Capítulo 9 #4
Theon la observó un momento, como si intentara averiguar si mentía, pero no podía mentir del todo cuando la embelesaba. Levantó la mano y le desabrochó la gargantilla antes de guardársela en el bolsillo.
—¿Qué más? ¿Por qué estás tan pálida?
—¿Por qué preguntas? ¿Porque no he sido una fuente perfecta y obediente como Eviana ? —preguntó Tessa con un tono que rezumaba veneno.
—Quizá deberíamos continuar con esta conversación en tus aposentos, Theon —propuso Luka , tenso, a su espalda—. O informarán al respecto al lord.
—Vale —estalló Theon e hizo el amago de cogerle la mano a Tessa otra vez. Ella la apartó y se cruzó de brazos. A él se le oscurecieron los ojos cuando perdió los estribos y la agarró del hombro, tirando de ella.
Una mirada de advertencia de Luka la obligó a reprimir la protesta que luchaba por salir de su garganta.
El zumbido de su piel no hacía sino aumentar y podía oírlo en su cabeza.
Alto e incesante, necesitaba salir ya, ya, ya.
El hilo también estaba vibrando, disfrutando de la mano de Theon contra su piel.
Y no podía soportarlo. No podía lidiar con todas las emociones ni las cosas que habían pasado durante la cena ni todo lo demás que se escapaba de su control.
Cuando al fin llegaron a sus aposentos, Theon abrió la puerta y se hizo a un lado para que pasara primero. Cruzó el umbral y atravesó sin detenerse la estancia principal.
— Tessa —la llamó Theon mientras ella entraba en el dormitorio.
Oyó la puerta cerrarse y a alguien más comentar algo sobre el trueno que retumbó fuera, pero no paró.
Atravesó la habitación de Theon y abrió de par en par las puertas dobles que llevaban al balcón.
Necesitaba aire. Necesitaba sentir el viento contra la cara y no estar atrapada dentro de esos aposentos.
Solo se detuvo el tiempo suficiente para quitarse los zapatos antes de dirigirse a la barandilla y lanzarlos tan lejos como pudo mientras gritaba a los cielos de la rabia, desafiante, soltando todas las emociones que batallaban en su interior.
Cayeron rayos, retumbaron truenos y el sonido se mezcló con el de sus gritos y, mientras se dejaba caer de rodillas, empezó a diluviar.
Unas gotas grandes y frías le cayeron en la cara, en el pelo.
Y, dioses, la sensación era increíble. Algo salvaje y libre.
Acabó empapada en cuestión de segundos y lo más probable es que se hubiera cargado el precioso vestido que llevaba puesto.
Enterró el rostro entre las manos y dio rienda suelta a todas las lágrimas de rabia, ira, dolor y humillación que llevaba conteniendo desde la cena.
Desde que había llegado allí, en realidad.
El brazalete de diamantes le raspó la mejilla; se peleó con el cierre y lo lanzó a la otra punta del balcón antes de prácticamente arrancarse los pendientes de las orejas y hacer lo mismo.
Vislumbró brevemente a los demás en la puerta, mirándola con consternación, claramente sin saber qué hacer con ella.
Nadie sabía nunca qué hacer con ella, salvo quitarla de en medio. Encerrarla. Demasiado salvaje para ser algo; obligada, pues, a ser nada.
Cuando empezó a arrancarse bruscamente las horquillas del pelo, llevándose mechones consigo, Theon al fin reaccionó.
Se arrodilló poco a poco a su lado y le apartó las manos antes de empezar a quitarle con cuidado el resto de las horquillas.
Mientras tanto, la tormenta amainó. El diluvio pasó a ser una lluvia rítmica, pero nunca paró.
Era una corriente constante de algo tan frío que terminó de entumecerla por dentro.
Cuando Theon acabó, la agarró de las manos para levantarla sin mediar palabra y la llevó de vuelta adentro. Luka los esperaba con toallas. Le dio una a Theon antes de envolverle a ella los hombros con otra.
La condujo a los sillones delante de la chimenea. Axel la había encendido e irradiaba calor a la habitación, pero ella no lo sentía. El frío de la lluvia le había calado el alma, gélido e implacable.
Theon fue al cuarto de baño y salió unos minutos después sin camiseta y con unos pantalones de estar por casa puestos. Se dirigió a ella con otra toalla y empezó a escurrirle el agua del pelo.
