Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 8
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Capítulo 8

Tessa

Durmió tres días seguidos. Cuando conseguía abrir los ojos, Theon siempre estaba a su lado.

La primera vez había estado dormido, con el cuerpo levemente acurrucado en torno al suyo.

Pese a que le dolían los huesos, cierta calma la envolvía al tenerlo tan cerca.

Cuando dormía pegada a él, el vínculo también descansaba, satisfecho.

Sin presión constante ni tentación. Sus ojos habían aterrizado en Luka , a quien, al parecer, Theon le había encargado que la vigilara mientras él dormía.

Le había preguntado si necesitaba algo y Tessa solo había negado con la cabeza antes de volver a conciliar el sueño.

En otra ocasión había sido mediodía, a juzgar por la luz que se colaba por las puertas del balcón.

Theon se encontraba recostado contra el cabecero revisando montones de papeles mientras comprobaba cosas en el portátil.

Su mano descansaba sobre su hombro y, con el pulgar, le trazaba circulitos en la clavícula.

Lo había hecho todo a un lado en cuanto la vio abrir los ojos.

Le había ofrecido traerle comida o agua, pero volvió a quedarse dormida al cabo de unos minutos.

Esa vez, no obstante, sabía que sería distinta.

No podría volver a dormirse. Necesitaba ir al baño y apestaba.

Necesitaba levantarse y estirar las piernas.

Se moría por darse una ducha y ponerse ropa limpia.

Pero, por encima de todo eso, el hilo en su interior volvía a tirar de ella, obligándola a despertarse.

Abrió los ojos. La luz bañaba el dormitorio, lo que significaba que era de día.

Luka no estaba en la silla junto a la chimenea y notaba la cama demasiado vacía.

Se dio la vuelta y vio que, en el espacio que Theon había ocupado las otras veces que se había despertado, no había ni rastro de él.

Se incorporó y se pasó la mano por el pelo lacio.

Lo tenía graso y asqueroso. Notaba la lengua hinchada y un regusto a bilis en la boca.

No quería ni pensar en lo que le cantaba el aliento.

Estaba a punto de ir en busca de un vaso de agua cuando Theon entró por la puerta. Se detuvo cuando la vio sentada, claramente sorprendido, antes de acercarse corriendo a la cama.

— Tessa , ¿cómo estás? —le preguntó. Extendió el brazo y le alzó la barbilla para examinarle el rostro.

—Agua —pidió con voz ronca.

—Voy.

Se fue y volvió un momento después con dos botellas de agua. Dejó una en la mesita de noche antes de desenroscarle el tapón a la otra, presionársela contra los labios e inclinarla para que pudiera beber. Ella hizo el amago de quitársela, deseando bebérsela más rápido, pero él la detuvo.

—Despacio, Tessa , o te sentará mal. Llevas cuatro días sin comer y casi el mismo tiempo sin beber nada.

Volvió a ponerle el tapón antes de dejarla en la mesita de noche.

Se giró hacia ella e hizo el ademán de acariciarle la mejilla, pero ella se apartó con brusquedad.

El vínculo la castigó con una descarga que le recorrió todo el cuerpo y le arrebató una mueca de dolor.

La frustración le nubló la vista a Theon y Tessa bajó la vista a la colcha.

—Necesito darme una ducha e ir al baño —dijo mientras retorcía las sábanas con los dedos.

—Vale. Puedo enseñarte dónde están tus cosas —respondió Theon , y apartó las sábanas para que pudiera bajarse de la cama.

No volvió a intentar tocarla, pero se quedó cerca de ella mientras se levantaba con las piernas temblorosas.

Lo siguió al baño y las luces se encendieron automáticamente cuando entraron por la puerta.

Se había pasado horas tumbada en ese suelo unas noches atrás, pero no había llegado a observar la estancia.

No, su campo de visión se había visto reducido al interior de la taza del inodoro.

Se quedó quieta mientras Theon entraba primero.

El cuarto de baño era tan opulento como el resto de la habitación.

Las paredes eran enteramente de azulejo negro y el suelo de un mármol blanco que radiaba calor bajo sus pies descalzos.

A su derecha había una puerta que llevaba al vestidor.

Justo frente a ella se encontraba un lavamanos doble en tonos de madera oscura.

Grifos y apliques de cobre decoraban el lugar.

Junto a la entrada del vestidor se encontraba un tocador con un banquito acolchado y un espejo que se iluminaba.

Más allá estaba la zona semiprivada del retrete.

En la esquina posterior derecha se encontraba una enorme bañera independiente lo bastante grande para dos y, a su lado, ocupando casi toda la pared del fondo, había un plato de ducha espectacular con una mampara de cristal.

Tres grandes alcachofas en cascada colgaban del techo, además de varios cabezales más que salían de distintas partes de las paredes. Había un banco en la zona posterior.

Theon se había dirigido al lavamanos más lejano para abrir un cajón, del que sacó un cepillo de dientes y un tubo de pasta.

—Todas tus cosas están en estos tres cajones —dijo mientras dejaba lo que había cogido en el lavamanos—.

