Capítulo 17
Theon
—¿Quieres que me quede aquí? ¿Mientras te bañas? —preguntó despacio, convencido de que no la había entendido bien.
—Si tú no quieres, ¿pueden venir Luka o Axel ? No quiero estar sola —repitió—. El silencio a veces es ensordecedor y me siento atrapada en él —añadió en un susurro.
Ni de coña iba a dejar a Axel o Luka entrar allí con ella desnuda.
—Puedo quedarme —aceptó—. Te dejo un momento para que te metas.
Los dos minutos que esperó en el dormitorio se los pasó intentando controlarse. Su mente no paraba de conjurar todo tipo de fantasías obscenas y el vínculo las estaba exprimiendo al máximo. Al desgraciado le gustaba la idea de tenerla mojada y desnuda.
Le gustaba muchísimo.
Volvió al baño justo cuando Tessa estaba saliendo de debajo del agua.
Tenía el pelo pegado a la cabeza y gotas de agua le bajaban por la piel.
Le había echado jabón con aroma a jazmín y lavanda, así que, al menos, la espuma ocultaba su cuerpo desnudo.
Apoyó la cabeza contra la bañera y cerró los ojos.
—No puedes dormirte en la bañera, preciosa —le recordó Theon con suavidad y se colocó de pie junto a ella con las manos metidas hasta el fondo de los bolsillos.
—Lo sé —respondió mientras deslizaba los dedos por las burbujas.
—Tenemos que hablar.
Con eso consiguió que abriera los ojos.
—No sé qué eran esas cosas que salieron del suelo. No sé ni qué ha pasado ni cómo.
Sin duda, volvería a sacar el tema más tarde, pero primero necesitaba resolver todo el asunto del vínculo. No debería reaccionar así y, después de lo que había pasado, lo necesitaba más fuerte que nunca.
—Ya hablaremos de eso después —respondió—. ¿Por qué me tienes miedo, Tessa ?
—No te tengo miedo —contestó ella, a la defensiva.
— Pavil y Metias poseen dones que pueden intensificar ciertas emociones.
Cuando te tocaron, usaron su poder para intensificar tus mayores miedos —dijo Theon antes de sacarse las manos de los bolsillos y remangarse.
Se puso de rodillas junto a la bañera—. Cuando te encontré, tenías miedo por lo que había pasado, sí, pero también por lo que iba a hacerte.
Tessa se quedó callada mientras él cogía el paño que le había sacado y lo sumergía en el agua. Empezó a limpiarle con cuidado la sangre seca del brazo.
—No quiero que me tengas miedo, Tessa . Solo necesito que te sometas.
—Lo intento, Theon —respondió tan bajo que apenas lo oyó.
—¿Seguro? Porque no debería costarte tanto ceder a un vínculo. Una vez lo hagas, las cosas pueden cambiar. Esto nunca habría pasado —respondió, mojó el paño y le indicó que se inclinara hacia delante para poder pasárselo por la espalda. Le colocó el pelo largo sobre un hombro.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Habrías estado conmigo. Quería esperar a que te hubieras adaptado y aceptado el vínculo para pedirte que me acompañaras a las reuniones, pero parece que no va a poder ser.
—Tal vez, si me contaras las cosas en vez de mantenerme al margen, estaría más preparada para este tipo de situaciones.
— Quiero contarte las cosas, Tessa , pero no puedo. No hasta que estemos completamente vinculados. Necesito saber que puedo confiar en ti.
—La confianza no se gana con el vínculo, Theon —respondió para, acto seguido, volver a sumergirse en el agua.
Apenas podía verla bajo las burbujas. Esperó a que saliera y, mientras ella se apartaba el pelo de la cara, le dijo:
—¿Puedo hacerte una pregunta?
—El amo eres tú —respondió con tono seco y le quitó el paño para empezar a frotarse las piernas.
—¿Qué sientes con el vínculo?
Ella se quedó quieta.
—¿Qué?
—Intento entenderte. Porque, si sientes la mitad de lo que siento yo, no tengo ni idea de cómo eres capaz de resistirte a él.
Tessa continuó frotándose las piernas y tardó un momento en responder:
—Una punzada en la boca del estómago cuando estoy lejos de ti. Un zumbido constante, como un picor que no se va. Si dura demasiado, me dan ganas de vomitar. Cuando me empeño en resistirme y me aparto de ti, el vínculo me castiga.
—¿Y cuando dejas que te toque? —insistió.
Se negaba a mirarlo, pero había parado de lavarse el cuerpo.
—He terminado —dijo de repente y dejó el paño en el borde de la bañera.
—Te traeré una toalla en un momento —contestó Theon —. Pero, primero, respóndeme. ¿Qué sientes con el vínculo cuando dejas que te toque?
Ella tragó con dificultad, pero no hizo nada más. No pensaba olvidarse del asunto tan fácilmente. Quería una respuesta a esa pregunta y no dudaría en sonsacársela de ser necesario. Pero, antes de que pudiera embelesarla, ella le hizo otra pregunta:
—¿Es verdad que los mandaste a buscarme?
—No, Tessa . Si hubiera querido que vinieras, habría llamado a Axel .
—Dijeron… —Apretó los labios y se llevó las rodillas al pecho. La mirada de Theon se detuvo en otro tramo de piel desnuda.
—¿Qué dijeron, Tessa ?