Tessa observó las llamas titilar tras el cristal de la chimenea. Naranjas, rojos y los azules más cálidos bailaban juntos, enredándose y peleándose, amándose y odiándose.
No, un momento.
Eso no era lo que estaban haciendo.
Ladeó la cabeza mientras los veía lamer el cristal que los retenía, que contenía el incendio que anhelaban provocar.
Se llevó la mano a la garganta y se rozó con los dedos la zona en la que se encontraba antes la gargantilla.
El fuego solo quería ser libre y fiel a su naturaleza, pero estaba atrapado dentro de una caja de cristal.
Lo tenían contenido para que otros pudieran aprovecharse de su energía y entrar en calor o admirar su belleza mortal.
Para que lo usaran y apagaran con solo tocar un botón.
— Tessa . —La voz de Theon sonaba vacilante—. Necesitas quitarte la ropa mojada.
Su mirada se mantuvo clavada en las llamas unos cuantos segundos más antes de dirigirse a él.
La estaba observando con cautela, claramente sin saber qué haría o diría.
Le echó un vistazo a Luka , que estaba apoyado contra la pared cerca de la puerta.
Parecía listo para detenerla. Como si se oliera que intentaría huir.
Axel estaba quieto como una estatua junto a la chimenea, con una mezcla de preocupación y sorpresa en la cara.
Se levantó de la silla en la que la habían dejado y se incorporó, con los pies descalzos.
Theon retrocedió, dándole espacio. Miró las llamas una última vez antes de darse la vuelta y atravesar el pequeño dormitorio para ir al armario.
Se quitó el vestido mojado y lo dejó en el suelo mientras buscaba un par de mallas y una térmica en la cómoda.
Se llevó el vestido al baño y lo colgó sobre la bañera.
Entonces, se deshizo de su maquillaje (o lo que quedaba de él) y se lavó los dientes mientras se miraba a los ojos en el espejo, rojos e hinchados de llorar.
Los vio rotos, dolidos, y todo lo que se había pasado años intentando reparar volvió a hacerse añicos.
No podía.
Theon le había pedido que lo intentara una noche. No había durado ni dos horas sin que la metieran literalmente debajo de la mesa.
Volvió a recorrer el vestidor en dirección a la habitación que le habían asignado como espacio propio.
Aunque, claro, allí nada era suyo. Ni siquiera ella era suya.
Metiéndose en la cama, se subió la sábana áspera hasta la barbilla mientras se tumbaba de lado, de cara a la pared.
Deseó llorar hasta quedarse dormida, pero, al parecer, se le habían acabado las lágrimas, así que se quedó mirando la pared, intentando, sin éxito, poner en orden el caos en su interior.
Aún podía oír la lluvia caer contra las ven tana s de la otra habitación.
En un momento dado, Theon entró en la habitación. Lo notó sentarse al borde de la cama. Le pasó la mano por el pelo aún mojado y lo único en lo que pudo pensar fue en cómo había hecho lo mismo mientras estaba sentada a sus pies debajo de una mesa.
—Sé que no quieres, Tessa , pero lo mejor sería que vinieras a dormir a la otra cama. Estar cerca de mí te ayudará a… calmarte —dijo.
Permaneció inmóvil, envolviendo la fina sábana a su alrededor con más fuerza e ignorando deliberadamente la felicidad que el vínculo sintió por el contacto.
Un minuto más tarde, él soltó un suspiro y ella notó el peso de una manta más gruesa encima.
Salió de la habitación en silencio y ella oyó susurros mientras los tres se acomodaban en la estancia principal.
Se negaba a ser como aquellas llamas en la chimenea.
Se negaba a que le pusieran un collar y una correa y la tuvieran atrapada.
No. Iba a salir de allí, le gustara al vínculo o no.
Se daría a la fuga. Encontraría la manera de ponerse en contacto con Dex en algún momento.
Daría con la forma de vivir en la clandestinidad.
Podía pasar desapercibida. Robar algo de dinero, comprar un hechizo de glamour y campar a sus anchas entre los mortales.
Marcharse a otro reino, a las grandes ciudades donde había millones de personas.
No sobreviviría a eso. Acabaría rompiéndola.
Y ella no ardía cuando se rompía.
Ella estallaba en mil pedazos, y el mundo con ella.