Capítulo 16 #3
—¿Qué te ha pasado en el pie? —le preguntó con brusquedad.
Ella se encogió y bajó la vista a sus pies.
—No ha sido queriendo. Fue un accidente.
—No estoy enfadado, Tessa . Quiero curártelo.
Vio los músculos de su garganta contraerse cuando tragó saliva.
—Caí mal cuando salté de la celosía. Me doblé el tobillo.
—¿Corriste hasta los establos con el tobillo torcido? —preguntó Theon con voz tensa mientras le miraba los pies. Sin duda, uno de los tobillos lo tenía hinchado.
—Yo… Axel me dijo que corriera. Como tú no estabas, creí que querrías que siguiera sus órdenes. Lo siento —susurró.
—No estoy… Joder, Tessa . No estoy enfadado contigo por haber huido de esos cabrones —dijo.
Estiró el brazo y le puso una mano con cuidado en el tobillo hinchado.
Su magia se arremolinó y la oscuridad se le presionó contra la piel, fluyendo de su mano a ella.
Se le hacía raro usar sus sombras para eso y, como ella no tenía las cuatro marcas, era más agotador que en otras ocasiones en las que había utilizado sus dones.
Recorrió con la mirada los cortes y rasguños cubiertos de sangre seca que le cubrían los brazos y el abdomen, junto a los hematomas que empezaban a aflorar en su piel. Con voz tensa, dijo:
—No puedo curártelos todas de golpe. Mañana podré deshacerme de más, pero quiero revisarlas todas. Ver si hace falta llamar a un sanador.
Tessa asintió y volvió a mirar por la ven tana .
El cielo estaba del mismo color que sus ojos.
Se tensó cuando le subió las manos por las piernas y a lo largo del estómago desnudo, catalogando cada rasguño.
Entre el contacto físico y los efectos de los dones de Pavil y Metias , que empezaban a pasarse, el vínculo se puso a zumbar otra vez y Theon no pudo evitar preguntarse si ella también lo sentía.
Por lo tensas que notaba sus extremidades bajo las manos, diría que no, pero siempre parecía estar así a su alrededor.
A menos que estuvieran durmiendo. Dormida, parecía una diosa a la que quería venerar.
—Ninguna parece profunda. ¿Me he dejado alguna? —preguntó.
Ella negó con la cabeza.
—No. Ya has hecho por mí mucho más de lo que merezco.
Theon se presionó la lengua contra el interior de la mejilla. ¿Cómo se suponía que debía responder a eso?
—¿Por qué crees que no mereces que te trate las heridas?
—Te desobedecí, Theon . No curarme las heridas sería una consecuencia justificable.
Dioses, eso sonaba a algo que su padre diría.
—Te las curaré mañana, Tessa . Nuestro vínculo no es lo bastante fuerte todavía para tratarlas todas de golpe.
¿Hay alguna otra por la que deba preocuparme?
—Cuando guardó silencio, añadió—: Dímelo o te obligaré a hacerlo.
—Por imposible que pareciera, palideció todavía más ante la mención de embelesarla.
Se quedó quieto como una estatua y le preguntó con voz sombría—: ¿Alguno de ellos te embelesó?
—No —respondió y giró los brazos para enseñárselos. Tenía los antebrazos llenos de rasguños y algunos de los cortes seguían sangrando.
—¿Alguna más? —preguntó con los dientes apretados. Ella negó con la cabeza y Theon soltó un largo suspiro—. Ven al baño. Te las limpiaremos y tú podrás bañarte. Luego, puedes pasar el resto de la tarde descansando hasta que tengamos que prepararnos para la cena.
La mención de la cena le arrebató una mueca, pero, obediente, se puso de pie. Él miró por encima del hombro a Luka y Axel , que los observaban en silencio con expresiones de preocupación.
—¿Puede alguno pedir algo de comer? —preguntó Theon —. Algo caliente.
—Voy —se ofreció Axel y se sacó el teléfono del bolsillo—. Haré que lo traigan en una hora.
—Gracias —respondió Theon y entró detrás de ella en el dormitorio. Tessa fue directa al baño y tiró de su camiseta deportiva hecha jirones para sacársela por la cabeza. Entonces, desapareció dentro del vestidor y Theon se acercó a la enorme bañera para llenarla.
La oyó volver a entrar en el baño y su voz llegó hasta él.
—¿Un baño?
—Pensé que sería más relajante que una ducha —respondió y se giró para mirarla de frente—, pero si prefieres…
Las palabras se le quedaron atascadas en la garganta. Se encontraba ante él en ropa interior roja de encaje que hacía juego con el sujetador deportivo que se había puesto para salir a correr esa mañana. Pese a la sangre seca y la tierra en su piel, la imagen embriagó de deseo al vínculo.
Se aclaró la garganta.
—Si prefieres darte una ducha, te la preparo.
—Con el baño me basta —afirmó ella mientras se acercaba y hacía el amago de quitarse el sujetador deportivo.
—Vendré a ver cómo vas en unos minutos —le dijo antes de darse media vuelta a toda velocidad para irse.
—Espera —lo llamó, y Theon volvió a girarse hacia ella.
Se estaba mordisqueando el labio inferior y había bajado las manos a sus costados, donde no paraba de abrir y cerrar los puños.
—¿Qué necesitas, Tessa ? —le preguntó cuando, tras varios segundos, no abrió la boca.
Seguía sin mirarlo cuando dijo:
—¿Puedes quedarte? No quiero estar sola ahora mismo.