Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 10 #3
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Capítulo 10 #3

—Entendido —dijo Axel —. Lo siento, Theon . No sabía…

Theon lo interrumpió.

—No es culpa tuya, Axel . Es…

—¿Incontrolable? —sugirió Luka .

Theon apretó tanto los dientes que le sorprendió no partirse una muela.

—Tenaz —soltó finalmente. Arrancó la fina sábana de su cama antes de entrar a zancadas en el vestidor—. Avisa a los establos. Que preparen dos de los míos.

—Voy —le dijo Axel .

Theon se puso deprisa unos vaqueros, botas de montar y una camiseta térmica. Ya cogería una chaqueta más gruesa del perchero junto a la puerta cuando se fuera.

¿En qué coño estaba pensando? Vale, de día se estaba bien, pero, en cuanto empezara a atardecer, la temperatura en las montañas caería en picado.

¿Y si seguía haciendo ese tiempo tan raro y había tormenta?

Allí no había ningún tipo de chaqueta o equipamiento que pudiera haberse llevado.

¿Había cogido comida? ¿Agua? ¿Y adónde se creía que iba?

Los guardias la verían intentar cruzar las verjas o muros.

Dio por hecho que intentaría escalar la montaña en la parte trasera de la propiedad, donde no solo estaría a merced de los elementos, sino también de los seres que merodeaban los bosques y las montañas Ozul.

Luka se reunió con él fuera de sus aposentos mientras se ponía la chaqueta, y ambos se encaminaron a la escalera para salir por la puerta lateral del ala este.

Él también se había cambiado y tenía una expresión sombría en el rostro.

Recorrieron los senderos hasta los establos en silencio, haciendo una parada para recoger a dos de los preciados sabuesos de Theon por el camino.

No eran los típicos perros de caza. Tenían el pelaje de un negro brillante, los ojos les brillaban como brasas y eran tan grandes como un caballo pequeño.

Más que sabuesos eran como lobos, pensándolo bien.

Dio un fuerte silbido cuando entró en las perreras y los aullidos y ladridos entusiastas de sus perros cesaron de inmediato. Abrió las jaulas de sus mejores sabuesos, Kacela y Rigel . No tardarían nada en dar con ella.

Obedientes, los perros empezaron a seguirlo mientras retomaban el camino hasta los establos.

Cuando llegaron, dos mozos de cuadra estaban terminando de revisar las correas y hebillas.

Luka se dirigió al pequeño almacén para coger alforjas y llenarlas de agua y algo de comida.

Tessa no podía haber llegado muy lejos a pie.

Solo les sacaba un par de horas de ventaja.

Deberían ser capaces de alcanzarla en una hora o dos.

Eso esperaba, al menos. Esa reunión innecesaria había durado una eternidad.

Mientras Luka preparaba las alforjas, Theon tiró la sábana de la cama de Tessa al suelo para que Kacela y Rigel la olfatearan.

A ella ya no le haría falta. No volvería a perderla de vista hasta estar convencido de que el vínculo se había terminado de forjar y de que ella estaba completamente bajo su control.

Luka regresó y le lanzó una alforja. Theon se dirigió a su caballo favorito de los cuatro que tenía, Osiris .

Eran enormes sementales negros y llevaban el nombre de algunos de los guerreros más famosos de Sargon .

Theon había buscado sin descanso para encontrarlos y había pasado un sinfín de horas entrenándolos según sus necesidades específicas.

Se montó en Osiris con facilidad mientras Luka se subía a la silla de Zale .

—¿Listo? —preguntó Theon y cogió las riendas de Osiris con una mano. El caballo estampó la pezuña contra el suelo y lo raspó, claramente listo para echar a correr. Kacela y Rigel brincaban alrededor de los caballos y gimoteaban, inquietos, emocionados por salir a cazar.

—¿Qué vas a hacer cuando la encuentres? —preguntó Luka mientras se acomodaba en la silla de montar.

—Le he estado dando tiempo y espacio para que se adaptara, pero es la segunda vez que huye de mí —dijo Theon mientras espoleaba a Osiris para salir de los establos—. Y la última.

Necesitaba meterla en cintura. Puede que su naturaleza salvaje le intrigara, pero aquello era pasarse.

En sus aposentos privados podía apartarlo y pelearse con él todo lo que quisiera, pero en público no.

No delante de su padre. Necesitaba aceptar su destino.

No solo porque su padre lo exigiera, sino porque los propios planes de Theon requerían su cooperación.

Necesitaba que estuviera dispuesta a dejarle alimentarse de su fuerza y poder.

Cuando llegara la hora, no podía perder el tiempo en forzarla a que se los diera.

Tessa lo veía como un descendiente de los dioses despiadado que quería poseerla y dominarla, así que en eso se convertiría.

Había intentado dejar que se acostumbrara poco a poco a su posición, creyendo que se ganaría su confianza más rápido.

Pero, al hacerlo, claramente le había dado la impresión de que no lo controlaba todo.

De que no la controlaba a ella. Descubriría por qué había tantos rumores sobre el reino de Arius .

Se convertiría en la pesadilla que ya creía que era.