Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 11 #4
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Capítulo 11 #4

Se estaba aclarando el acondicionador del pelo largo cuando detectó movimiento a través de la mampara de la ducha.

Theon ni siquiera le echó un vistazo mientras atravesaba el baño para ir al armario.

Él también se había quitado la camiseta y tenía los vaqueros desabrochados.

Puede que no la hubiera mirado, pero ella sí que le había pegado un buen repaso.

Dándose cuenta de repente de que probablemente se le había acabado el tiempo, terminó rápido de enjuagarse el pelo antes de cortar el agua y coger sus toallas.

Cuando se hubo secado y envuelto el pelo en una, entró con cautela en el vestidor donde, en efecto, le había dejado ropa sobre la cómoda.

Pero Theon ya no estaba allí. Se puso deprisa los pantalones holgados y la camiseta de tirantes que había elegido para ella.

Sabía que acabaría cogiendo una térmica para dormir cuando se fuera a la cama.

La fina sábana que tenía ni de coña la abrigaría lo suficiente, y en esa habitación hacía un frío que pelaba.

Regresó al cuarto de baño para peinarse el pelo, ya temiendo lo que tardaría en desenredárselo incluso después de usar acondicionador.

Theon volvió a entrar cuando se estaba pasando el peine de forma metódica por los mechones.

Se detuvo nada más entrar, se apoyó contra el marco de la puerta y se cruzó de brazos.

—Yo también necesito ducharme.

—Vale… —dijo ella, despacio, y fue a soltar el peine en el lavamanos.

—No tienes permitido salir del baño mientras lo hago.

—No pienso quedarme aquí mientras te duchas, Theon —protestó.

—Lo harás, Tessa . Te quedarás aquí, donde pueda verte, todo el tiempo —respondió mientras se adentraba más en el baño.

—Ni que fuera a desaparecer —murmuró.

Theon la miró con una frialdad que la hizo encogerse.

—Ni se te ocurra irte del baño, Tessa —repitió antes de pasar por su lado—. Si tengo que perseguirte desnudo, no me hago responsable de lo que pase cuando te pille.

Tessa caminó hasta el banco del tocador. El sonido de Theon quitándose la ropa y tirándola al suelo llegó a sus oídos antes de que se volviera a encender la ducha. Le dio la espalda con determinación, ignorando la molesta voz que le decía que echara un vistacillo por encima del hombro.

Unos minutos después, el grifo se cerró y él apareció con una toalla alrededor de la cintura.

—No te muevas —dijo sin mirarla mientras se dirigía al armario.

Tessa frunció el ceño y se cruzó de brazos. Él volvió en menos de un minuto con unos pantalones cómodos y sin camiseta. Le recorrió con la mirada el torso musculado y el caminito de vello que desaparecía bajo la cintura de sus pantalones. Una parte de ella quería tocarlo. La otra quería apuñalarlo.

O hacerle sentarse a sus pies bajo una puta mesa.

—¿Necesitas comer o beber algo antes de irnos a la cama? —preguntó, interrumpiendo sus pensamientos.

Ella negó con la cabeza. Lo cual no fue muy inteligente por su parte. La experiencia le decía que la comida probablemente escasearía en los próximos días. Apenas había probado bocado, pero tampoco tenía hambre después de cómo había terminado.

Theon asintió una vez antes de salir del baño.

Tessa suspiró y se levantó, pero, en lugar de seguirle hasta su dormitorio, atravesó el vestidor para llegar a su pequeño espacio.

Frunció el ceño cuando vio que a la cama le faltaba la sábana, pero, antes de que pudiera preguntar, Theon la llamó desde la otra habitación.

—Hoy no vas a dormir allí.

Se tensó y se marchó, airada, a su habitación. Abrió la cama y se giró para poner a cargar el móvil en la mesita de noche.

—¿Dónde está mi sábana? —preguntó.

—Me la llevé a los establos para que Kacela y Rigel pudieran olfatearte y localizarte en el bosque. Yo diría que sigue allí —respondió con tranquilidad.

—¿Y qué uso yo ahora para taparme?

—Las que hay en la cama —contestó mientras lanzaba una mirada significativa al edredón.

—No voy a dormir en una cama contigo.

La mirada de Theon se clavó en la suya de golpe y Tessa miró con una mueca la oscuridad que atravesó sus iris.

