Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

—Ninguna familia real se interesará en ti si sigues dando tantos problemas.

¿No quieres que te escojan para servir en sus casas, Tessalyn ?

—reprendió la madre Cordelia a Tessa , que se encontraba sentada en su pequeña oficina por haber vuelto a salirse del jardín.

No paraban de decirle que sabría cuándo se había alejado demasiado, pero era mentira.

—¿Por qué iba a querer yo servir en una casa? —preguntó Tessa , frunciendo el ceño. Solo tenía seis años, pero estaba segurísima de que eso no parecía algo que le gustaría para nada.

—Es el sueño de todo fae, niña —le dijo la madre Cordelia con severidad—.

Además de ser seleccionado como fuente, pero tú nunca lo serás.

Eres demasiado rebelde. Demasiado desobediente.

Demasiado problemática. Nadie querrá complicarse la vida contigo.

—La madre del poblado soltó un suspiro mientras reorganizaba papeles en el escritorio—.

A la cama. No quiero verte ni saber nada de ti hasta mañana.

—Pero ¡si solo es mediodía! No he comido. Ni cenado… —protestó Tessa , pero algo le robó el aire de los pulmones. Madre Cordelia era un legado de la estirpe de Sefarina, diosa de los vientos, y acababa de dejar a Tessa sin aliento.

—Y no harás ninguna de las dos cosas hasta mañana —le aseguró la madre Cordelia , tajante—. Da gracias por que tu castigo sea ese esta vez. ¿O acaso prefieres volver al sótano?

Con los ojos abiertos como platos y los pulmones en llamas, Tessa negó con la cabeza y jadeó cuando la madre Cordelia la liberó.

La última vez que la habían castigado, la habían encerrado en uno de los pequeños sótanos.

Helada y a oscuras, no había probado bocado en dos días.

La semana siguiente no le habían dado más que caldo salado y pan crujiente.

—A la cama —repitió.

Tessa no se lo pensó dos veces; se fue corriendo de la oficina y subió las dos plantas rumbo a la habitación que compartía con otros cinco niños.

Eran compañeros de cuarto, pero hasta ahí llegaba su relación.

Les asustaba demasiado meterse en líos como siempre acababa haciendo Tessa , por mucho que intentara evitarlo. Siempre sola…

Una sacudida del vínculo interrumpió los recuerdos de Tessa .

Suspiró, irritada por el pedazo de berrinche que esa cosa dentro de su pecho estaba teniendo por estar lejos de Theon .

Ni siquiera podía disfrutar de una larga ducha de agua caliente en paz.

Cortó el agua, agarró una toalla y se secó con rapidez.

Se envolvió el pelo con otra toalla mientras se vestía, sin molestarse en ponerse las pantuflas.

Si de ella dependiera, siempre iría descalza.

El vínculo se estaba poniendo insoportable y Tessa apretó los dientes para resistirse a sus exigencias.

Tiró de ella, que anhelaba volver junto a Theon .

La aterraba.

Si era así de exigente tras la primera marca, ¿cómo se pondría después de la siguiente?

Encontró un peine y empezó a pasárselo por el pelo largo. Ahora entendía cómo Eviana podía mirar a Valter de esa forma. Todo su ser iba a estar prendado de Theon . Se obsesionaría con él. Todo su mundo giraría en torno a él.

Volvió a levantar el peine para pasárselo otra vez y sus ojos se posaron en la marca en el dorso de su mano.

Parecía más oscura contra su piel ahora que estaba recién duchada, casi burlándose de ella.

El símbolo de Arius , a la vista de todos.

Por alguna razón, se le vino a la mente Dex y la expresión de pavor y resignación que tenía en el rostro cuando dijeron su nombre.

Se oyó un golpe suave en el marco de la puerta seguido de un «¿ Tessa ?».

No alzó la vista cuando Theon se acercó. Solo continuó mirando la marca que decoraba su mano.

La marca que le había robado lo poco que tenía.

Theon no dijo nada más. Le arrebató el peine de las manos. No se había dado cuenta de que seguía sosteniéndolo. Empezó a peinarle el cabello, despacio. Cuando terminó, le alzó el rostro.

—¿Te encuentras bien?

Tessa asintió, negándose a ponerse a llorar otra vez.

—¿Tienes náuseas? ¿Te duele la cabeza? ¿El cuerpo?

Negó con la cabeza.

Sus penetrantes ojos verdes se clavaron en los suyos, en busca de algo.

—Ojalá supiera lo que estás pensando ahora mismo —murmuró, más para sí mismo que para ella—. Ojalá supiera cómo ayudarte a aceptar esto. —Cuando sus palabras provocaron que bajara la vista, suspiró y la agarró de la mano—. Ven. Acaban de traerte algo de comida.

La llevó a la estancia principal. Al parecer, la comida en cuestión era caldo y pan recién hecho. Genial.

—¿No puedo comerme, no sé, unos dónuts? —preguntó Tessa cuando Theon retiró una silla para ella.

—Los dónuts no tienen valor nutricional.

—Ya, pero están buenos —respondió mientras cogía la cuchara y revolvía el caldo humeante.

