Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 11 #2
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Capítulo 11 #2

—Pues deberías, preciosa, y mucho —respondió mientras una sonrisa cruel le retorcía los labios. La oscuridad empezó a enroscarse y arremolinarse alrededor de sus pies, extendiéndose por el suelo como una niebla densa. Se distinguía a la perfección, incluso bajo la tenue luz del anochecer.

Theon alzó las palmas y Tessa abrió mucho los ojos cuando la oscuridad reptó por ellas como serpientes. Unas sombras más oscuras que la noche se retorcieron y serpentearon árbol arriba en su dirección. Intentó alejarse de ellas, pero ¿adónde iba a ir? Estaba subida a un puto árbol.

Mira que era tonta. ¿A quién se le ocurría quedarse atrapada en un árbol?

A alguien insensato e impulsivo. Por ejemplo.

La oscuridad se le enrolló alrededor de la cintura antes de tirar de ella de forma repentina, apartándola de la rama a la fuerza y dejándola a casi cinco metros del suelo.

Tessa soltó un grito cuando la dejó en el aire y él alzó la vista hacia ella con una sonrisa de satisfacción en la boca.

Tras terminarse su recompensa, sus lobos se sentaron, obedientes, a su lado y, en ese momento, lo único que Tessa podía ver era al mismísimo dios de los finales mirándola.

Vio todo lo que su estirpe entrañaba. El poder y la muerte emanaban de él en oleadas. Y la oscuridad. Tanta oscuridad.

Como si el suelo hubiera desaparecido bajo sus pies, Tessa se precipitó hacia el terreno del bosque.

Otro grito le desgarró la garganta, pero las sombras que se aferraban a su cintura tiraron de ella para frenar la caída y la depositaron de pie en el suelo.

Los lobos se habían levantado y estaban soltando unos gruñidos graves, pero Theon avanzó con decisión.

Tessa retrocedió hasta que se chocó con el árbol que había trepado.

Él no se detuvo y se puso justo delante de ella, obligándola a inclinar la cabeza hacia atrás para mirarlo. ¿Qué pensaba hacerle?

—¿Estás herida? —le preguntó con un tono formal y autoritario. Le sostuvo el rostro con las manos y le movió la cabeza de un lado al otro antes de examinarle el resto del cuerpo metódicamente. No esperó a que respondiera; le curó los rasguños y moratones que se fue encontrando a su paso.

Cuando tuvo por seguro que estaba bien, la agarró del codo y se la llevó a rastras hasta su enorme caballo.

Con un movimiento de dedos, su oscuridad volvió a envolverla y el contacto le arrebató un grito ahogado cuando la alzó en el aire para subirla a lomos del caballo.

Theon se montó detrás de ella y extendió el brazo para asir las riendas.

Tessa no sabía qué hacer ni cómo sentarse. Nunca se había subido a un caballo.

Como si acabara de percatarse de ello, Theon le habló bajo al oído:

—Relájate y apóyate contra mi pecho, Tessa . Nos queda un buen camino por delante y estarás muy incómoda si te quedas así sentada todo el rato.

Su brazo le rodeó la cintura como había hecho la oscuridad y tiró de ella hacia el espacio entre sus piernas.

Tessa fue incapaz de contener el suave gemido que se escapó de sus labios cuando el placer le subió por la columna vertebral.

Sin pensar, se presionó más contra él y pegó la espalda contra su pecho.

—Yo estaba pensando lo mismo —murmuró y sus labios le rozaron la oreja—. Pero esa conversación la tendremos cuando estemos de vuelta en nuestros aposentos.

Tessa se tensó ante lo que eso implicaba mientras Theon azuzaba al caballo para que se pusiera en marcha.

Se aferró corriendo al pomo de la montura para mantener el equilibrio, pese al brazo que la rodeaba con fuerza.

Quería pensar que no dejaría que se cayera del caballo, pero la única vez que había decidido confiar en él, la había metido debajo de una mesa.

Theon soltó un fuerte silbido y los lobos alcanzaron al caballo, manteniéndose cerca de su amo. Luka se colocó a su lado y ambos cabalgaron con un trote constante.

Lo hicieron durante más de dos horas, recorriendo la misma distancia que ella había tardado toda la tarde y parte de la noche en atravesar. Todo ese trabajo y esfuerzo para nada y, a pesar de intentar relajar la postura, seguía tensa contra Theon . Pero daba un calorcito…

«No».

Era el puñetero vínculo el que le provocaba esa sensación.

Vislumbró la Mansión Arius cuando subieron a la cima de una pequeña colina y dio una bocanada de aire mientras los caballos bajaban el ritmo. Los lobos jadearon, sin duda tan cansados como ella.

—Mejor hacemos el resto del camino a pie —le dijo Theon a Luka , hablando por primera vez desde que la había bajado del árbol—. Los perros necesitan descansar.

—Han hecho un buen trabajo hoy —comentó Luka con aire despreocupado—. Hace tiempo que no salgo a cazar con ellos.

Tessa resopló. «Cazar». Ese día la habían cazado. El brazo con el que Theon aún la rodeaba firmemente se tensó al notar su desaprobación.

—Me planteé llevarme a dos de los más jóvenes, pero necesitaba a mis mejores sabuesos —respondió Theon .

Luka se encogió de hombros mientras reflexionaba.

—Cierto. Aunque deberías llevarte a un cachorro con Kacela en algún momento. Aprendería de ella.