—Dijeron que tu padre les había dado permiso para asegurarse de corregir mis malos modales y, luego, cuando no pudieron dar conmigo, que iba a enfadarse con ellos por haber dejado que me escapara. ¿Qué quiere tu padre de mí, Theon ? ¿Me escogiste como fuente por él?
Fue entonces cuando por fin lo miró y sus ojos pedían respuestas, desesperados.
—No, Tessa , mi padre no me hizo escogerte como fuente. La relación entre amo y fuente es demasiado delicada como para que un tercero escoja por ti —respondió.
—Tú escogiste por mí —replicó.
—Me refería a que es demasiado importante para que un legado escoja la fuente de otro —se corrigió.
—Entonces, ¿por qué yo? No nos conocíamos de nada. Nunca fuiste al poblado. ¿Por qué me escogiste a mí de entre los cientos de fae con edad de ser seleccionados?
Tenía la voz tensa con la misma desesperación que podía ver en sus ojos, pero Theon no tenía una respuesta en condiciones que darle. Deseó poder explicárselo, pero lo cierto era que ni él sabía cómo hacerlo. Al final, le dijo:
—Cuando hablé contigo en ese recoveco, te quería a ti y solo a ti.
Ella apretó los labios al oír la respuesta y no estaba seguro de qué significaba eso. Creía que le haría otra pregunta al respecto, pero dijo:
—¿Puedo salirme ya?
Sabiendo perfectamente que no le había respondido, se levantó y sacó dos toallas de debajo del lavamanos. Cuando estuvo junto a la bañera de nuevo, dijo:
—Levanta.
Ella lo miró por debajo de las pestañas húmedas.
—¿Qué?
—Levanta —repitió Theon —. Te envolveré con la toalla.
Esperaba que se resistiera, pero una expresión de determinación se apoderó rápidamente de su rostro antes de que se agarrara del borde de la bañera para impulsarse.
Theon ni siquiera se molestó en fingir que no la estaba mirando.
El pelo largo le cubría la mayor parte del pecho, pero el vértice de sus muslos estaba totalmente expuesto y todo su ser era plenamente consciente de ello.
Cuando pasó las piernas por encima del borde para pisar la alfombrilla, le envolvió los hombros con la toalla.
Ella se la agarró con los dedos, tapándose, y él desenrolló una segunda toalla para escurrirle el agua del pelo.
Cuando terminó, fue al vestidor mientras ella se secaba.
Aunque no fue ropa lo que cogió. Regresó con un albornoz negro de lana calentito.
La giró para que le diera la espalda antes de retirarle la toalla del cuerpo.
Mientras sostenía el albornoz para que metiera los brazos, bajó la vista a su culo.
Tessa se lo cerró con rapidez y se lo ató a la cintura.
Al levantar la mano para colocarse un mechón detrás de la oreja, la manga se le bajó.
—Ya se te están curando muchas de las heridas —señaló cuando vio que uno de los rasguños superficiales casi había desaparecido.
Ella le dedicó una mirada desabrida antes de rodearlo y dirigirse al tocador.
—Sé que no soy un legado, pero soy fae. Nos curamos más rápido que los mortales —replicó mientras buscaba a tientas un peine en el cajón y empezaba a pasárselo por el pelo.
En cuanto terminó, se puso detrás de ella. Apoyó las manos en el tocador a ambos lados de su cuerpo, acorralándola. Sobresaltada, Tessa le sostuvo la mirada en el espejo.
—No has respondido a mi pregunta, preciosa —le murmuró al oído y observó un rosa clarito teñirle las mejillas—.
¿Qué sientes con el vínculo cuando dejas que te toque?
—Levantó la mano y le deslizó la punta de los dedos por el cuello, sin apenas rozarla.
Ella se estremeció contra su cuerpo—. Si no me lo dices, tengo otras formas de averiguarlo.
Su expresión se endureció al instante.
—¿Me vas a embelesar por esa tontería?
Agarrándola de las caderas, la giró entre sus brazos y la levantó para dejarla sobre el tocador. Cuando se colocó entre sus piernas, ella soltó un grito ahogado.
—No necesito embelesarte para esto —ronroneó con sensualidad.
—Dijiste que jamás me forzarías —dijo con voz ronca y volvió a sonrojarse mientras la miraba a los ojos.
Seguía tan aturdida por los acontecimientos del jardín que no podía ocultar tan bien sus emociones, y él odiaba no saber cómo interpretar todas las que se abrieron paso en su rostro.
Pronto, daría igual. La marca que recibiría durante el equinoccio de otoño le permitiría sentir sus emociones y, si por lo que fuera todavía no había aceptado el vínculo para entonces, todo eso sería mucho más fácil de sobrellevar.
—No voy a forzarte, Tessa . Puedes decirme que pare cuando quieras.
O, en su defecto, responde a mi pregunta y me detendré de inmediato —respondió y le subió los dedos por las pantorrillas.
Con ella sentada en el tocador, estaban prácticamente a la misma altura y acercó poco a poco su boca a la suya—.
Voy a matar a esos hijos de puta por haber tocado lo que es mío —murmuró y sus labios rozaron los suyos en el proceso.
Ella inhaló con brusquedad.
—No soy tuya.
—Miéntete a ti misma, pero no a mí —murmuró mientras sus dedos se colaban por detrás de sus rodillas y bajo el albornoz. El roce le provocó otro escalofrío.
—No estoy mintiendo. —Su voz sonaba jadeante, poco convincente.