Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 12
29%

Capítulo 12

Tessa

Unos dedos le estaban acariciando el pelo.

Calentita y tranquila, se encontraba acurrucada contra una dura pared de músculo a su espalda.

Los dedos se retiraron de su pelo y empezaron a deslizarse de arriba abajo por la piel desnuda de su brazo, erizándosela a su paso.

Se sentía… ¿satisfecha? ¿A salvo? No estaba segura.

Ambas eran sensaciones nuevas para ella.

Cuando Tessa abrió los ojos, una tenue luz brillaba más allá de las puertas del balcón.

Apenas estaba amaneciendo. Se giró para mirar el reloj de la mesita de noche, pero, en su lugar, sus ojos se toparon con unos verdes esmeralda y se perdió un poco en ellos.

No podía identificar ninguna de las emociones que reflejaba su rostro, porque lo cierto era que no había ninguna.

De hecho, sus facciones estaban desprovistas de cualquier cosa que pudiera darle la más mínima pista sobre el humor con el que se había despertado y aquellos sentimientos efímeros de seguridad y satisfacción se desvanecieron enseguida.

Con un suspiro, Theon se apartó de ella y se quitó las sábanas de encima.

—Voy a hacer café. Cuando vuelva, tendremos la primera conversación de muchas.

Sin mirar atrás, se marchó de la habitación, descalzo.

Tessa se sentó y se frotó los ojos para desperezarse.

La última vez que había descansado así de bien no se había despertado en tres días.

Sabía que era porque había dormido acurrucada contra Theon y, pese a ser consciente de lo que le esperaba, se sentía como nueva.

Se levantó de la cama y fue al baño para lavarse los dientes.

Después de cepillarse el pelo, encontró una de las camisetas térmicas de Theon y se la puso.

Le quedaba un largo día por delante. Quería llevar ropa cómoda, no ajustada.

Acababa de regresar al dormitorio cuando Theon entró con dos tazas de café.

Paró en seco y la recorrió con la mirada antes de seguir andando y dejar las tazas sobre la mesita que había entre los sillones.

—Siéntate —le pidió, y señaló la silla con la cabeza.

Tessa solo vaciló un momento antes de tomar asiento. Conocía las reglas del juego. Cuanto menos combativa estuviera hoy, menos duras serían las consecuencias.

Menos tiempo pasaría encerrada a oscuras.

Theon cogió una taza y se la tendió. Ella envolvió de inmediato el recipiente de cerámica caliente con las manos, absorbiendo el calor.

— Tessa , ni siquiera sé por dónde empezar —dijo Theon y comenzó a caminar de un lado para el otro delante de ella mientras se pasaba las manos por el pelo—. Lo que pasó en la cena de la otra noche no puede volver a repetirse.

—Opino lo mismo —respondió, y se llevó la taza a los labios.

Él se quedó quieto y la miró.

—¿De verdad?

—Oh, sí —prosiguió—. Claro que sí. Es la última vez que me haces sentarme a tus pies. —Lo observó con cuidado por encima de la taza mientras daba otro sorbo de cafeína.

—Eso no era… —Se frotó la cara con la mano y, cuando volvió a mirarla, algo había cambiado en sus ojos y en su expresión. Ahora eran más duros, más oscuros—. No, Tessa . No puedes volver a desobedecerme de esa forma. No en público y mucho menos delante de mi padre.

—¡Se me cayó el tenedor, Theon ! —gritó—. Ni lo tiré por los aires ni traté de apuñalar a alguien ni intenté peinarme con él. Se. Me. Cayó.

Él frunció el ceño, confundido.

—¿Por qué intentarías peinarte con un tenedor?

—Tiene púas. Como los dientes de un cepillo. Aunque sería un cepillo muy pequeño. Pero, si te pilla en un aprieto, probablemente funcionaría —explicó Tessa y se encogió de hombros.

Theon se quedó mirándola un buen rato.

—Algo me dice que las similitudes entre un tenedor y un peine no son muy importantes ahora mismo…

—No. Tienes razón. Lo importante es que me obligaste a sentarme a tus pies como a uno de tus puñeteros lobos porque se me cayó el tenedor sin querer.

Theon soltó una risa amarga.

—Mis perros de caza se comportan mucho mejor que tú —murmuró entre dientes.

Poco impresionada, lo fulminó con la mirada y le sacó el dedo.

Él se movió tan rápido que ella se sobresaltó y se salpicó los pantalones de café.

Se cernía sobre ella con las manos apoyadas en los reposabrazos a ambos lados de su cuerpo.

Le arrebató la taza de la mano y la dejó en la mesa antes de volver a centrar toda su atención en ella.

—Dioses, Theon —gruñó Tessa mientras se llevaba una mano al pecho—. ¿A qué coño ha venido eso?

—Este es justo el tipo de comportamiento que no pienso tolerar, Tessa —dijo y ella se quedó inmóvil al oír su tono amenazante—. He intentado darte tiempo para que te adaptaras. Te he dejado tener tus rabietas y…

—¿Rabietas? —repitió Tessa , indignada, y se enderezó, haciendo que su cara quedara a centímetros de la suya—. ¡Me lo has quitado todo !

Theon chasqueó la lengua y se apartó de ella.

—No seas tan dramática.

Ella se puso de pie de un salto.

—¡Ni siquiera he podido traerme mi propia ropa!

