Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 15 #2
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Capítulo 15 #2

— Tessalyn , Tessalyn —dijo el otro mientras se detenía a su lado—.

¿Te parece esa forma de hablarle a un legado?

Aunque Valter nos advirtió de tus malos modales.

—Se agachó delante de ella y estiró el brazo para recorrerle la mandíbula con el dedo—.

Nos ha dado permiso para que nos aseguremos de corregirlos.

Por desgracia, me parece que dejan bastante que desear.

El terror y el miedo le treparon por la columna vertebral y el corazón le latió aún más desbocado. El hombre que la tenía agarrada del tobillo empezó a subirle la mano por la pantorrilla y el otro intentó asirle la muñeca.

—¡No! —chilló Tessa . Asestó una patada con el pie bueno con todas sus fuerzas y le dio al del tobillo en la nariz. Este maldijo y se apartó bruscamente de ella mientras la sangre salía a borbotones detrás de su mano.

—¡Hija de puta! —escupió con voz nasal—. ¡Cómo osas atacar a un legado!

—Sin duda, hay que corregir esos modales —gruñó el segundo hombre, con los dientes apretados y una expresión cargada de ira.

—¡No me toques! —chilló Tessa y se alejó como pudo de él cuando intentó agarrarla de nuevo. Una violenta ráfaga de viento atravesó el sendero y empujó al segundo hombre varios centímetros hacia atrás. Tessa aprovechó para, a gatas, alejarse todavía más de él.

Se puso de pie a duras penas mientras el hombre volvía a abalanzarse hacia ella y extendió las manos.

—¡No!

La palabra apenas había abandonado sus labios cuando el suelo tembló bajo sus pies.

El primer hombre, que también había conseguido ponerse de pie, se cayó de culo, y el segundo, de rodillas.

Tessa acabó otra vez a cuatro patas y, cuando sus palmas entraron en contacto con la tierra, una luz apareció y se extendió por el sendero, abriendo a su paso una enorme grieta entre los legados y ella.

—¿Qué cojo…? —empezó a decir el segundo hombre, pero no pudo terminar.

Una niebla dorada comenzó a salir de la grieta mientras esta se ensanchaba, aumentando la distancia que los separaba.

Un trueno retumbó, y del suelo brotó una luz tan brillante que tuvo que apartar la vista.

Retrocedió a toda velocidad, no sin antes atisbar que algo salía a rastras de la grieta que la luz había creado.

No.

A rastras no.

Reptando desde la grieta.

Apareció otro.

Y otro.

Muerta de miedo, Tessa observó cómo salían cuerpos de la grieta.

Pero no eran cuerpos de carne y hueso. Centelleaban bajo la luz del sol, casi transparentes.

Levitaban a un par de centímetros del suelo y eran todos idénticos.

Piel pálida. Altos y delgados, con facciones marcadas y angulosas. Pelo corto tan blanco como las nubes.

No podían ser reales. Debía de haberse golpeado la cabeza cuando se tropezó con la raíz. Puede que nada de eso fuera real.

El primer ser que había aparecido echó la cabeza hacia atrás y respiró hondo. Se giró. Unos ojos blancos sin pupilas se posaron sobre ella. ¿Acaso podía verla?

«No es real. Esto no puede ser real».

El miedo era paralizador. No podía moverse, ni siquiera cuando el resto de los seres también giraron la cabeza en su dirección. Los dos legados estaban tan quietos como ella al otro lado de la grieta y, cuando el primer ser alzó la mano, hizo aparecer una espada de la nada.

Los otros hicieron lo mismo.

Eran reales.

Y sus hojas, de un dorado reluciente, también.

Los dos legados se apresuraron a retroceder cuando los seres se giraron hacia ellos. Las figuras avanzaron como si fueran a saltar la grieta, pero simplemente levitaron al otro lado.

Y Tessa decidió que había visto suficiente.

El miedo paralizador del que era presa se desvaneció: se levantó de un salto y echó a correr lo más rápido que pudo por el sendero.

Se tropezó más de una vez y su tobillo protestaba con cada paso que daba mientras las piedras le hacían cortes en los pies descalzos.

El hilo le oprimía cada vez más el pecho, exigiéndole que buscara a Theon y dificultándole aún más la tarea de respirar.

Dobló otra esquina y el sonido de ladridos le indicó que estaba cerca de las perreras.

Aumentó la velocidad hasta tener que frenar en seco cuando uno de los lobos enormes de Theon salió disparado de las perreras.

Su pelaje negro resplandecía bajo el sol matutino y se le había erizado. Las orejas las tenía hacia atrás y los ojos naranjas le brillaban justo como cuando la había perseguido hasta el árbol en las montañas.

«Tienes que estar de puta coña».

Paralizada, Tessa no se atrevió a moverse mientras el lobo avanzaba hacia ella.

¿Qué destino sería peor? ¿Que la matara un lobo o que lo hiciera un ser que había salido levitando del suelo con una espada?

Le temblaba todo el cuerpo mientras veía al lobo acercarse a ella, pero, cuando se colocó a su lado, se giró y le dio un empujoncito en la mano con el hocico.

Estaba intentando contener el aliento, pero acababa de dejarse el alma corriendo y tenía la respiración acelerada.

El lobo volvió a presionarse contra su mano y, luego, fue a darle un empujoncito detrás de las rodillas como diciéndole que se moviera. Cuando se tambaleó hacia delante, el lobo se abalanzó delante de ella, haciendo una pausa para mirarla por encima del hombro.

«Se me está yendo la puta olla. Nada de esto puede ser real».

Pero, cuando oyó los gritos de los legados a su espalda, decidió jugársela con el lobo antes que con figuras traslúcidas con espadas doradas.

—Por favor, no me mates —murmuró y siguió al animal a toda prisa.