— Aunque te encontraras perfectamente, tampoco te permitiría comer dónuts —dijo Theon y pasó al lado de ella en dirección a la zona de la cocina. Ella se giró en la silla y vio que llenaba un hervidor con agua.

—¿No me vas a permitir comer dónuts? —dijo, impávida.

Al parecer, no se dio cuenta de que estaba mosqueada hasta que se giró y le vio la cara. Apoyó las manos en la encimera de la isla y se inclinó hacia delante.

— Tessa , mi deber en este vínculo fuente es cuidar de ti. Darte dónuts no es atender tus necesidades físicas ni nutricionales. Come. —Señaló la mesa con la cabeza.

Tessa se dio la vuelta, principalmente porque lo que le acababa de decir la había dejado demasiado atónita como para hacer otra cosa.

Cogió una cucharada de caldo y estuvo a punto de llevársela a la boca, pero no podía quedarse callada.

Soltó la cuchara de vuelta en el cuenco con un golpe seco, llenando de caldo la opulenta superficie negra de la mesa.

Girándose para volver a mirarlo, le dijo:

—Perdona. ¿Me estás diciendo que incluso cuando estés convencido de que estoy recuperada del todo no se me permitirá comer dónuts? ¿O pizza? ¿O patatas fritas?

Theon alzó la vista hacia ella. Estaba ocupado metiendo una bolsita de té en una taza gris oscuro cuando la tetera empezó a silbar, estridente. La apartó del fuego y echó agua caliente en la taza.

—Sí. Justo eso. Permitírtelo sería una irresponsabilidad por mi parte.

Esa vez sí que se había quedado sin palabras.

No pudo más que quedarse mirándolo con total incredulidad mientras se acercaba a ella y dejaba la taza de té junto al cuenco de sopa antes de sentarse en la silla al lado de la suya.

Llevaba un montón de papeles en la mano; los soltó en la mesa y se puso a revisarlos.

Cuando ella no se movió, extendió el brazo y le acercó un poco el cuenco.

—Come —dijo antes de volver a centrarse en lo que fuera que estuviera leyendo.

Obediente, Tessa se comió el cuenco entero de sopa y dos pedazos de pan, una costumbre nacida de no saber cuándo volverían a castigarla sin comer.

En cuanto terminó, Theon recogió los platos y le acercó la taza.

Cuando regresó a la mesa, hizo el amago de peinarle un mechón de pelo y Tessa se apartó de él.

Él suspiró y volvió a sentarse en la silla, girándose hacia ella.

— Tessa , eres consciente de que el único motivo por el que has dormido tres días a pierna suelta es porque apenas me he separado de ti, ¿no?

Cuando lo he hecho, no ha sido más que durante un par de minutos.

Cuando estaba a tu lado, siempre había una parte de nosotros tocándose, incluso aunque solo fuera el roce de nuestros brazos.

Tessa clavó la vista en la taza y vio salir el vapor. Suponía que tenía sentido. Recordaba vagamente haberse despertado en algún momento y no sentir más que calma y satisfacción total, a pesar del dolor que su cuerpo estaba experimentando.

—¿Dónde está Luka ? —preguntó.

— Luka no tiene por qué estar aquí, Tessa . No eres su fuente. Eres la mía.

Lo miró de golpe y se encontró con unos ojos esmeralda que brillaban iracundos.

— Luka no se frustra conmigo por no saber cómo afrontar el hecho de que me acaban de robar la vida entera —replicó, fulminándolo también.

—¿Puedes siquiera intentarlo, Tessa ? —dijo Theon —. ¿Puedes intentar dejar que el vínculo fuente cumpla su función? Tal vez descubras que no es ni de lejos tan malo como te imaginas. No he hecho más que cuidar de ti y atender tus necesidades desde que te seleccioné.

—¡La culpa de tener que cuidar de mí la tienes tú, Theon ! —gritó Tessa —. Si no me hubieras seleccionado, no tendrías por qué cuidarme y atender mis necesidades.

—Más allá de ese mal necesario, te he dado y seguiré dando todo lo que puedas necesitar —se defendió.

—¿Mal necesario? —resopló Tessa , incrédula—. Dejando a un lado un momento ese argumento enrevesado, estás literalmente decidiendo lo que como. ¿Cómo justificas arrebatarme el derecho a elegir?

—Me estoy asegurando de que estés sana.

—Te estás asegurando de que tu preciada mascota esté en perfecto estado —le espetó con desprecio.

Theon se quedó mirándola un largo rato antes de girarse y empezar a recoger sus papeles. Habló con voz tensa y cortante.

— Luka necesitaba que le diera el aire, así que se ha ido a pasar el día en su finca. Volverá esta noche. Puedes hacer lo que te plazca aquí, pero no salgas de nuestros aposentos.

— Luka ya me ha dado el discursito sobre no poder salir de la jaula de oro —estalló.

Los labios de Theon se apretaron en una línea fina. Permaneció callado unos minutos, claramente intentando no perder los estribos.

—Descansa. Voy a darme una ducha —dijo finalmente.

Salió de la habitación y dejó a Tessa sentada a la mesa, con el té ya helado.

Cinco días.