Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 9
22%

Capítulo 9

Tessa

Tessa se encontraba delante del espejo de cuerpo entero que había en el vestidor, observando su reflejo.

Apenas se reconocía. Por fin había conocido a la famosa Penelope , una fae encantadora de pelo castaño brillante y gélidos ojos azules.

Había entrado apresurada en el apartamento a media tarde y había arrastrado a Tessa del sofá al baño para que se diera una ducha.

Luego, la había maquillado y le había secado y rizado el pelo, hablando por los codos y diciéndole que la llamara Pen .

Tessa apenas podía seguirle el ritmo, pero había descubierto que era la sirvienta personal de Theon y Axel .

Por la marca que tenía en la muñeca sabía que había servido en el territorio de Falein y que su elemento era el agua.

La mujer parecía bastante feliz, casi como si le gustara servir a los herederos de Arius .

El pelo rubio de Tessa lucía ahora un semirrecogido; el resto le caía por los hombros y la espalda.

El vestido que Pen le había escogido tenía una falda cruzada de un color crema brillante con una abertura que casi le llegaba a la cadera.

El escote barco le descansaba sobre los hombros, dejándole al descubierto las clavículas, y las mangas tres cuartos le cubrían los brazos.

Se estaba poniendo unos tacones de aguja cuando Pen anunció que su trabajo allí había terminado y la dejó sola.

Intentó no mordisquearse el labio inferior, teñido con maña de un rojo oscuro, para no estropearse el pintalabios.

Tessa volvió a alisarse el vestido y su mirada recayó en la marca que tenía en la mano.

La siguiente marca iría en el pecho, sobre el corazón, y se preguntó si se vería con ese vestido.

Sería diferente. La primera marca designaba al lord o lady al que servían. El resto de las marcas…

Tessa frunció el ceño. No tenía ni idea de cómo se elegían el resto de las marcas. ¿Serían como las de Eviana ?

Alzó la mano para recorrer el escote con los dedos. No le cubría las clavículas, pero sí el pecho, así que puede que se la tapara. Dejó los dedos donde estaban y siguió mirándose mientras se preguntaba por enésima vez en las últimas tres horas cómo había acabado allí.

No oyó a Theon entrar y se sobresaltó cuando apareció en el reflejo detrás de ella.

Estaba tan atractivo como siempre, ataviado con un traje negro claramente hecho a medida.

Su corbata hacía juego con el vestido y se había afeitado.

Echaba de menos la barba que le había oscurecido la mandíbula los últimos días.

Levantó la mano para colocarle el pelo sobre un hombro y se la dejó en la nuca. Se dijo a sí misma que se apartara, pero no lo hizo. Llevaba sin verlo desde esa mañana. Llevaba sin tocarla desde el día anterior y, sin darse cuenta, acabó inclinándose hacia él.

Theon no dijo nada, pero a ella no le pasó desapercibido el pequeño escalofrío de alivio que lo recorrió en el reflejo.

Él cerró los ojos un instante, disfrutando del mismo placer que el vínculo le estaba haciendo sentir en ese momento a ella, y, cuando volvió a abrirlos, el verde esmeralda brillaba mientras le sostenía la mirada en el espejo.

Empezó a mover el pulgar, vacilante, contra su cuello, masajeándole zonas sensibles, y ella dio un paso hacia atrás, notando su pecho contra la espalda.

Esa vez fue ella quien cerró los ojos. Theon le posó la otra mano en la cadera y se la acercó todavía más.

El hilo en su interior zumbaba de alegría, y Tessa supo que estaba a punto de perder una batalla que llevaba días luchando.

Desde algún lugar recóndito de su mente, una vocecita le gritaba que se apartara, pero una voz mucho más fuerte le susurraba a su alma, diciéndole que podrían estar así siempre.

—Así debería ser, preciosa —le murmuró Theon al oído y a ella se le erizó la piel.

Abrió los ojos para volver a mirarlo en el espejo.

Se estaba inclinando hacia ella mientras su mano ascendía y se deslizaba por su torso.

La mano que tenía sobre el cuello le rodeó la garganta, sin fuerza.

Notaba el metal de los anillos que él siempre llevaba frío contra la piel, de repente caliente.

Theon le ladeó la cabeza con el pulgar antes de posarle los labios en la piel, despacio, sin apartar la mirada de la suya en ningún momento.

Le recorrió la garganta con besos lentos y, cuando llegó a la zona sensible detrás de su oreja, Tessa no pudo reprimir el suspiro de alivio que le produjo el contacto.

—No te muevas.

Se apartó de ella y Tessa se sintió identificada con el vínculo y la pataleta que estaba teniendo, suplicándole que regresara.

¿Y si se dejaba llevar? ¿Y si cedía ante las exigencias de esa cosa, aunque fuera solo una vez?

¿Lo satisfacería? ¿La libraría por un tiempo de la constante desesperación que la embargaba?

Theon regresó un momento después y volvió a pegarse a ella.

Le pasó las manos por encima de la cabeza y le colocó una gargantilla de diamantes contra la garganta antes de abrochársela.

Extendió una mano delante de ella y Tessa bajó la mirada, encontrándose un par de pendientes de diamantes en su palma.

