Capítulo 26
Tessa
Debía haber pasado más de una hora cuando al fin oyó que se abría la puerta del dormitorio.
Había empezado a preocuparle dormirse y quedarse directamente sin Corazón de Agave.
Había estado a punto de levantarse para ver si Theon había acabado acostándose en el salón, pero era muy poco probable, sobre todo porque no se encontraban en sus aposentos de la Mansión Arius .
Y si la veía despierta, imaginaba que acabarían echándose los trastos a la cabeza otra vez y su sueño de empinarse una botella de Corazón de Agave se iría a pique.
Se concentró en mantener la respiración uniforme; no quería que supiera que seguía despierta.
Le oyó suspirar y notó el aire agitarse cuando se detuvo cerca de ella.
Entonces, notó su pulgar rozarle levemente el labio inferior y fue incapaz de reprimir el escalofrío que le bajó por la columna vertebral.
—Hasta dormida reaccionas al vínculo —murmuró y volvió a pasarle el pulgar por el labio—. ¿Qué voy a hacer contigo, pequeña tormenta?
Las puntas de sus dedos le acariciaron el brazo desnudo al separarse de ella y empezó a prepararse para irse a la cama.
Notó el colchón hundirse cuando se tumbó y podría haber soltado un suspiro de alivio cuando por una vez no la atrajo hacia su pecho.
Lo único que hizo fue recorrerle la espalda con los dedos antes de relajarse y ponerse cómodo.
Tardó un rato en acompasársele la respiración y ella otro poco en saber que estaba lo bastante dormido como para siquiera intentar hacer aquello.
Si la pillaba escapándose de la habitación…
Bueno, tampoco podía ponerse mucho peor la cosa, ¿no?
Con cuidado, se bajó de la cama y caminó descalza hasta la puerta.
Había dejado fuera un par de mallas y una camiseta de tirantes de la ropa que les había llegado, y Luka , gracias a los dioses, también le había comprado un par de chanclas.
Ya tenía frío cuando se las colocó, pero no quería ponerse la camiseta que Theon seguía sacándole cada noche.
Llegados a ese punto, no quería tener nada que ver con él e hizo caso omiso de la pequeña descarga que el vínculo le dio por pensarlo, apretando los dientes con fastidio.
Abrió la puerta lo más sigilosa que pudo y el sonido de la televisión la recibió.
Mierda. Si Luka o Axel seguían despiertos ni de coña se saldría con la suya.
La puerta del dormitorio que había al otro lado del pasillo estaba cerrada, así que, al parecer, al menos uno de ellos se había ido a dormir.
Recorrió el pasillo a hurtadillas. Si alguien le preguntaba, diría que iba a por un poco de agua.
Se asomó despacio por la esquina y se encontró a Axel desparramado en el sofá.
Al parecer, se había quedado dormido mientras veía los mejores momentos del partido de la caosfera.
Que la televisión estuviera encendida no podía venirle mejor.
Amortiguaría el sonido de sus movimientos.
Volver a la habitación no le preocupaba.
Sabía que Theon la encontraría en un abrir y cerrar de ojos.
Se escapó por la puerta sin hacer ruido.
Soltando un suspiro de alivio, prácticamente echó a correr hasta el ascensor y la sonrisa que se abrió paso por su rostro cuando las puertas se cerraron fue de pura alegría.
No sabía cuánto tiempo tendría. Ya podía sentir el vínculo tensándose y entrando en pánico, pero iba a disfrutar de cada segundo de libertad.
Cuando se bajó del ascensor, fue directa a recepción.
El recepcionista la miró de reojo, pero, consciente de que era la fuente del heredero de Arius , le entregó el Corazón de Agave a regañadientes.
Enseguida, Tessa abrió la botella y se tragó lo que equivaldría a unos tres o cuatro chupitos.
El alcohol le ardió de camino al estómago, y caminó con aire despreocupado hasta las puertas principales; de repente, el mundo parecía un lugar más brillante.
¿O más oscuro? A fin de cuentas, era de noche.
Luz. Oscuridad. Lo mismo daba. Nada importaba mientras daba otro trago. Todo le daba igual.
No había portero a esas horas, así que salió y se llenó los pulmones del aire frío de la noche.
Se le erizó la piel, pero apenas lo notó.
Durante esos pocos y preciados minutos, pensaba fingir que era libre.
Pensaba fingir que no era la posesión de un descendiente del dios de los finales.
Que era libre de comer lo que le diera la gana.
De vestir como le diera la gana. De follarse a quien le diera la gana.
Que no era una carga para nadie ni un problema demasiado rebelde e incontrolable como para poder lidiar con él.
Soltó una carcajada que acabó siendo una risita absurda, pero no tan absurda como el que todos esos putos legados se creyeran superiores.
¿Descendientes de los dioses? ¿A cuántas generaciones tendrían que remontarse para acercarse siquiera a uno de los dioses?
Probablemente fueran parientes más cercanos de los mortales.
De todas formas, los originales eran mitad dioses, mitad mortales.
Los legados se creían dioses en Devram , pero en realidad no tenían ni la mitad del poder del que descendían, aunque concertaran matrimonios estratégicamente para fortalecer sus estirpes.
