Capítulo 15
Tessa
—¿En qué momento me pareció esto buena idea? —se quejó Tessa .
Estaba tumbada en el suelo y Axel la estaba ayudando a estirar los flexores de piernas y cadera.
Las últimas dos mañanas, Theon la había despertado antes de que amaneciera para salir a correr.
Le gustaba el amanecer. Pero para tomarse un café y contemplar la salida del sol.
No para morirse sin poder respirar mientras el sol salía.
Theon la obligaba a comerse un plátano antes de salir por la puerta.
Se reunían con Axel y se ponían a correr por los diversos senderos del jardín.
El primer día hizo poco más de tres kilómetros antes de decir basta.
Puede que no fuera muy deportista, pero tampoco se tiraba todo el día sentada en el poblado.
Necesitaba distraerse o acababa tirándose de los pelos si la obligaban a quedarse encerrada o en un mismo sitio demasiado tiempo.
Y, claro, también había tenido que correr unas cuantas veces para evitar que la pillaran.
Así que, como poder, podía correr, pero no era por gusto .
Ese día, Theon la había obligado a hacer casi cinco kilómetros con el pretexto de que el cuerpo de los fae estaba más que capacitado para recorrer esa distancia.
No era rápida y sabía que habían bajado el ritmo para que no se quedara atrás.
Theon y Axel tenían hasta conversaciones y todo, los muy capullos, mientras ella estaba ocupada intentando que le llegara aire a los pulmones.
Y tenía agujetas.
Y hambre.
Pero, sobre todo, agujetas.
Theon se había apresurado a ducharse y cambiarse cuando habían vuelto a sus aposentos.
Tenía una reunión con su padre y otros legados, y Axel se había quedado con ella para hacerle de niñera.
Imaginaba que Luka también asistiría a la reunión.
Tessa llevaba sin verle desde el día en que todos habían ido a Pinos Altos, pero se suponía que volvía esa mañana.
—No seas tan quejica —la regañó Axel mientras le levantaba la pierna y se la estiraba—. Te prometo que, una vez pasen las primeras semanas, te encantará.
—¿Primeras semanas? —preguntó Tessa e hizo una mueca cuando ejerció más presión.
—Venga ya. Tampoco lo odias tanto, ¿no?
La verdad era que no. Vale, solo llevaba dos días haciéndolo, pero así podía salir. Si para estar al aire libre tenía que hacer eso, entonces se dejaría los pulmones encantada.
—No —suspiró—. Tienes razón.
—Genial —dijo Axel antes de retroceder e indicarle que bajara la pierna—. Porque te he comprado una cosa.
Tessa se enderezó y se sentó con las piernas cruzadas en el suelo.
Cogió su botella de agua y le dio un buen trago mientras él iba corriendo a rebuscar en su mochila, cerca de la puerta.
Cuando volvió, se dejó caer en el suelo junto a ella y le dio una cajita.
Ella hizo a un lado la botella de agua y la abrió: eran unos auriculares.
—Pensé que tal vez te gustaría escuchar música mientras corres —explicó Axel .
—Estaría bien —admitió Tessa lentamente y sacó uno de la caja para, acto seguido, colocárselo en la oreja—. Pero no tengo nada con lo que poner música.
No quería decirle que ni siquiera sabía qué tipo de música le gustaba. Solo conocía un par de canciones. Baladas de Devram que se había visto obligada a escuchar como parte de sus estudios. La mayoría ni siquiera tenían letra.
—Claro que sí —la contradijo Axel —. Tu móvil. Ve a por él y te enseñaré a hacerlo.
—Ve tú —se quejó—. No soy capaz de levantarme del suelo ahora mismo.
—Arriba, muñeca —dijo Axel y le dio un empujón en la espalda—. Necesitas moverte para que no se te encojan los músculos.
Con un gruñido, Tessa se puso de pie y cogió el teléfono del escritorio de Theon . Justo cuando se lo estaba pasando a Axel , se oyó un golpe en la puerta. Ambos se quedaron quietos, a la espera de que quien fuera hablara.
—¿ Tessalyn Ausra ? —dijo una voz que Tessa no reconoció, pero Axel se tensó. Se llevó un dedo a los labios, indicándole que no hiciera ruido.
Se oyó otro golpe.
—Venimos a buscarte. El lord de Arius y su heredero solicitan tu presencia en nuestra reunión.
Miró a Axel por el rabillo del ojo y este negó con la cabeza. Se inclinó para hablarle directamente al oído e, incluso entonces, lo hizo tan bajo que apenas pudo oírle.
—Ve al dormitorio. Cierra la puerta.
Le puso el teléfono en la mano. Ella asintió y se apresuró a hacer lo que le había dicho. En cuanto cerró la puerta del dormitorio, hubo otro golpe.
—Abre la puerta, Tessalyn . A tu amo no le hará ninguna gracia enterarse de que estás desobedeciendo a un legado.
Tessa oyó la puerta abrirse y pegó la oreja a la madera del dormitorio.
— Metias . Pavil . —Oyó decir a Axel —. ¿Qué hacéis en esta ala de la casa?
Tessa nunca había oído a Axel hablar así, con un tono tan grave, peligroso y oscuro. El mismo tono con el que Theon le había hablado cuando la bajó a la fuerza de un árbol.