Sin abrir la boca, ella se los puso en las orejas.

Entonces, él le dio la vuelta con cuidado y se llevó su mano derecha a los labios.

Le dio un beso a la marca antes de ponerle el brazalete de diamantes a juego en la muñeca.

—Todo esto es demasiado, Theon —consiguió soltar al fin—. Ya me siento demasiado… extravagante. ¿No es pasarse un poco?

—¿Para una cena formal con mi padre? No. Pero, dejando eso de lado, no es demasiado en absoluto, Tessa . —Sus manos aterrizaron en su cintura, presionándola contra él. Le puso los dedos en la barbilla, alzándosela—. ¿Puedes hacerme un favor esta noche?

Ella se perdió en el brillo de sus ojos. El ángulo de sus pómulos. La curva de sus labios.

—¿ Tessa ?

—¿Mmm?

La comisura de sus labios se alzó y apareció un pequeño hoyuelo. Sin pensar, levantó la mano y lo trazó con el dedo. El leve contacto le arrancó un gruñido a Theon , que apoyó la frente contra la suya.

—Si se tratara de cualquier otra cena, lo mandaría todo a la mierda y me pasaría el resto de la noche aquí, en esta habitación, contigo. Así que voy a volver a preguntártelo: ¿puedes hacerme un favor esta noche?

—¿Cuál? —suspiró, demasiado perdida en la sensación de tenerlo tan cerca.

—¿Puedes recordar esto? ¿Lo que está pasando ahora mismo? ¿Cómo te sientes? —insistió mientras los dedos de una de sus manos le subían por la columna vertebral—. ¿Puedes fingir, solo por esta noche, que quieres esto? ¿Y, después de la cena, volver justo aquí y retomarlo por donde lo hemos dejado?

—Yo… — Tessa se calló cuando le pasó la mano bajo el pelo y volvió a posársela en el cuello.

—Solo por una noche, Tessa —le pidió—. Por una noche, finge que lo has aceptado. Que lo has hecho con los brazos abiertos. Solo inténtalo. Por una noche.

Podía hacer eso por una noche, ¿no? Podía intentarlo en vez de centrarse en todo lo que le había arrebatado.

Podía dejar que el vínculo fuente tomara el control por una noche.

Sus ojos fueron a parar a la marca en el dorso de su mano, pero Theon volvió a estrecharla contra sí antes de que pudiera mirarla más tiempo.

—No, preciosa. Esta noche mírame solo a mí, ¿vale? —Ella asintió, sin atreverse a hablar—. Y recuerda lo que te dije cuando llegamos: no hables a menos que se dirijan a ti.

Ella volvió a asentir y Theon la cogió de la mano, llevándola del vestidor a la estancia principal.

Luka y Axel estaban allí, esperándolos, vestidos con trajes parecidos al de Theon .

Ambos se quedaron inmóviles cuando llegaron y unos ojos zafiro y esmeralda la recorrieron de arriba abajo.

Notó que se sonrojaba bajo sus atentas miradas y alzó la otra mano de forma involuntaria para aferrarse al brazo de Theon .

Luka se percató de inmediato. Paseó la mirada entre los dos, pero no dijo nada.

Axel se aclaró la garganta e hizo un gesto hacia la puerta.

—¿Vamos?

—¿Necesitas algo antes de irnos? —preguntó Theon , bajando la vista hacia ella.

Negó con la cabeza y él la llevó hasta la puerta, apartando el brazo para posarle una mano en la espalda baja cuando salió delante de él.

—Le pregunté a padre si podía mudarme yo también al ala este —estaba diciendo Axel mientras recorrían los diversos pasillos.

Tessa solo escuchaba a medias. Nunca había visto esa parte de la casa.

Con Luka había entrado por la puerta lateral y llevaba desde entonces sin poner un pie fuera de los aposentos de Theon .

Mientras que la habitación de Theon era moderna, el resto de la casa parecía una especie de castillo oscuro.

Las paredes eran todas de piedra oscura cubierta por cuadros.

Atisbó dragones y serpientes, un paisaje de lo que supuso que era el Después o, más bien, la idea que el artista tenía de él.

Alfombras de un rojo apagado recorrían los pasillos sobre suaves suelos oscuros, y las ven tana s tenían cortinas oscuras sin echar.

Ya estaba atardeciendo y las lámparas que había cada pocos metros en las paredes emitían una luz tenue, proyectando sombras sobre las diversas macetas con plantas distribuidas por el lugar.

—Estoy seguro de que se mostró muy receptivo —respondió Theon .

—Por supuesto. Me dijo que mandaría llevar mis cosas a mis nuevos aposentos a primera hora de la mañana.

—Mentiroso —lo acusó Theon mientras la hacía doblar una esquina.

Axel soltó una carcajada.

—Es broma. Me dijo que cuando tuviera edad de seleccionar a una fuente podría mudarme a esa ala. Hasta entonces, no me quería aquí sin supervisión.

Tessa resopló.

—¿En qué clase de líos podrías meterte aquí, en medio de la nada?

Tres pares de ojos se posaron en ella. Pues sí que había tardado poco en olvidarse de lo de no hablar a menos que se dirigieran a ella. Fantástico.