—Dormirás en esta cama conmigo, Tessa . Has estado horas desaparecida .

El vínculo exige que estemos cerca ahora mismo, pese a haber estado tan pegados a lomos de Osiris y lo que hemos hecho en la mesa.

Así que sí, vas a dormir en esta cama conmigo hoy.

Vas a dormir aquí conmigo hasta nuevo aviso porque eres mi fuente y es tu deber.

Tessa abrió y cerró la boca, sin saber qué decir. Lo vio meterse en la cama.

Con una mirada severa, dijo:

—Ven a la cama, Tessa . Si yo estoy cansado, no me quiero ni imaginar cómo estás tú después de pasarte la mitad del día deambulando por el bosque. —Cuando siguió sin moverse, soltó un suspiro—. No me hagas embelesarte. Mañana va a ser un día agotador para los dos. Te vendría bien descansar.

—¿Por qué va a ser un día agotador? —preguntó Tessa , quedándose estancada en esa palabra.

—Porque mañana hablaremos de la cena de anoche, lo que ha pasado hoy, cómo van a cambiar las cosas de ahora en adelante y todo lo demás. Ahora, ven a la cama.

Theon la observó con desconfianza cuando finalmente empezó a caminar. La siguió con la mirada hasta que se tumbó al filo de la cama, lo más lejos posible de él. Volvió a suspirar en voz alta antes de rodearle la cintura con el brazo y arrastrarla por la cama.

Tessa intentó tensarse contra él, pero su cuerpo no cooperaba.

En su lugar, todos los músculos se le relajaron y se acurrucó contra su pecho desnudo.

Él le pasó el otro brazo por debajo del cuerpo para rodearle los hombros y apretarla contra él.

Cuando recostó la cabeza contra su hombro, se le cerraron los ojos casi al instante y notó el más ínfimo roce de unos labios en la coronilla.

Su interior era un caos de emociones y, por más que lo intentaba, no podía distinguir las que eran suyas de las que le provocaba el vínculo que se le había impuesto.

Tuvo la imperiosa necesidad de pedirle perdón por el día que le había dado.

Si él había sentido la mitad de la angustia que ella con cada paso que daba, sabía que había sufrido.

Aunque la cosa no parecía funcionar igual para él.

Pero, claro, puede que una disculpa en ese momento suavizara la reprimenda que se llevaría por la mañana.

En el poblado siempre parecía recuperar más rápido el privilegio de comer cuando admitía tener la culpa de inmediato, aunque no lo dijera en serio.

Respiró hondo y susurró:

—¿ Theon ?

—Esta noche no, Tessa . Esta noche no tengo fuerzas para lidiar con esto —murmuró.

Los labios de Tessa formaron una mueca. ¿Qué significaba eso? ¿Que no tenía fuerzas para mantener una conversación? ¿O para lidiar con ella en general?

«Eres demasiado problemática».

—Pero…

—Basta, Tessa —soltó en tono brusco—. Lo hablaremos por la mañana.

Tessa no respondió. Solo asintió una vez con la cabeza para indicar que lo había pillado.

Supo que Theon se había quedado dormido cuando su respiración se volvió profunda y regular.

Pero ella seguía despierta mientras su mente divagaba e imaginaba todas las formas en que Theon podría castigarla al día siguiente.

La cabeza le iba a toda velocidad y entró en una espiral de pensamientos hasta que acabó contando.

«Uno, dos, tres».

Era algo que había empezado a hacer cuando era pequeña para soportar cualquier método que la Madre Cordelia estuviera usando para «arreglarla».

Se le había hecho costumbre y siempre terminaba contando cuando necesitaba una escapatoria.

Contaba los segundos, convenciéndose de que era capaz de hacer cualquier cosa durante un segundo.

Y otro. Y otro más. Un segundo más se convertía en un minuto más y este en una hora más.

Pero no había tenido que contar mucho desde que conocía a Dex y al resto. Ellos se habían vuelto los segundos, los minutos y las horas, ayudándola a respirar hasta que la luz se colaba por las grietas de la oscuridad.

«Cincuenta y seis, cincuenta y siete, cincuenta y ocho».

Contó hasta bien entrada la noche. Hasta que el sueño, finalmente, pudo con ella.