Capítulo 14
Tessa
Tres días.
Llevaba tres días cumpliendo las nuevas expectativas de Theon .
Tres días haciendo el paripé. Tres días acatando órdenes.
Tres días mordiéndose la lengua y guardándoselo todo dentro.
Tres días sin apenas hablar. Tres días atrapada en esos aposentos.
Atrapada en esa casa. Atrapada en su propia cabeza.
Atrapada.
Atrapada de cojones.
Theon había cumplido con su palabra. No la había forzado a hacer nada sexual.
Había contacto físico a menudo, pero nada demasiado sugerente.
No había vuelto a pedirle un beso desde ese primer día.
Le plantaba besos suaves en la coronilla o la sien, y su mano siempre estaba en la suya o tocándola de alguna forma, pero nada más.
Aunque debía admitir que no había dormido tan bien en su puta vida.
El vínculo se conformaba con que durmiera a su lado todas las noches, pero cada día le resultaba más y más difícil resistirse a la presión del hilo en su interior, que pedía más.
Y cada día se preguntaba si estaba perdiendo poco a poco la cabeza. A sí misma. Cada día se preguntaba si aquel sería el día en que finalmente cedería.
Theon había intentado mantener una conversación con ella en numerosas ocasiones. Luka y Axel , también. Pero perdía el interés en lo que fuera que estuvieran diciendo con rapidez.
No, mentira.
No le importaba y punto.
No solo eso, sino que también le preocupaba hablar demasiado por si se le escapaba alguna insensatez y empeoraba todavía más la situación.
Había intentado leerse un libro, pero no podía concentrarse más de dos minutos en las páginas.
No era que no le gustara leer. El problema estaba en que no era capaz de estarse quieta el tiempo suficiente para concentrarse y su cabeza no paraba de divagar.
Cuando quería darse cuenta, se había leído cinco páginas, pero no tenía ni idea de lo que decían.
En ese momento se encontraba tumbada en la cama.
Por primera vez, se había despertado antes que Theon .
Uno de sus brazos le rodeaba la cintura y, dormido, sus facciones no parecían tan afiladas.
Por una vez, el músculo que siempre se le contraía en la mandíbula estaba relajado.
Con todo el cuidado que pudo, se escabulló de debajo de su brazo, esperando no despertarlo.
Llevaba tres días sin estar más de cinco minutos a solas.
Empezar la mañana en silencio con una taza de café sonaba de maravilla.
Sin necesidad de sopesar cada acto y palabra.
Sin que la estuvieran vigilando todo el rato.
Unos cuantos minutos en los que intentar sentir otra cosa que no fuera ese vacío extendiéndose por su alma. Unos cuantos minutos para respirar.
Tessa se puso la térmica de Theon . Se le había hecho costumbre dejarle una en el sillón junto a la chimenea.
Con su calor corporal tenía de sobra por la noche, pero siempre se despertaba helada.
Descalza, salió de puntillas a la estancia principal y cerró la puerta detrás de ella para no despertarlo mientras se preparaba el café.
Unos minutos después se acomodó en el asiento del ven tana l con una taza de café caliente en las manos.
Le encantaba el amanecer. Ver cómo sale el sol.
La promesa de que todo era posible. Nada cambiaba nunca, pero le gustaba la idea de que algo podía hacerlo.
Lo cual, pensándolo bien, no eran más que un montón de nociones ingenuas e ilusas. De ilusiones no se vivía.
Bajó la vista a los sinuosos senderos del jardín.
Cuando había corrido por ellos durante su intento de fuga, no se había parado a observarlos.
Se había limitado a seguir el sendero principal que daba directo a las montañas.
Pero había dedicado las horas que se había pasado allí encerrada a estudiarlos desde ese punto de vista.
No había parado de chispear los últimos tres días, así que ni siquiera había podido sentarse en el balcón.
Detectó movimiento fuera y se encontró a Axel corriendo bajo la lluvia.
Como nunca se había levantado tan temprano, nunca le había visto allí fuera.
Ella nunca había sido de salir a correr.
Tampoco es que quisiera serlo, pero lo que sí quería era estar al aire libre, aunque fuera bajo la lluvia. Aunque tuviera que correr.
Tessa se levantó y fue a por el móvil que Theon le había dado.
Estaba en su escritorio, cargando. No lo había tocado desde que habían vuelto de Pinos Altos y se lo había devuelto.
Era caro. Parecía uno de los últimos modelos.
Habría dado casi cualquier cosa por sostener uno de los móviles viejos y anticuados que compartía con sus amigos en lugar del nuevo.
Ese teléfono solo era otra cosa más que la separaba de quien solía ser.
De vuelta en el asiento del ven tana l, tardó un minuto en volver a localizar a Axel .
Ahora estaba en la parte trasera de los jardines, casi fuera de su campo de visión.
No sabía mucho de correr, pero parecía llevar bastante buen ritmo.
Desbloqueó el móvil y buscó su contacto para enviarle un mensaje rápido.
Tessa : ¿Puedo salir a correr contigo?
