Capítulo 9 #3
Tessa no sabía cómo reaccionar a nada de lo dicho, pero, ante la mención de su «ayuda», Eviana alzó la vista fugazmente, pálida, antes de coger el vaso de agua y darle un sorbo.
—Puede que tengas razón, pero no pienso permitir que termine de comer en mi mesa —declaró Valter .
Los ojos de Tessa estaban clavados en Theon , que miraba a su padre. Sus palabras se le vinieron a la cabeza.
«Esta noche mírame solo a mí».
Theon lo arreglaría. Había prometido cuidar de ella. Lo arreglaría y ella se disculparía profusamente más tarde. Le pondría más empeño. Daría con la forma de hacer que todo ese rollo del vínculo funcionara.
Observó ese músculo palpitar en su mandíbula. Tenía los nudillos blancos en torno a la copa. Empezaba a pensar que iba a rompérsele en la mano.
— Tessa , levántate de la mesa —soltó con los dientes apretados—. Quédate de pie junto a la pared detrás de mí hasta que sea hora de irnos. No te quiero escuchar.
Se quedó mirándolo, incrédula.
—¿Porque se me ha caído el tenedor?
Las palabras se le escaparon de la boca antes de que pudiera detenerlas. La cabeza de Theon se giró de golpe hacia ella y sus ojos esmeralda se oscurecieron. No. No se oscurecieron. La oscuridad se arremolinó en ellos.
—¿También te replica? —preguntó Valter con la voz tensa de la rabia—. Juro por Arius , Theon , que como no la controles…
—Está bajo control, padre —interrumpió Theon con un deje de ira en la voz mientras le echaba un vistazo por encima del hombro. Volvió a mirar a Tessa a los ojos—. Ahora, Tessa .
—The… —se calló. El nombre se le quedó atascado en la garganta—. No he lanzado comida. Se me ha caído el tenedor —siseó, indignada, intentando no alzar la voz.
Los ojos de Eviana se habían apartado de su amo y estaban clavados en ella, abiertos como platos, horrorizados por su arrebato.
Cressida le daba sorbos al vino mientras lo observaba todo como si Tessa fuera el espectáculo de la noche.
Axel la miraba con pena y la mirada asesina de Luka le estaba diciendo que se fuera a la puta pared.
— Theon —gruñó su padre al otro lado de la mesa y una oscuridad se le enroscó en las manos.
—Lo tengo controlado —estalló Theon —. Tessa , ya sabías qué comportamiento se esperaba de ti esta noche. Como no te vayas a la pared, te sentarás a mis pies el resto de la cena.
—No puedes hablar en serio —se negó con los ojos muy abiertos por la amenaza.
—Tan en serio como los Abismos del Tormento —respondió con frialdad. Poniéndose de pie, la agarró del codo y la levantó a la fuerza. Chasqueó los dedos y apareció un sirviente—. Llévate su silla.
Una ira gélida le corrió por las venas. Los ojos de Theon no se apartaron de los suyos en ningún momento mientras se acataba su orden. Cuando se llevó la silla, le dijo:
—Arrodíllate, Tessa , y ni se te ocurra abrir la boca.
Se comportaba de forma posesiva y dominante y, mientras Tessa se ponía de rodillas, algo se rompió dentro de ella, justo como el día en que le gritó a los dioses de camino allí.
Era algo que acechaba en su interior, algo que solo otra cosa había sido capaz de ayudarla a controlar.
Se le curvaron los labios en una sonrisa maliciosa mientras susurraba con sorna:
—Solo te miro a ti. Por una noche. ¿No?
—Silencio —gruñó y la oscuridad de sus ojos se arremolinó más rápido. Una niebla oscura apareció a su alrededor.
— Theon —dijo Axel en voz baja al otro lado de la mesa y pareció rescatarlo del abismo al que había estado a punto de caer. La oscuridad se desvaneció.
—No te metas, Axel —siseó Valter .
Cuando Tessa estuvo arrodillada en el suelo, Theon volvió a tomar asiento lentamente y apartó, al fin, la mirada de la suya.
—¿De veras tenemos que hablar de consortes días antes de que se vaya de casa? —preguntó Cressida , retomando la conversación como si no hubiera pasado nada—. Al menos, cuando tenga consorte, vivirán aquí.
—Creo que lo más prudente sería hablar de posibles consortes —replicó Valter —. Muchas de ellas estarán en la Acrópolis con él. Podría conocerlas mejor allí.
Tessa oyó el tintineo de cubiertos y copas cuando siguieron con la cena mientras les veía los zapatos y las piernas bajo la mesa.
Bajo. La. Puta. Mesa.
Rechinó los dientes cuando se le empezaron a quedar dormidos los pies dentro de los zapatos.
Se removió para sentarse, lo cual no era nada fácil con ese vestido.
Theon le puso una mano en el pelo y le pasó los dedos por los mechones que se había dejado sueltos, y el puto vínculo zumbó, agradecido por el contacto.
Le daba igual que estuviera sentada en el suelo, humillada.
Lo único que le importaba era que le estuviera tocando, incluso aunque fuera a sus pies.
—No creo que sea necesario hablarlo de momento —opinó Theon mientras se enrollaba un mechón de su pelo en el dedo—. De todas formas, la ley dice que no se pueden dar uniones entre consortes durante el año de Selección.