Le dije a Pen que te comprara un secador entre otras cosas.

Están en este cajón, el de abajo. Si necesitas cualquier otra cosa, dímelo.

Aquí tienes un cepillo y un peine. Los accesorios para el pelo y el maquillaje están en el tocador —añadió e hizo un gesto en esa dirección.

Sacó unas cuantas toallas de un armario alto al lado de la ducha y las dejó en la superficie del lavamanos.

—Tienes productos de aseo en la ducha, a menos que prefieras darte un baño.

Tessa negó con la cabeza y se abrazó a sí misma con fuerza.

—Con la ducha me basta.

—Vale —asintió Theon y se pasó una mano por el pelo.

Una barba oscura de varios días le cubría la mandíbula, como si llevara sin afeitarse desde su regreso de la Acrópolis.

Si no la estuviera forzando a ser una especie de esclava idealizada, le habría parecido atractivo.

Tal y como estaban las cosas, solo la hizo fruncir el ceño con molestia—.

¿Prefieres ir a por ropa al armario ahora o después de haberte bañado? —se aventuró a preguntar Theon .

—¿Puedo lavarme los dientes primero? —respondió, odiando tener que pedir permiso para eso.

—Claro —dijo Theon y se hizo a un lado—. Te espero allí.

Tessa se lavó los dientes. Dos veces. Y, aun así, seguía sin notar la boca limpia del todo. Decidió que volvería a lavárselos cuando saliera de la ducha. Encontró un coletero en la encimera del lavabo y se recogió el pelo, apartándoselo del cuello, antes de entrar en el vestidor.

Era enorme. Había estado equivocada. Allí cabían seis cuartos como su dormitorio.

La ropa de Theon ocupaba una de las paredes mientras que la ropa, los zapatos y los accesorios de mujer llenaban las otras tres.

En el centro había una cómoda con cajones por todos lados.

Theon había dejado un par de mallas suaves y una camiseta de manga larga encima.

—¿Te sigue doliendo la piel o crees que con esto ya estarás cómoda? —le preguntó cuando entró.

—Me encuentro mejor —murmuró, observando todavía la gran cantidad de ropa y zapatos. Theon se dirigió a una sección y sacó un par de pantuflas de un cajón. Iba a tener que hacerse un puto mapa del vestidor para recordar dónde estaba todo.

—Puedes ponerte esto —dijo Theon mientras las dejaba sobre el montoncito de ropa—. Ya que los calcetines no son una opción viable. —Las comisuras de los labios le temblaron cuando lo dijo y Tessa lo miró, poco impresionada—. ¿Necesitas algo más?

—Creo que no —dijo y cogió la ropa.

Él le tendió la botella de agua a medio beber, pero, cuando sus dedos la rodearon, no la soltó.

—Bébetela despacio —le advirtió.

—Sí, amo —le respondió con sorna.

Los ojos de Theon se oscurecieron y un músculo le palpitó en la mandíbula.

El vínculo le dio una brusca sacudida en el pecho al…

¿Qué? ¿Cabrearlo? ¿Herir sus sentimientos?

¿Y? Ahora que no estaba vomitando magia o tiritando por la puñetera fiebre, podía pensar con claridad por primera vez en días.

Estaba de los nervios. E irascible. Y hambrienta.

¿Y por qué no había ven tana s allí dentro?

Sin ellas, el espacio parecía demasiado cerrado.

—Báñate, Tessa —contestó él finalmente y soltó la botella de agua—. Te pediré algo de comer y haré que te lo traigan lo antes posible.

—¿Pedir de dónde? ¿Los pedidos a domicilio llegan hasta aquí?

—Nuestro personal de cocina puede hacer cualquier cosa.

—Pero ¿no queda comida en la cocina o qué? Puedo prepararme algo cuando termine.

—Dejando de lado el hecho de que acabas de despertarte después de dormir tres días seguidos, no pienso permitir que mi fuente se haga su propia comida —respondió Theon mientras se dirigía a la puerta—. Grita si necesitas algo.

Tessa se llevó la ropa y la botella de agua consigo de vuelta al cuarto de baño y lo dejó todo en el lavabo, junto a las toallas.

Se giró hacia la ducha y se percató de que no tenía ni idea de qué botones pulsar o perillas girar para encender las cosas.

Tras varios intentos, al fin consiguió encender unas cuantas alcachofas y ajustar la temperatura para no congelarse.

Encontró unos botes de champú y acondicionador que olían a lavanda y menta, y un gel de baño con aroma a jazmín.

Casi se le escapó un gemido cuando se quitó el sudor y la roña de varios días de encima.

No sabía cuánto tiempo llevaba en la ducha, pero cuanto más estaba, más intentaba su mente asimilar la situación en la que había acabado.

Nada de eso debería haber pasado. Le habían repetido hasta la saciedad que nadie la querría.

Los otros herederos apenas la miraban cuando iban al poblado a observarlos a todos.

No era nadie y no era nada, como solía recordarle la madre del poblado cada vez que tenía que corregir su comportamiento.