—¿Ahora te ha dado por beber fuera del vestíbulo del hotel? ¿Aquí tus «hermanos» no pueden encontrarte?
Tessa casi se atragantó con el trago que acababa de darle a la botella. Se giró y vio a Tristyn a un lado, apoyado contra una pared y dándole una calada a un cigarrillo. Seguía con los mismos vaqueros y camisa de antes, aunque se había puesto una chaqueta.
—Tú tranquilo, que aquí también me encontrará —respondió con una sonrisa coqueta y se acercó con discreción a él.
Él le dio otra calada al cigarrillo y le dedicó una sonrisa cómplice.
—No son tus hermanos.
Su sonrisa vaciló.
—No, no lo son.
—¿Estás bien? No te están… agrediendo ni nada, ¿no? —preguntó Tristyn , observándola con cautela.
—Dioses, no —respondió Tessa , ojiplática—. Estoy bien. Lo juro. Es… complicado. —Tampoco le apetecía ponerse a explicarle los entresijos de la sociedad de los legados a un mortal en ese momento.
—Parece mucho más que eso —opinó y le ofreció el cigarrillo. Ella lo cogió con una sonrisa tímida.
—No fumo —confesó, sosteniéndolo entre los dedos y alejándoselo del cuerpo.
—Es duermepétalo —dijo él a modo de explicación—. Totalmente natural. Y calma la ansiedad.
—¿Me estás llamando ansiosa? —preguntó mientras estudiaba el canuto en su mano. Entonces, se encogió de hombros y le dio una buena calada antes de soltar el humo en la oscuridad porque, a esas alturas, que le dieran a todo. Ya no le importaba nada.
—Parecía todo bastante intenso entre vosotros —aventuró Tristyn .
—Podría decirse que se encargan de protegerme.
—¿Como guardaespaldas? —preguntó y enarcó una ceja a la vez que cogía el canuto.
—Algo así.
Se inclinó hacia delante y le colocó un mechón de pelo tras la oreja.
—Tiene sentido. Eres lo bastante importante como para necesitar tres guardaespaldas.
Ella soltó una carcajada.
—Soy todo lo contrario.
Él soltó un murmullo, pensativo, antes de preguntar:
—¿Sales con alguno?
—Uno quiere, pero no. No salgo con ninguno —respondió y le dio otro trago a la botella de Corazón de Agave—. ¿Crees que la cocina seguirá abierta?
—No creo —dijo Tristyn y se encogió de hombros—. ¿Tienes hambre, furia salvaje?
Ella frunció el ceño.
—¿Furia salvaje?
Él le guiñó el ojo.
—Presencié todo el intercambio en el vestíbulo. Él estaba que echaba humo. Tú, sin embargo, estabas llena de furia y lo bastante salvaje como para seguir provocándole.
Tessa notó que se sonrojaba y, de repente, se sintió agradecida por la oscuridad que les rodeaba.
—Puedo ser algo impulsiva —murmuró y se cruzó de brazos, helada de pronto. La botella de Corazón de Agave le colgaba de la punta de los dedos.
—Un poco de caos nunca viene mal —contestó y volvió a encogerse de hombros.
—La mayoría no pensaría lo mismo.
—Yo no soy la mayoría.
Se aclaró la garganta.
—Bueno, mi cena ahora mismo es esta botella, así que no estaría mal comer algo —le dejó caer e inclinó la botella de licor en su dirección a modo de saludo.
—Apuesto a que podríamos pedir una pizza.
—¿Tú crees?
Se encogió de hombros otra vez.
—Puedo ir a preguntar a recepción.
—Eres un ángel, Tristyn .
—Te aseguro que no —dijo entre risas y se giró para ir al vestíbulo—. ¿Me acompañas o…?
—En realidad, mientras preguntas, ¿podrías dejarme tu móvil para hacer una llamadita rápida? Me he dejado el mío arriba —añadió deprisa.
—Claro, pero, si vas a quedarte aquí fuera, deberías quedarte con esto también —dijo y se quitó la chaqueta.
—Con el Corazón de Agave tengo calor de sobra.
Él soltó una carcajada.
—No lo dudo, pero hace fresco. —Le tendió la chaqueta y ella la aceptó, asintiendo a modo de agradecimiento. Después de ponérsela, le desbloqueó el teléfono y se lo pasó—. No me lo vayas a robar —dijo con media sonrisa.
—Ni loca —le respondió—. Has sido demasiado bueno conmigo hoy.
Solo pudo vislumbrar su leve ceño fruncido.
—Pero si lo único que he hecho ha sido hablarte y compartir un canuto de duermepétalo contigo.
—Y estás a punto de pedirme una pizza.
—Es lo mínimo que puedo hacer.
—Si supieras —murmuró.
—Ahora vuelvo —dijo mientras se alejaba poco a poco de ella.
—Aquí te espero.
Tras echarle un último vistazo, él se dio la vuelta y subió corriendo los escalones del hotel.
Cuando las puertas se cerraron a su espalda, Tessa bajó la vista al teléfono desbloqueado, admirando su otra pequeña victoria de la noche.
A toda prisa, marcó uno de los dos números que se sabía de memoria.