella le miró desde debajo de sus largas pestañas con un leve mohín en los labios rellenitos.
—Me alegra oírlo, preciosa —le dijo suavemente al oído, y ella se estremeció contra su cuerpo. Sus labios se curvaron en una sonrisa satisfecha—. Pero esperarán que te trate de cierta forma.
—Dijiste que no querías que fuera como Eviana —protestó.
—Sí, pero mi padre seguirá teniendo la necesidad de castigarte si eres demasiado…
desobediente —prosiguió—. Necesito que vayas con cuidado.
Sé lista y no te olvides de que no tiene nada que ver cómo le hablo de ti con cómo me siento.
Entiende que cualquier cosa que haga es para protegerte, no castigarte.
—Ella asintió, pero un destello de duda atravesó sus ojos grises—.
Tú solo mírame a mí. Te avisaré si las cosas no están yendo en la dirección que queremos.
—La última vez que me dijiste que solo te mirara a ti terminé arrodillada a tus pies —objetó y él la atrajo más hacia él, presionando su torso contra el suyo.
Su tono se volvió más grave cuando le susurró al oído:
—¿Te sentirías mejor mirándome solo a mí mientras me arrodillo a tus pies más tarde?
—Ella inhaló con brusquedad e intentó separarse de él, pero Theon se lo impidió—.
Nuestro acuerdo te da libertad en la privacidad de mi compañía o la de Luka y Axel , pero, delante de los demás, sigue siendo necesario que te comportes.
—Así que, ¿esa es la trampa? —exhaló.
—No, preciosa, solo es el trato que hemos hecho —respondió. Se alejó de ella al añadir—: ¿Lista?
Se quedó mirándolo un instante más antes de darse la vuelta en silencio y acercarse a Axel , que estaba junto a la puerta.
Aquello ya estaba yendo mejor de lo que esperaba.
Deprisa, se encaminaron a una de las salas de la casa; el estudio de su padre era demasiado pequeño para la cantidad de gente que estaría presente esa tarde.
Ya cerca, las voces que salían de la habitación le hicieron saber que Pavil y Metias ya habían llegado.
Notó que Tessa se tensaba detrás de él, donde caminaba junto a Axel , y se giró rápidamente hacia ella.
Le indicó que se acercara con dos dedos y ella entrecerró los ojos, pero le obedeció.
Sosteniéndola de las caderas, la presionó contra la pared.
Oyó que volvía a cortársele la respiración por la cercanía.
—Tú solo mírame a mí y a nadie más, ¿entendido? —Ella apoyó la cabeza contra la pared, cerró los ojos y respiró hondo—. No te tocarán. —Con los ojos todavía cerrados, Tessa asintió—. Voy a necesitar confirmación verbal, Tessa . Con mi padre no pueden darse pasos en falso. ¿Puedes hacerlo o no?
Ella volvió a respirar hondo antes de abrir los ojos y mirarlo a los suyos.
—Solo te miro a ti —susurró.
—Buena chica —murmuró. Le dio un beso suave contra la mejilla antes de darle la mano y llevarla a la sala de reuniones.
La cháchara cesó en cuanto entraron. Eviana estaba acurrucada en una silla cerca de la ven tana y se enderezó, mirándolos con curiosidad.
Una sonrisa le curvó la boca a su padre cuando los vio de la mano, y tanto Pavil como Metias esbozaron sonrisitas engreídas mientras la recorrían de arriba abajo con la mirada, admirándola.
Ella se pegó más a él y levantó la otra mano para aferrarse a su antebrazo. Theon bajó la vista y vio que tenía los ojos clavados en él. Le dedicó una sonrisa perversa.
—Tráeme algo de beber, preciosa —le dijo mientras le trazaba la mandíbula levemente con el dedo—. Ya sabes lo que necesito.