—Eso no quiere decir que no se pueda llegar a un acuerdo y pactar unos términos a lo largo del año —respondió Valter —. Hay tres en concreto que creo que engendrarían herederos aceptables. Puedo enseñarte sus expedientes mañana.
Theon suspiró.
—Como quieras, padre.
Les retiraron los platos y les sirvieron el postre. Tessa , sentada en el suelo, cada vez estaba más harta e inquieta. Que Theon jugara con su pelo la sacaba de quicio y se preguntó cuánto más se alargaría la cena.
— Metias y Pavil llegarán mañana a las diez —estaba diciendo Valter —. Os quiero a Luka y a ti en la reunión, Theon .
—¿De verdad es necesario? —preguntó Theon mientras sus dedos se paseaban por la gargantilla de diamantes que le rodeaba el cuello.
—Creo que sí. Necesitamos dejarlo todo cerrado antes de que te marches a la Acrópolis.
—Ya está todo cerrado. Sé lo que se espera de mí cuando llegue allí —dijo Theon . Sus dedos le rozaron la piel cuando recorrió con ellos la gargantilla y, de repente, Tessa se dio cuenta de lo que era.
Un collar de perro.
Un collar de perro muy bonito y caro.
Uno para controlarla, entrenarla y someterla. Y quería quitárselo. La estaba asfixiando. La estaba dejando sin aire, poco a poco, hasta que no quedara nada. Hasta que no quedara nada de ella.
De repente, en vez de debajo de la mesa, parecía estar encerrada en una alacena. Tenía la respiración errática y le faltaba el aire. Se puso a temblar. Se llevó la mano al pecho como si pudiera de alguna forma forzarlo a expandirse para que le entrara más aire en los pulmones.
Theon se tensó a su lado, le acunó la mejilla con la mano y le acarició el pómulo con el pulgar, como si intentara calmarla.
Ella cerró los ojos con todas sus fuerzas, intentando concentrarse en respirar, pero el collar en torno a su garganta se le estaba clavando en la piel.
Juraba que cada vez le apretaba más. Que no era para nada un collar, sino una soga.
Levantó las manos e intentó dar con el cierre en la parte trasera. Le temblaban las manos, pero necesitaba quitárselo. La mano de Theon aterrizó sobre la suya y ella le agarró los dedos, enterrándole las uñas en la piel.
—Vale —dijo Theon , interrumpiendo lo que fuera que estuviera diciendo su padre. Tessa oyó que su copa daba un golpe seco en la mesa—. Estaré en tu despacho mañana a las diez. —Se levantó de repente y sus dedos se escaparon de entre los suyos—. Si eso es todo por esta noche, me retiro.
—¿Abandonas la mesa con la copa medio llena? —preguntó Valter con la voz peligrosamente grave.
—Tengo licor en mi habitación y una fuente con la que lidiar —respondió Theon .
Tessa oyó arrastrarse las sillas y, desde debajo de la mesa, vio a Luka y Axel ponerse también de pie.
—Espero contar con tu presencia en más cenas familiares antes de que te vayas a la Acrópolis —comentó Valter .
—Entendido —respondió Theon y le tendió la mano a Tessa . Sentada en el suelo, alzó la vista y lo vio, cernido sobre ella. Cuando no hizo el amago de darle la mano, añadió—: Vamos, Tessa .
Vacilante, colocó los dedos en la palma ante sí, que la esperaba, y él la cerró de inmediato en torno a ellos.
La puso de pie de un tirón con una expresión inescrutable y calculada en el rostro.
Atravesando la habitación con rapidez, la arrastró detrás de él y Tessa casi se tropezó con los tacones. Luka y Axel les pisaban los talones.
Theon no disminuyó el paso hasta que doblaron una esquina. Entonces, la presionó contra una pared. Tenía las manos de Theon en la cara y se la inclinaba para que lo mirara.
—¿Qué pasa? ¿Por qué estás más blanca que un espíritu?
Tessa frunció los labios, negándose a mirarlo a los ojos.
De todas formas, ¿qué más le daba? La había hecho sentarse en el puto suelo, a sus pies, mientras terminaban de cenar.
Estaba temblando, pero había tantas emociones en su interior que no sabría decir si era por su cercanía, la ira o la sensación de pura impotencia.
Le zumbaba la piel con una energía que necesitaba soltar y quería ese puto collar fuera de su garganta para poder respirar de una puñetera vez.
— Tessa —exigió, usando su nombre como una orden.
Ella dirigió los ojos hacia los suyos y lo fulminó con la mirada.
—¿Qué vas a hacer, obligarme a besarte los zapatos como castigo por otra cosa más que no puedo controlar? —gruñó pese a la presión que le oprimía el pecho.
Alguien inhaló con brusquedad detrás de ellos. No sabía si Luka o Axel . Tampoco le importaba una mierda. Theon apretó los labios.
—Dime qué pasa —repitió con una calma engañosa en el tono. El mismo que el lord de Arius había usado antes aquella noche—. ¿Te encuentras mal? —Cuando no le respondió, soltó con los dientes apretados—: ¿Cómo pretendes que cuide de ti si te niegas a decirme qué pasa?
—¿Cómo pretendes que confíe en que cuides de mí cuando me sientas a tus pies como si fuera un puto perro? —escupió en respuesta.
— Tessalyn , respóndeme . ¿Qué pasa? —exigió, con la ira brillándole en los ojos.
Incapaz de resistirse al embeleso, respondió:
—Quiero quitarme este collar.