Él le restó importancia al comentario con un gesto de la mano.

—Te he dado toda la ropa que puedas necesitar y, encima, de mucha mejor calidad.

—Esa no es la cuestión, Theon —escupió.

—¿No? —replicó—. Si no fueras tan obstinada y dejaras de luchar contra tu destino, verías que puedo darte todo lo que necesites.

—Me has separado de todo lo que conozco, Theon . ¿Es que no lo ves? Me has separado de mi hogar. De mis amigos. Me has robado mi futuro. —A sus costados, los puños no paraban de abrírsele y cerrársele, y la piel estaba empezando a vibrarle con algo que necesitaba salir.

—Te equivocas, Tessa —la contradijo Theon , negando con la cabeza—.

¿Tu hogar? Ya te habrías despedido de él.

Estarías en la Acrópolis hasta que el año de Selección terminara y, luego, irías al reino que te asignaran.

¿Tus amigos? Lo más probable es que te hubieran separado de ellos cuando te dieran un destino.

Incluso aunque os dieran el mismo, los reinos son enormes.

Habríais acabado separados de todas formas.

¿Y tu futuro? Eres una fae. Tu propósito siempre ha sido servir a los legados de una forma u otra.

Probablemente el cambio haya sido a tu favor.

—¿De dónde sacas eso? —ladró Tessa , alejándose de él.

—Convertirte en mi fuente es mejor que cualquier otro destino que te pudiera haber tocado —respondió Theon .

—¿Como por ejemplo?

Él sacudió la cabeza.

—Eso no importa, Tessa . Es más, nada de eso importa. Cuando te volviste mía…

—¡No soy tuya!

La mano de Theon salió disparada y sus dedos le rodearon la garganta.

—Lo eres, Tessa . Eres mi fuente.

—Eso no me hace tuya —gruñó mientras intentaba zafarse de él, pero sus dedos solo la apretaron más fuerte hasta que apartó la mano de un tirón, como si hubiera tocado algo ardiendo.

Se marchó airado de la habitación y dejó a Tessa delante de la chimenea, preguntándose qué cojones acababa de pasar, pero regresó un minuto después con una tableta.

Tessa entrecerró los ojos cuando le dio la vuelta para que pudiera ver la pantalla.

Era un documento sobre ella. Su propia cara le devolvía la mirada desde la foto en la esquina superior derecha.

La primera página contenía detalles sobre su vida: dónde se había criado, atributos físicos, predicciones elementales.

Theon le bloqueó la vista cuando pulsó algo cerca de la parte inferior de la pantalla.

Ubicación actual: Reino de Arius

Theon St. Orcas, amo, tomó posesión en la 5622.ª ceremonia de apertura de la Selección, asumiendo dominio absoluto

Theon había firmado abajo, suscribiéndolo.

Con una mano temblorosa, hizo el amago de deslizar la pantalla, pero él apartó la tableta antes de que pudiera ver algo más.

—¿Qué es eso? —preguntó con voz áspera.

—Tu documentación. Todos los fae la tienen.

—¿Documentación para qué?

—Para llevar un registro de vosotros y saber qué reino es responsable de cada uno.

Era consciente de que a los fae se les consideraba menos que a los legados, pero ¿hasta el punto de tenerlo por escrito? Dioses. Los mortales tenían más derechos que ella.

No podía estarse quieta y se estaba poniendo de los nervios; algo oprimía todo su ser, ansioso por ser libre. No paraba de cambiar el peso de una pierna a otra, de pasarse la mano por el pelo largo y tirarse levemente de él. Theon la miraba con recelo.

—Antes de irnos de la Acrópolis, tuve que firmar un documento de transferencia para poder sacarte del Panteón —dijo cuando ella permaneció callada.

Documentación. Documento de transferencia. Podía llamarlos como quisiera, pero eso no cambiaba lo que eran.

Registros de propiedad.

Cuando volvió a hablar, lo hizo con la misma calma, pero no había rastro de amabilidad en su tono:

—Eres mía, Tessa . Lo que dices y haces me afecta directamente y, aunque puede que tú no lo veas así, todo lo que hago es para protegerte y cuidarte.

—Solo lo haces porque soy tu fuente —escupió Tessa —, no porque te importe . Lo haces porque me necesitas.

—Piensa lo que quieras —dijo y se encogió de hombros—. Pero, incluso si fuera verdad, esto podría ser un intercambio mutuamente beneficioso. Tú me das lo que necesito y yo te doy todo lo que necesites.

—¿Y pretendes que acepte así, sin más, que soy una posesión a la que usarás y drenarás cuando lo consideres oportuno?

—No tiene por qué ser así. ¿Es que no lo entiendes?

—preguntó Theon . Se acercó a ella y le agarró las manos cuando hizo el ademán de volver a tirarse del pelo.

Ante el contacto, unas descargas de placer la atravesaron y se estremeció—.

¿Ves, preciosa? —Su tono se había vuelto grave, lleno de promesas oscuras—.

Sé que sientes lo mismo que yo cuando nos tocamos, cuando estamos cerca del otro.

—Solo porque estoy obligada a sentirme así —respondió e intentó apartar las manos de las suyas, pero tampoco le puso mucho empeño. En cambio, Theon se la acercó de un tirón, le rodeó la cintura con los brazos y presionó la frente contra la suya.