Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

Tessa tragó con dificultad mientras Theon la guiaba por los senderos del jardín y de vuelta a la casa.

Estaba claro que se conocía la zona como la palma de su mano, pero ella avanzó a trompicones en la oscuridad.

Había estado temiendo ese momento. Enfrentarse a Theon y al posible castigo al que la sometería por intentar huir, no.

Pero ¿volver a poner un pie en esa casa?

Dos lágrimas silenciosas le rodaron por las mejillas cuando Theon le abrió la puerta y le indicó que pasara primero.

Este apretó los labios cuando se dio cuenta de que estaba llorando, pero no hizo comentarios al respecto y entró detrás de ella por la puerta lateral del ala este.

Arrastró los pies mientras subían las escaleras y recorrían el pasillo hasta el apartamento de Theon . Los hechizos protectores les dejaron vía libre cuando le reconocieron y la hizo cruzar el umbral de un tirón. Axel se levantó del sofá al instante.

—Gracias a los dioses que la habéis encontrado —dijo acercándose a ellos. Theon al fin la había soltado y se estaba quitando la chaqueta y las botas.

—Sí. Kacela y Rigel han hecho un trabajo excepcional, como siempre —respondió Theon .

Axel estaba mirando a Tessa con los ojos esmeralda llenos de preocupación.

—¿Necesitas que haga algo o…? —Se calló mientras paseaba la mirada entre los dos.

—No —contestó Theon y se sacó la camiseta de la cintura de los vaqueros—. Mañana desayunaremos tarde. A media mañana. Puedes venir si quieres.

—¿Va a venir Luka esta noche? —preguntó Axel con cautela.

—No —contestó Theon , se dirigió a la cocina y sacó una botella de whisky del mueble bar—. Necesito estar a solas con mi fuente para aclarar un par de cosas —añadió mientras se servía el licor y le daba un trago.

Tessa se encogió al oír las palabras.

«Mi fuente».

Y no su nombre.

—¿Seguro que no quieres que me quede un poco más? —insistió Axel con la inquietud tensándole el rostro mientras le echaba otro vistazo a ella, preocupado.

Solo por intentarlo, Tessa podría besarle ahora mismo.

—Buenas noches, Axel —se despidió Theon con tono firme mientras le indicaba que se fuera con los ojos—. Gracias por todo lo de hoy.

Axel le dedicó una mirada de compasión antes de coger el móvil y la sudadera y marcharse en silencio.

Tessa se quedó clavada en el sitio donde Theon la había dejado.

Llevaba las zapatillas llenas de barro y la ropa igual de sucia.

Tenía el pelo hecho un desastre por el viaje de vuelta y la cara irritada por las lágrimas tras los acontecimientos de los últimos dos días.

No se movió a la espera del aluvión de preguntas que estaba segura de que se avecinaba.

¿En qué estaba pensando?

¿En serio pensaba que se saldría con la suya?

¿Adónde creía que iba?

¿Cómo había burlado los hechizos protectores?

¿Por qué no podía limitarse a acatar órdenes?

¿Por qué no podía obedecerle?

«Demasiado rebelde. Demasiado desobediente. Demasiado problemática».

Theon apuró lo que le quedaba de whisky y volvió a dejar la copa en la encimera con un tenue golpe. Apoyó las manos al borde de esta y se la quedó mirando. No fue capaz de leer sus ojos ni la expresión de su rostro, pero le sostuvo la mirada, devolviéndosela.

Tras casi un minuto, empezó a caminar despacio hacia ella y Tessa no pudo evitar dar un paso hacia atrás.

—¿Qué vas a hacer? —susurró.

—Oh, Tessa —dijo con burla—. Tengo tanto que decirte. Tanto que aclarar. Tanto que hacer.

Por cada paso que daba, ella se alejaba otro hasta que se chocó con la mesa del comedor.

Miró a su alrededor, desesperada, intentando encontrar algo con lo que…

¿Qué? ¿Defenderse? No serviría de nada. Había sido testigo de su magia en el bosque, pero sabía que era capaz de mucho más.

¿Y cuando pudiera extraer incluso más poder de ella?

Se convertiría en una fuerza implacable.

—Pero ahora mismo no voy a hacer nada de eso.

—¿No? —suspiró.

—No. —Se detuvo justo delante de ella y sus ojos la recorrieron con una intensidad con la que no supo qué hacer—. Ahora mismo, voy a contar hasta tres y, luego, voy a besarte.

—Vas a… —Se calló, segura de no haber entendido bien lo que había dicho.

—Si no quieres que te bese, dilo antes de que llegue a tres —añadió mientras se encogía de hombros, despreocupado—. Uno.

Invadió más su espacio personal. Sus manos fueron a parar a su cintura para sentarla sin dificultad en la mesa y a Tessa se le cortó la respiración. Estaba demasiado aturdida para procesar lo que ocurría.

—Dos.