—Tienes razón. Si Rigel es así de bueno es por eso. No salgo a cazar tanto como antes.

Montaron en silencio un poco más hasta que Luka dijo:

—Sabes que a Absko y Eyal no va a hacerles gracia que los hayamos dejado allí hoy, ¿no?

Theon soltó una carcajada.

—Ni que pudiéramos montar dos caballos a la vez.

—A ellos eso les da igual —murmuró Luka —. No va a haber mozo de cuadra que pueda con ellos hasta que los saques.

Theon guardó silencio unos segundos antes de decir:

—Tal vez dentro de un par de días pueda salir con ellos. Pero los próximos dos días los tengo hasta arriba.

—Ah, ¿sí? —preguntó Luka con una curiosidad exagerada.

Su tono despertó el interés de Tessa , que lo miró de soslayo y se sorprendió al ver que este la estaba observando fijamente.

Deprisa, volvió la vista al frente y tragó con nerviosismo.

Su ritmo se asemejaba más al de un paseo ahora y no veía el momento de bajarse del caballo y alejarse de los brazos de Theon .

Dio un respingo cuando el vínculo la castigó por pensar eso. Se había pasado las dos últimas horas zumbando de la alegría. Se había olvidado de lo cruel que era, a pesar de llevar casi todo el día lidiando con él.

—¿Qué pasa? —preguntó Theon . Notó que agachaba la cabeza para hablarle.

Negándose a mirarlo por encima del hombro, fue escueta:

—Nada. Estoy bien.

—Entonces, ¿qué ha sido eso? ¿Por qué has dado un bote?

Apretó los labios y la ignoró.

Antes de que Theon pudiera insistir en que respondiera, Luka volvió a hablar:

—¿Por qué tienes los próximos dos días hasta arriba, Theon ?

Theon se enderezó. Habían llegado a los senderos de los jardines y dirigió el caballo hacia lo que Tessa supuso que eran los establos.

—Sabes perfectamente por qué tengo los próximos dos días hasta arriba —respondió.

—Yo sí. Pero ¿y ella?

Tessa se tensó. No quería saber qué tenía que ver ella con los dos próximos días de Theon .

—Pronto lo sabrá —contestó Theon .

No dijeron nada más hasta que llegaron a los establos.

Theon se bajó y cayó con gracia. Hincó una rodilla y la dejó a lomos del caballo mientras elogiaba a sus lobos por su excelente trabajo.

Estos se frotaron contra él y le lamieron las manos y la cara y Tessa no pudo evitar preguntarse cómo había sido capaz de adiestrar a lobos .

Luka también había desmontado. Desató una alforja y le entregó las riendas a un mozo.

—Asegúrate de que los cepillan bien. Hoy han trabajado duro.

El fae asintió y, mientras se llevaba al caballo de Luka , de una cuadra provino un fuerte resoplido. Otro enorme caballo negro asomó la cabeza por la puerta y empezó a darle coces a la cuadra.

—Te lo dije —le recordó sin miramientos Luka a Theon .

Theon se echó a reír mientras desataba algo de la silla en la que Tessa seguía atrapada. ¿Cuánto pensaba dejarla allí arriba?

—Que no se mueva —dijo y le dio las riendas a otro mozo expectante.

Ella observó consternada cómo la dejaba allí y se dirigía al caballo resentido. Mientras se acercaba, otro caballo más asomó la cabeza y le resopló a Theon directamente al oído. Era como si el caballo hubiera planeado un ataque sorpresa.

—Oye, ya —lo regañó Theon , pero con un tono de todo menos de enfado. Apartó al caballo por el hocico—. Te sacaré pronto. Lo prometo. —El caballo volvió a resoplar y Theon rebuscó en la alforja hasta sacar una manzana—. ¿Tregua?

Al principio, no parecía que la gran bestia fuera a aceptar la fruta, pero, entonces, se la arrebató en un abrir y cerrar de ojos de la palma extendida. El primer caballo relinchó, disgustado.

—Tranquilo, Absko —le riñó Theon —. También tengo una para ti.

En cuanto parecieron satisfechos, Theon regresó junto al caballo sobre el que Tessa seguía sentada.

Se colgó la alforja del hombro y, entonces, hizo un gesto con la muñeca.

Unas sombras aparecieron y volvieron a rodearla.

No fueron tan bruscas como al apartarla del árbol, pero, aun así, le costó horrores no ponerse a gritar cuando la levantaron del caballo.

Cuando sus pies tocaron el suelo, se tambaleó un poco después de tanto tiempo sin usar las piernas, pero Theon la sostuvo. Con las manos en sus caderas, esperó a que recuperara el equilibrio antes de agarrarla del codo.

—¿Puedes llevar a Kacela y Rigel a las perreras y asegurarte de que les den comida y agua? —le preguntó Theon a Luka .

—Por poder, puedo —respondió lentamente Luka , mirándolos a ambos.

—Gracias. Nos vemos mañana para desayunar. Tarde. ¿A media mañana, por ejemplo?

Tessa se sobresaltó. No. Luka tenía que estar presente esa noche. No dejaría que se enfrentara a Theon sola, ¿no?

Luka se quedó callado un buen rato y, finalmente, soltó un suspiro.

—¿Seguro que no quieres que te ayude esta noche?

—No será necesario —respondió Theon , cortante, y tiró de ella hacia la puerta—. Hasta mañana.