Capítulo 14 #2
—No voy a salir a correr contigo —le espetó, y todas las emociones que se había pasado los últimos días reprimiendo se desbordaron en un torrente.
—Lo hablaremos después —repuso él, sin preocupación alguna, y cogió el teléfono.
—Lo vamos a hablar ahora —objetó Tessa .
Extendió el brazo y le tiró el teléfono de un manotazo.
Este cayó en la cama con un sonido sordo.
Theon la miró con incredulidad y ella se obligó a no apartarse, intimidada.
¿Qué iba a hacerle? Se había dejado llevar por sus impulsos.
Estaba discutiendo con él y resistiéndose.
Dos cosas que había dicho que no podía hacer.
—¿Me acabas de tirar el móvil de un manotazo? —preguntó con tono grave y peligroso mientras soltaba la taza.
—Estaba… estaba intentando hablar contigo —respondió. Oyó el ligero temblor en su voz, así que dio por hecho que él también.
—¿Crees que no soy capaz de hablar contigo y pedir el desayuno al mismo tiempo?
—No. Yo… quería que solo me prestaras atención a mí —dijo, consiguiendo finalmente formular las palabras.
—Pues lo has conseguido.
Tessa tragó saliva y él dio un paso hacia ella.
Hizo el amago de retroceder, pero él le dio la vuelta de modo que la parte posterior de sus piernas chocara con la cama.
Uno de sus brazos le rodeó la espalda, evitando que se cayera, mientras que con el otro se sostuvo sobre ella cuando la depositó en la cama sin hacer.
— Theon , ¿qué haces? —suspiró. El estómago le dio un vuelco y la piel le cosquilleaba por la cercanía. Dormir a su lado era una cosa, pero que la mirara de esa forma era otra muy distinta. Débiles zarcillos de oscuridad se arremolinaban en esos ardientes ojos esmeralda. Ojos que bajaron a su boca.
—Querías que te prestara atención —explicó, y acercó la cara a la suya. Un mechón de pelo negro le cayó en los ojos y ella, sin pensar, estiró el brazo y se lo apartó. La comisura de su boca se curvó—. ¿Decías?
Sí que estaba diciendo algo, ¿no? Acercó la cara un poco más y su aliento le danzó por los labios.
— Tessa —murmuró y un destello de diversión le atravesó el rostro.
—¿Qué?
—¿Para qué querías que te prestara atención?
—Para…
Él le rozó la nariz con la punta de la suya y todo el cuerpo se le sonrojó del deseo y la necesidad.
—¿Para qué? —susurró.
Había estado intentando decirle algo. Estaba intentando decir algo. Intentó recordar qué había hecho esa mañana, pero ignorarlo encima de ella no era nada fácil.
Café. Axel . Correr.
¡Correr!
—Para decirte que no voy a salir a correr contigo —soltó de repente al acordarse.
Theon se apartó un milímetro.
—¿Segura?
—Sí.
—¿De verdad?
—¿Cómo que «de verdad»? —repitió Tessa , confundida—. Sí, Theon . Estoy segura de que no voy a salir a correr contigo.
—Mmm —canturreó él. Había conseguido sacar el brazo de debajo de ella y le posó la mano en la cadera. Entonces, sus dedos empezaron a subir despacio por su costado, rozándole las costillas de una forma que provocó que se retorciera.
— Theon —suspiró e intentó apartarlo de un empujón en el pecho, pero él le agarró las muñecas con la otra mano. Se las alzó e inmovilizó encima de la cabeza, y ella se quedó quieta al verse por completo a su merced.
—¿Sabes que has dicho mi nombre más veces esta mañana que en los últimos tres días? —murmuró, y su mano volvió a recorrerle las costillas. Tenía la mirada clavada en sus propios dedos, siguiendo el movimiento.
Ella tragó saliva, pero no respondió.
Sí que lo sabía. Llamarle por su nombre le parecía demasiado personal cuando su relación no lo era. Fuente y amo. Eso eran. Nada más.
—Echaba de menos oírlo de tus labios, pequeña tormenta —prosiguió.
—Me da igual —farfulló con los dientes apretados.
—Mentirosa —respondió, más a sí mismo que a ella.
Sus caderas se frotaron contra las suyas. Un pequeño movimiento que la hizo inhalar con brusquedad, porque dioses . Si fuera cualquier otro hombre, dejarse llevar por el placer sería la distracción perfecta.
—¿Qué tengo que hacer para que salgas a correr conmigo, Tessa ? —preguntó.
Sus labios se curvaron en una sonrisa burlona.
—Nada de negociar.
Él se quedó quieto.
—Qué contestona estás esta mañana.
Frunciendo el ceño, giró la cabeza a un lado y le rehuyó la mirada. Principalmente porque, si seguía mirándolo, iba a besarlo. Y, si ese beso se parecía, aunque fuera un poco, a los otros dos que se habían dado, no se creía capaz de parar. Y Theon no pararía ni de coña.
—¿De verdad sería tan malo salir a correr conmigo en vez de con Axel ? —insistió mientras le deslizaba los dedos por el torso otra vez.
—Sí —soltó, tajante.
—¿Por qué?
—Porque él no es tú .