Theon le pasó las manos por los muslos hasta llegar a sus rodillas y se las separó para colocarse entre ellas. Le rodeó la nuca con la mano y se inclinó hacia delante para situar los labios a la altura de los suyos.

Abrió la boca para decirle que se detuviera, pero nada salió de ella. El hilo en su interior estaba frenético, expectante, y algo inaceptable se le arremolinaba en el bajo vientre mientras el fuego se abría paso en su interior.

—Tres.

No perdió ni un segundo en tirar de ella para acortar la poca distancia que separaba sus labios.

Ese beso no era tierno y lento, sino apasionado y exigente.

Ese beso se adueñó de todo su ser. Le presionó la lengua contra los labios, pidiendo acceso, y ella se lo dio.

Sabía a noche y humo mientras sus lenguas se enredaban entre sí.

La mano que le sujetaba la nuca impedía que se moviera mientras que la que le agarraba la cadera se abría camino bajo las capas de ropa para rozarle la piel desnuda.

La piel le cosquilleaba allí donde la tocaba y sus dedos parecían dejar pequeñas descargas de energía a su paso. Jadeó cuando la mano subió hasta su pecho y se lo apretó por encima del sujetador.

Puto vínculo.

Pero ¿y si no era el vínculo?

No lograba concentrarse lo bastante para que le preocupara mientras su boca se separaba de la de ella y empezaba a descender por un lado de su garganta.

Tessa le hundió la mano en los sedosos mechones de pelo negro, aferrándose con la otra al borde de la mesa.

Estaba intentando recordarse a sí misma que la única razón por la que se sentía así era el vínculo.

Que, si no fuera por él, no estaría dejando que la tocara, pero no podía pensar en nada que no fueran sus labios contra su cuello, chupándoselo y acariciándoselo.

A ese paso, iba a dejarle otro tipo muy distinto de marca en la piel y a una parte de ella le dio igual, abandonándose al placer.

Cuando un suave gemido se le escapó de los labios, Theon soltó un gruñido grave. Sus manos se apartaron de su cuerpo para agarrarle el bajo de la sudadera y sacársela por la cabeza en un movimiento ágil. No tardó en volver a besarle la piel, la boca.

Le deslizó las manos por los costados, sobre las caderas, a lo largo de los muslos, como si no se cansara de tocarla, y ella no se cansaba de que lo hiciera.

Incapaz de contenerse más, Tessa le rodeó el cuello con la otra mano, acercándolo hacia sí.

Él volvió a gruñir en señal de aprobación y una de sus manos se coló otra vez bajo la camiseta térmica.

Sus dedos le recorrieron la columna vertebral.

Theon le enrolló la coleta alrededor del otro puño y tiró de ella para inclinarle la cabeza hacia atrás.

Ante el jadeo que profirió, se separó y le mordisqueó el labio inferior.

Tenía los ojos oscurecidos por el deseo cuando la miró, y la respiración tan acelerada como la suya.

Parecía buscar algo en sus ojos y no supo si lo había encontrado o si se había rendido cuando le dijo con voz ronca:

—Ve a ducharte, Tessa . Te dejaré ropa en el armario. Tienes cinco minutos antes de que vaya al baño a por ti.

Todavía intentando pensar con la cabeza aturdida por la lujuria, Tessa parpadeó varias veces.

—No… no puedo ducharme en cinco minutos. Estoy hecha un desastre.

Theon le soltó el pelo y se enderezó, obligando a Tessa a inclinar la cabeza hacia atrás aún más para mirarlo a la cara.

—Si crees que pienso perderte de vista más de cinco minutos en un futuro cercano, estás terriblemente equivocada.

Tienes suerte de que no me meta en la ducha contigo.

Si no para terminar lo que estábamos haciendo aquí, al menos para asegurarme de que no das con la forma de colarte por el puñetero desagüe.

Sus palabras hicieron que se sonrojara y bajó la vista, mordiéndose el labio inferior. Theon retrocedió y ella casi se cayó de la mesa.

—Vete, Tessa . Se te acaba el tiempo.

Se apresuró a bajar y atravesó corriendo la habitación rumbo al dormitorio de Theon .

Se quitó la camiseta por el camino y se deshizo de las zapatillas que de seguro habían dejado un reguero de barro a su paso.

Se desvistió en el cuarto de baño sin molestarse en meter la ropa en el cesto de ropa sucia que había en el armario mientras abría un par de alcachofas con agua tibia.

Pese al frío que hacía fuera, le ardía la piel después de lo que acababa de pasar en la mesa.

Pero ¿qué acababa de pasar en la mesa?

No había esperado más que ira y rabia por parte de Theon y, en cierto sentido, así había sido.

Apenas le había dirigido la palabra tras encontrarla subida a un árbol y había parecido disfrutar, aunque fuera un poco, de darle un susto de muerte cuando la había apartado de aquella rama con su magia.

Luka sin duda había dejado caer que Theon tenía planes para ella y a Axel había parecido ponerle nervioso la idea de dejarla a solas con él.

Así que, ¿por qué había hecho eso ?