Capítulo 15 #3
El lobo la llevó más allá de las perreras por otro sendero que sabía que, en algún momento, daría a los establos.
Cuando el lobo estuvo cerca de ellos, se salió del camino y Tessa lo siguió por el terreno irregular.
Rodeó los establos hasta la parte trasera y se levantó sobre las patas traseras antes de empezar a darle zarpazos a la puerta.
—Vale, vale —dijo Tessa , con la respiración entrecortada, y se acercó con cuidado a la puerta. Le quitó el cerrojo e intentó abrirla, pero no cedía—. Se ha quedado atascada —gruñó mientras la empujaba con el hombro una y otra vez.
El viento ahora azotaba sin control, alborotándole el pelo, y no paraban de resonar truenos en el cielo, en el que cada vez había más nubes oscuras.
El lobo gruñó junto a ella y soltó un ladrido estridente.
Sobresaltada por el sonido, Tessa se tambaleó hacia atrás justo a tiempo y el lobo se abalanzó contra la puerta.
El impacto de sus patas contra esta retumbó a su alrededor.
El peso del lobo provocó que la puerta se abriera de golpe hacia dentro y el animal volvió a ladrarle a Tessa .
Ella atravesó el umbral a trompicones y se adentró en los establos.
En cuanto estuvo dentro, el lobo soltó un largo aullido antes de girarse e irse por donde habían venido.
Sin saber qué más hacer, Tessa cerró de un portazo y se giró para observar los establos.
Estaba en la parte trasera del edificio.
Se agachó con las manos en las rodillas para intentar recuperar el aliento y averiguar qué hacer.
—Debe haberse ido a los establos —La voz del segundo legado llegó hasta ella y, de repente, se le subió el corazón a la boca.
Tambaleándose, buscó dónde esconderse, pero lo único que veía eran cuadras. Más adelante, uno de los gigantescos caballos negros había asomado la cabeza por encima de la puerta y la observaba.
En esa cuadra no se metía ni loca.
Sin más dilación, Tessa empezó a trepar la puerta a su derecha.
Cuando alcanzó la parte superior, saltó dentro de la cuadra sin pensar y se mordió el labio inferior para contener un chillido de dolor.
Las lágrimas de agonía le anegaron los ojos, pero el grito que se le escapó no fue por el tobillo, sino por el enorme caballo con el que de repente estaba cara a cara.
Tessa se tapó la boca con la mano para amortiguar el sonido mientras se alejaba poco a poco de la criatura.
Su espalda chocó con la esquina de la cuadra y se quedó quieta.
El caballo dio un paso hacia delante y presionó el enorme hocico contra su pelo, envolviéndola en su aliento caliente cuando resopló.
El sonido de la puerta de los establos abriéndose la hizo amortiguar otro grito y, despacio, se agachó en la esquina de la cuadra. Si venían por la misma dirección que ella, la verían al instante, pero, si venían por la otra, tendrían que registrar todas las cuadras para encontrarla.
La oreja del caballo se alzó al oír el ruido y este hizo el amago de asomar la cabeza por encima de la puerta, al parecer curioso por ver quién más había entrado en sus dominios.
— Tessalyn —gritó el segundo hombre—. Sal de donde estés.
Otro de los caballos relinchó mientras que el de la cuadra en la que Tessa se encontraba estampó la enorme pezuña contra el suelo lleno de paja.
Tessa todavía estaba cubriéndose la boca con la mano, intentando amortiguar el sonido de su respiración.
La inquietud le reptó por la espalda y el terror le embargó las extremidades.
— Valter se enfadará cuando sepa que se nos ha escapado —dijo el primer hombre.
Sus pasos se oyeron más cerca y el caballo se removió, casi como si intentara esconderla.
—Puede, pero creo que lo que hemos visto le parecerá muy interesante —respondió el segundo.
—Pues vamos a decírselo antes de que invoque a más cosas de esas o de que el puñetero sabueso de Theon vuelva a aparecer —propuso el primero—. Me está costando curarme la herida que me ha hecho el cabrón.
—No creo que esté aquí de todas formas —dijo el segundo—. No tiene dónde esconderse a menos que se haya metido en una cuadra y los caballos de Theon jamás se lo permitirían.
Sus voces se desvanecieron cuando salieron del edificio, pero Tessa siguió paralizada en la esquina en la que estaba sentada.
Unas lágrimas silenciosas le corrían por las mejillas y le temblaba todo el cuerpo.
El caballo giró la cabeza para mirarla y se le volvió a acelerar el corazón cuando se movió hacia ella.
Agachó la cabeza y le acarició el hombro con el morro antes de bajar su inmenso cuerpo al suelo.
Le posó la enorme cabeza en las piernas y se quedó completamente quieto.
Tras varios minutos, Tessa se quitó poco a poco la mano de la boca.
Extendiendo sus dedos temblorosos hacia él, le acarició la mejilla.
El animal soltó un suave resoplido, así que repitió la acción.
Le pasó los dedos por la sedosa crin negra y el cuello ancho, pero no podía parar de temblar y más lágrimas le surcaron el rostro.
Dejó caer la cabeza contra el cuello del animal y sollozó.