— Axel —dijo la voz grasienta otra vez—. Disculpa. Creía que estos eran los aposentos de Theon . Nos ha pedido que vengamos a buscar a su fuente.
—Son los aposentos de Theon —respondió Axel —. Su fuente está en la ducha. Puedo llevársela a Theon cuando termine.
—En realidad, después íbamos a ir a por ti. Tu padre también solicita tu presencia —intervino otra voz—. Insistió mucho. ¿Qué te parece si vas bajando y nosotros nos quedamos esperando a la fuente de Theon para acompañarla cuando salga de la ducha?
—Tendré que preguntarle a Theon para asegurarme —contestó Axel sin vacilar—. Es muy protector con su fuente, como os podréis imaginar.
—Por supuesto. Fue precisamente su actitud protectora lo que le llevó a querer tenerla a su lado —respondió la primera voz—. Nuestra reunión se está alargando más de lo esperado, así que le gustaría que estuviera presente.
—Acaba de meterse en la ducha. Probablemente tarde un rato —repuso Axel —. Puedo llamar al estudio y preguntar…
—No creo que sea necesario. Ahora somos aliados, ¿no? —le disuadió la segunda voz—. Empieza a ofenderme tu clara falta de confianza en nosotros.
—Somos aliados, Pavil , pero mi hermano me ha confiado la seguridad de su fuente y me tomo esa responsabilidad muy en serio —respondió Axel —. Más de lo que tú pareces apreciar tu vida al interrumpir a un heredero de Arius .
Se sumieron en un largo silencio. Oír a Axel poner al hombre en su sitio le sacó una sonrisa.
Y no estaba muy segura de cómo se sentía al respecto.
—Solo tardaré un momento en comprobarlo —estaba diciendo Axel .
—Se trata de un asunto urgente, Axel —gruñó la primera voz—. Como no vayas a su estudio ahora mismo, tu padre va a enfadarse mucho.
Axel guardó silencio y Tessa no tenía ni idea de qué hacer. De repente, el móvil le soltó un pitido en la mano.
Axel : Corre, Tessa . Theon no me lo coge. No sé cómo bajaste de ese balcón, pero hazlo otra vez y corre. Theon te encontrará.
—Está bien. Voy para allá. Traédsela directa a Theon en cuanto termine —oyó a Axel decir—. Pero os advierto que, si le tocáis un pelo, os las veréis con Theon y todos sabemos cómo acabará la cosa.
Tessa no se lo pensó dos veces. Seguía con la ropa de deporte puesta, pero se había quitado los zapatos. Pues a correr descalza se ha dicho.
Como no tenía dónde guardarse el teléfono, lo tiró a la cama y se abalanzó hacia las puertas del balcón, colándose entre ellas y cerrándolas a su espalda.
Fue corriendo hacia la izquierda y pasó por encima de la barandilla a la fina repisa que daba a la celosía.
Con la espalda contra la pared, avanzó poco a poco mientras los hechizos protectores se le presionaban contra la piel.
La última vez había sido más rápida, pero se estaba levantando viento y algunas ráfagas venían fuertes.
Justo cuando se estaba acercando a la celosía, oyó las puertas del balcón abrirse de golpe.
Acortó la distancia restante de un salto y la madera le hizo cortes en las manos al agarrarse de ella.
Sus pies descalzos lucharon por apoyarse donde fuera.
—¿Qué cojones?
Tessa echó un vistazo y vio a un legado más bien bajo con el pelo engominado y los ojos oscuros observarla ojiplático. Otro legado un poco más alto apareció corriendo detrás de él.
—La entrada lateral —dijo el segundo mientras tiraba del otro para que le siguiera—. Le cortaremos el paso en los jardines.
Los dos hombres desaparecieron y Tessa bajó por la celosía tan rápido como pudo.
Saltó el último par de metros y se le escapó un chillido cuando cayó mal y se dobló el tobillo.
Sin dejarse vencer por el dolor, echó a correr.
El tobillo le palpitaba y, cuanta más distancia ponía entre Theon y ella, más agónico se volvía el vínculo.
El ruido de pisadas a su espalda hizo que corriera con todas sus fuerzas.
Miró por encima del hombro y se encontró a los dos legados acercándose sin problema a ella.
Movió las piernas doloridas más rápido, pero entre el tobillo y el vínculo, unido al hecho de que ya estaba cansada de correr hacía apenas una hora, ya había perdido.
—No pasa nada, Tessalyn —le gritó uno de ellos, mucho más cerca de lo que había estado hacía un momento—. Solo queremos conocerte mejor. Vamos a pasar mucho tiempo juntos.
Tessa siguió el sendero por el que Theon la había llevado a correr los últimos dos días.
Este se adentraba más en los jardines antes de girar y pasar por delante de las perreras y los establos.
Dobló una esquina a toda velocidad y, en cuanto lo hizo, se tropezó con una raíz que había por el camino.
Salió volando hacia delante y cayó a cuatro patas.
Antes de poder levantarse, una mano le rodeó el tobillo torcido.
Soltó un grito mientras el dolor y el pánico la atravesaban de arriba abajo.
—Qué preciosidad estás hecha —canturreó el del pelo repeinado mientras la arrastraba por el camino de piedra en su dirección. Se raspó las manos y las rodillas con la piedra.
—¡Suéltame! —chilló e intentó agarrarse a cualquier cosa mientras tiraba de ella.