Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 11
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Capítulo 11

Tessa

El sol ya se encontraba en lo alto del cielo cuando pasó por encima de la barandilla y avanzó de lado por aquella estrecha repisa hasta el enrejado de hiedra trepadora.

Le había suplicado a cualquiera que no fueran los dioses para que aguantara su peso cuando, cautelosa, puso a prueba su resistencia y soltó un suspiro de alivio mientras bajaba por él.

Los hechizos protectores se le habían presionado contra la piel y eran de los fuertes.

Algunos los notaba, pero más porque sabía que estaban allí que por otra cosa.

Pocos ejercían una presión real para prohibirle la entrada.

O, en ese caso, la salida. Los más débiles no los notaba nada.

Razón por la que acababa donde no debía y se metía en tantos líos de niña.

Nunca había llegado a entender cómo era capaz de burlarlos.

Era algo que siempre había podido hacer, y punto.

Pero había tardado bastante tiempo en comprender lo que pasaba y, para cuando fue plenamente consciente, ya hacía mucho que había descubierto cómo escabullirse sin que la pillaran.

Su habilidad para esquivar los hechizos protectores se extendía a cualquiera que estuviera a su lado, siempre y cuando ella lo tocara.

Era una de las cosas de las que nunca hablaba.

Una de las cosas que la habían ayudado a mantenerse oculta.

Si la pillaba, Theon cuestionaría cómo había sorteado los hechizos protectores.

Así que no dejaría que lo hiciera.

Los aposentos de Theon daban a los jardines traseros de la extensa propiedad.

Al ser consciente de que ni de coña podría burlar a los guardias de las puertas principales, no le había quedado más remedio que ir en esa dirección: hacia el bosque que subía la ladera de la montaña.

La propiedad tenía que terminar en algún momento, ¿no?

Siendo sincera, no le había dado muchas vueltas al plan.

Rara vez lo hacía. Normalmente, había más gente con ella cuando todo se iba inevitablemente a la mierda, pero podía con eso.

Tarde o temprano, daría con una carretera y, entonces…

Bueno, lo de pensar sobre la marcha se le daba genial. Supuso que esa no sería la excepción.

Había esperado a que Axel fuera a ver cómo estaba.

Le había oído colarse en la habitación de Theon para asegurarse de que siguiera…

¿Qué? ¿Allí? ¿Respirando? ¿Viva? Las tres, probablemente.

Había intentado hablar con ella, pero había pasado de él como de Theon .

Eso sí, en cuanto Axel volvió a centrarse en la partida, salió de la cama.

Ya se había cambiado la ropa por unos vaqueros, una térmica y unas zapatillas de deporte, así que lo único que tuvo que hacer fue atarse una sudadera a la cintura y coger el bolsito que había encontrado en el armario.

Había echado un par de botellas de agua, una manzana, queso y un paquete de frutos secos que había cogido de la cocina.

Era lo único que le cabía. Probablemente tampoco habría sido capaz de cargar con más mientras bajaba el enrejado o atravesaba el bosque.

Estaba atardeciendo y se detuvo para desatarse la sudadera y ponérsela por la cabeza. No había tenido en cuenta lo rápido que bajaría la temperatura o cómo entraría en calor por la noche. ¿Dónde pensaba dormir? ¿En una cueva o algo así, tal vez?

¿Y si había osos en la cueva? ¿O algo peor? Corrían rumores sobre la existencia de todo tipo de criaturas en las montañas Ozul. Criaturas que podían volar…

Tessa desterró esos pensamientos de su cabeza y siguió avanzando. Andaría hasta que no pudiera ver, alejándose todo lo posible de la Mansión Arius , y ya se preocuparía del resto después. Tampoco le quedaba otra. De todas formas, trabajaba mejor bajo presión.

El estómago le rugió con fuerza y soltó un suspiro mientras rebuscaba en la pequeña bandolera y sacaba de ella la manzana para comérsela sin dejar de caminar.

Llevaba sin comer desde la cena de la noche anterior.

Otra cosa en la que debería haber pensado antes de bajar tres pisos por un enrejado.

Les echó un vistazo a sus zapatillas llenas de barro.

Ponerse unas botas probablemente también habría sido buena idea.

Pero había actuado sin pensar. Lo único que había tenido en la cabeza era escaparse, alejarse de allí.

Todo su mundo había girado en torno a ese objetivo.

Lo demás había dado igual. No podía pensar en nada que no fuera eso; estaba demasiado vacía por dentro para preocuparse.

Paso a paso. No podía hacer otra cosa. Y con cada paso que daba lejos de aquella casa estaba más cerca de cumplir ese objetivo.

Y, por todos los dioses, estaba fuera. No encerrada en una serie de habitaciones, sino al aire libre. Sin reglas. Sin límites. Nada que la retuviera. Con espacio para respirar.

Cada paso también le provocaba una descarga retumbante en las extremidades, producto de las fuertes quejas del vínculo fuente, que le recordaba que aquella libertad no era real.