Todavía le sujetaba las muñecas por encima de la cabeza. Alzó la otra mano y le agarró la barbilla, obligándola a mirarlo. No dijo nada durante un buen rato, solo le sostuvo la mirada. Finalmente, dijo:
— Axel puede venir a correr con nosotros si quieres.
—No.
—Intento llegar a un acuerdo, Tessa .
—Y yo rechazo tu propuesta, amo .
Los ojos le brillaron con mayor intensidad, acentuando esa oscuridad turbulenta que los embargaba.
—Necesitas hacer ejercicio. Es tan importante como tener una buena alimentación.
—No me hace falta —soltó.
—Salir a correr o ir al gimnasio. Tú eliges.
—Yo no tengo elección.
—Ambos, entonces.
—¿Qué? ¿Por qué? —chilló con pesar—. ¿Como castigo por haber nacido? ¿O solo porque crees que soy tuya?
Le rozó el labio inferior con el pulgar y se le suavizó la expresión.
—No es un castigo, Tessa .
—Consecuencia. Castigo. Son exactamente lo mismo, aunque una palabra suene mejor que la otra. Lo sé mejor que nadie.
Ante eso, volvió a quedarse quieto.
—¿Qué quieres decir?
Demasiado. Había dicho demasiado.
—Nada.
—Voy a necesitar que me expliques ese comentario.
—No.
— Tessa … —Podía oír cómo aumentaba su irritación.
—Está bien, podemos salir a correr —se apresuró a decir, aunque solo fuera para que dejara de insistir.
La observó durante un momento y le soltó las muñecas, pero el cuerpo de Theon siguió cerniéndose sobre el suyo mientras apoyaba las palmas de las manos a ambos lados de su cabeza. No podía moverse. Ciertas partes de su cuerpo se presionarían contra ciertas partes de él y…
Se oyó un pitido y los ojos de Theon se desviaron a su móvil, que seguía en la cama.
— Axel viene de camino con el desayuno —comentó Theon , volviendo a mirarla—. ¿Tienes hambre?
Tessa asintió sin abrir la boca y Theon se quitó de encima de ella poco a poco, agarrándole la mano para levantarla consigo.
No se la soltó y ella se colocó un mechón de pelo detrás de la oreja de camino a la estancia principal.
La llevó hasta la mesa y, mientras ella tomaba asiento, él fue a por su taza a la ven tana y luego a la cocina para rellenársela.
Ella frunció levemente el ceño. Le estaba sirviendo. Debería ser al revés.
El sonido de la puerta captó su atención y, un momento después, Axel entró por ella con una caja de dulces en la mano. Todavía llevaba puesta la ropa de deporte y había un batido de proteína encima de la caja.
—Buenos días, muñeca —dijo a modo de saludo y le dedicó una sonrisa.
Ella le respondió con una sonrisa tensa.
—¿Me vas a hacer mandarte un mensaje? —preguntó mientras dejaba la caja de dulces en la mesa—. ¿Ahora solo nos comunicamos así o qué?
—Yo solo te he enviado un mensaje —replicó—. Los demás han sido cosa tuya porque no hay quien te calle.
—Ya te echaba de menos —respondió, y se le ensanchó la sonrisa. Abrió la caja de dulces—. Van a traernos huevos y salchichas, pero qué mejor manera de empezar la mañana que con esto.
Ella se cruzó de brazos, pero se inclinó un pelín hacia delante para echar un vistazo. Dentro había una variedad de magdalenas. No eran dónuts, pero le servían.
Si Theon le dejaba comerse una.
Su taza de café apareció delante de ella y lo notó de pie, a su espalda. Esa presencia que la atraía y la hacía querer gritar a la vez.
—Esto parece obra de Pen —dijo Theon y metió la mano en la caja para coger una magdalena.
—Ya conoces a Pen —respondió Axel y se dejó caer en una silla.
Se sacó un espejito del bolsillo con el que Tessa le había visto juguetear de vez en cuando.
Le había picado la curiosidad, pero no lo bastante como para preguntar por él.
Para eso tendría que hablarles. El anillo de su dedo era idéntico al de Theon y la piedra negra en el centro engullía toda la luz.
Theon le acercó la caja a Tessa mientras se sentaba en la silla junto a la suya.
— Pen solía trabajar en las cocinas antes de que la ascendieran a sirvienta.
—Ascendieran —repitió Tessa con voz monótona.
—Sí —afirmó Theon sin inmutarse—. Pero tiene un don para la repostería y siempre acaba yendo a las cocinas un par de veces a la semana. Al parecer, esta mañana ha sido una de ellas. Escoge una.
Ella siguió de brazos cruzados. No quería nada que viniera de él después de haberla forzado básicamente a aceptar salir a correr con él.
—Hay de todos los sabores —intervino Axel mientras hacía girar ese estúpido espejo entre sus nudillos.
—¿La de arándanos? —preguntó Theon con la mano sobre la caja.
Ella apretó los labios, pero, cuando hizo el amago de coger una, soltó:
—La de pepitas de chocolate.
—Buena elección —dijo Axel con un guiño.
—Lo que tú digas —gruñó y le arrebató la magdalena a Theon de la mano.
Axel y Theon se pusieron a hablar y ella volvió a ensimismarse. Puede que estuviera con uno de ellos a todas horas, pero se sentía más sola que nunca.
«Uno, dos, tres…».