Volvió a centrar su atención en la ven tana y vio a Axel detenerse de golpe. Este se sacó el teléfono del bolsillo, intentando resguardarlo de la lluvia. Tessa observó el móvil a su lado mientras le daba un sorbo al café, esperando a ver si respondía. Un momento después, el móvil soltó un pitido.
Axel : Uno, no sabía que te gustaba correr. Dos, no creo que a Theon le haga gracia.
Hizo una mueca, pero, antes de poder responder, le llegó otro mensaje.
Axel : Deberías pedirle a Theon que salga a correr contigo.
Nunca había visto a Theon salir a correr y apenas se separaba de él. Aunque, pensándolo bien, tenía que entrenar en algún momento para mantenerse en forma. Así que, ¿cuándo tenía tiempo de hacerlo? ¿Cuando se iba a esas reuniones con su padre, tal vez?
El móvil soltó otro pitido y Tessa bajó la vista al mensaje. Al parecer, Axel se había tomado su silencio como una señal de que se había enfadado.
Axel : Si eres capaz de convencer a Theon para que te deje, me encantaría salir a correr contigo. Habla con Theon .
Una puerta abriéndose de golpe la hizo dar un respingo y agarró más fuerte la taza de café, intentando que no se le derramara.
—¿ Tessa ? —llamó Theon y salió corriendo a la estancia principal. En cuanto la vio junto al ven tana l, se dirigió deprisa hacia ella—. ¿Qué haces aquí fuera?
Tessa lo miró parpadeando, sorprendida.
—¿Tomarme un café? —Alzó la taza un poco para demostrarlo.
—Dioses, Tessa —suspiró y se pasó las manos por el pelo de recién levantado—. Me he despertado con una alarma que decía que estabas usando el teléfono y, entonces, he visto que no estabas en la cama… Sabes que tienes que quedarte donde pueda verte.
—Estabas dormido, Theon —estalló y los ojos esmeralda le brillaron con mayor intensidad ante el arrebato—. Llevas sin poder verme desde anoche, cuando te quedaste dormido —añadió y puso los ojos en blanco.
—¿Qué haces mandándole mensajes a Axel de madrugada?
—Le he visto corriendo por los jardines. Me dijiste que podía comunicarme con él y con Luka .
—Sé lo que dije, pero no es que hayas estado muy presente los últimos días.
—¿Y de quién es la culpa? —contraatacó.
Él ladeó la cabeza.
—¿Así es como consigo que me dirijas la palabra? ¿Hablando contigo antes de que tengas una taza entera de café en el cuerpo? — Tessa lo miró con el ceño fruncido y la comisura de sus labios se curvó levemente—. ¿De qué habláis Axel y tú?
—No te incumbe —replicó. Ni de coña iba a preguntarle si podía salir a correr con Axel .
La mano de Theon actuó más rápido que sus reflejos y cogió el teléfono, que se había caído en el asiento del ven tana l.
—Respuesta incorrecta, Tessa . Todo lo que tenga que ver contigo me incumbe.
—¡Devuélvemelo! —gritó y se levantó de un salto, apañándoselas de alguna forma para no derramar el café cuando lo soltó en el asiento.
Unas sombras la envolvieron, reteniéndola, mientras él desbloqueaba el teléfono. Enarcó las cejas cuando leyó el breve intercambio de mensajes antes de que su mirada volviera a dirigirse a ella.
—¿Quieres salir a correr?
—Quiero salir a correr con Axel —puntualizó, dando por perdido el teléfono, y se cruzó de brazos. La oscuridad de Theon se deslizó por su torso y sus zarcillos se le enredaron en el pelo.
—No —respondió a secas y le tendió el teléfono—. Pero, tal y como Axel ha dicho, puedes salir a correr conmigo.
Sin cogerlo, le dijo:
—No quiero salir a correr contigo.
—Pues te quedas sin correr.
—Pues vale.
Theon suspiró, exasperado.
— Tessa .
— Theon —lo imitó con burla.
Apretó los labios, y el músculo de siempre se le contrajo en la mandíbula.
—Mandaré a Pen a por ropa de deporte para ti más tarde. Podemos empezar mañana por la mañana.
—¿Te has quedado sordo de la noche a la mañana? He dicho que contigo no quiero.
—Considéralo una consecuencia, entonces —respondió. Se encaminó a la cocina, deteniéndose por el camino para dejar el teléfono en su escritorio. Sus sombras siguieron envolviéndola un rato más antes de alejarse de ella, arrastrándose por su piel como si no quisieran irse.
—¿Una consecuencia? ¿De qué?
—No podías apartarte de mi vista ni de mi lado durante más de un par de minutos —dijo por encima del hombro.
—¡ Theon ! —chilló y lo persiguió dando pisotones—. ¡Estabas dormido!
Este no dijo nada. Solo se sirvió una taza de café antes de volver a girarse hacia ella y alzar una ceja con aire interrogante.
—¿Lo dices en serio? —preguntó ella.
—Tan en serio como los Abismos del Tormento —respondió con un asentimiento. Tessa se quedó mirándolo, de piedra—. Haré que nos traigan el desayuno —añadió tras un instante y pasó por al lado de ella, café en mano.
Tessa se dio la vuelta y lo siguió hasta el dormitorio, al que había ido en busca de su teléfono.