Le rogaba que se diera la vuelta y volviera junto a Theon .

La hacía anhelar que la tocara y mucho más.

La presionaba, suplicándole que cediera, que le sirviera, que hiciera todo lo que estuviera en su mano para complacerle.

Apretó los dientes para soportar el dolor al que se había acostumbrado mientras corría y, llegado el momento, bajó el ritmo.

Con el tiempo, eso tampoco le afectaría. O, al menos, eso esperaba.

Los sonidos del bosque mientras pasaba por encima de troncos y atravesaba charcos de barro se habían vuelto reconfortantes. Los animales se removían y los insectos zumbaban. Intentó mantener la mente ocupada mientras el sol desaparecía por el horizonte.

Hasta que oyó aullidos.

Eso sí que no podía ignorarlo.

Eran lobos.

Tessa aligeró el paso; le ardían las piernas de subir la pendiente sin descanso. Tal vez podía alejarse lo suficiente de ellos. Pero, en cuanto aceleró, los aullidos se acercaron, acompañados de ladridos y gruñidos.

A tomar por culo. Los lobos no podían trepar árboles. Si tenía que pasarse la noche abrazada a una rama, que así fuera.

Echó a correr y el bolso se le resbaló de entre los dedos, pero ni se inmutó.

No tenía tiempo que perder. Se resbaló por la tierra aún húmeda por la tormenta de la noche anterior y salpicó barro cuando pisó un par de charcos.

Allí la mayoría de los árboles eran pinos, pero no se percató de los cortes punzantes que le hicieron las agujas en la piel mientras corría entre ellos.

Empezó a trepar el primer árbol escalable que encontró.

¿Cuán alto podían saltar los lobos? ¿Un metro veinte? ¿Cincuenta? ¿Ochenta?

Subió y subió hasta que alcanzó como mínimo la mitad del árbol gigante justo cuando dos enormes lobos negros se abalanzaron desde un claro.

No sabía que existieran lobos tan grandes, pero parecían capaces de saltar más de un metro ochenta.

Los ojos naranjas les brillaban como brasas.

Se acercaron con sigilo a los pies del árbol en el que se encontraba y uno se levantó sobre sus patas traseras, colocando las enormes patas delanteras en el tronco.

Inclinó la cabeza hacia atrás y le aulló al cielo cada vez más oscuro.

El lobo a su lado empezó a rodear el árbol, a coro con su hermano.

¿A cuántos más estaban llamando para que se les unieran? ¿Cuánto tiempo se quedarían allí intentando llegar a ella? ¿Tirarían la toalla en algún momento?

El ruido de ramas rompiéndose y pisadas estruendosas la hizo temblar mientras intentaba trepar más alto. Armas. Traerse algún tipo de arma habría sido buena idea.

«Problemática. Impulsiva. Insensata».

Soltó un grito cuando se le resbaló el pie y se raspó todo el torso con la corteza, interrumpiendo su espiral de pensamientos. Se aferró a la rama que tenía agarrada y se impulsó hasta descansar contra el tronco.

El estruendo de pisadas disminuyó y, luego, cesó.

Tessa contuvo el aliento. ¿Habían decidido no ir al final?

Pero los dos lobos seguían dando vueltas alrededor del árbol, ladrando y arañando el tronco.

El sonido de más ramitas partiéndose por la mitad hizo que girara la cabeza de golpe en esa dirección.

Pero no fueron lobos los que emergieron de entre los árboles, sino un inmenso caballo negro.

No habían sido patas estruendosas, sino cascos.

Los lobos al pie del árbol corrieron hacia el caballo y, luego, de vuelta al árbol, ladrando con entusiasmo.

Pero no eran el caballo negro y los lobos quienes habían llamado su atención, sino el hombre a lomos del caballo que la estaba mirando con la ira de mil espíritus enfadados de las profundidades de los Abismos en los ojos.

Theon mandó detenerse a su caballo a la vez que otro semental igual de gigante aparecía por la dirección contraria. Luka se encontraba a lomos de ese y, cuando sus ojos localizaron a Tessa , parecieron brillar levemente.

Theon soltó un fuerte silbido mientras se bajaba del caballo. De inmediato, los dos lobos guardaron silencio y se sentaron al pie del árbol.

El legado rebuscó en la alforja atada a su montura y, mientras se acercaba a los lobos, le lanzó a cada uno carne de algún tipo.

Los lobos devoraron enseguida su recompensa; sus suaves gruñidos llegaron hasta ella.

Finalmente, volvió a mirarla con esos ojos verde esmeralda.

De por sí no podía moverse, pero, ahora, tampoco podía respirar.

El vínculo estaba retorciéndose en su pecho, prácticamente tirándola del árbol para reunirse con él.

—En estos bosques hay cosas mucho más aterradoras que mis sabuesos —canturreó su suave voz, llegando hasta ella.

—No te tengo miedo, Theon —replicó Tessa , agradeciendo que no le hubiera temblado la voz, porque tenía un miedo que te cagas.