Capítulo 6 #5
Y puede que terminara formando algún tipo de…
relación con Theon . Su padre, sin duda, había dejado bastante claro que esperaba que su relación fuera física.
Saltaba a la vista que la suya con Eviana lo era.
Eviana parecía prendada de Valter . ¿Sería solo el vínculo?
¿O de verdad su amo se había convertido en alguien tan importante para ella?
¿Y a qué se refería Valter con tener que contribuir al Reino de Arius ?
No se sabía mucho del reino y la estirpe de Arius , tan reservados, pero lo que había oído de ellos tampoco era alentador precisamente.
No tenía mucha idea de cuáles eran sus dones más allá de la capacidad de controlar la oscuridad y, al parecer, umbraportarse.
Estaban forrados, como todas las familias gobernantes, pero cómo amasaban semejante fortuna era toda una incógnita.
Los demás reinos tenían su fama. El Reino de Falein estaba formado por los académicos y los sanadores, y prestaba sus servicios al resto de reinos.
El Reino de Anala era experto en agricultura y ayudaba a los demás a cultivar sus propias fuentes de alimento, por un módico precio, claro.
En el Reino de Celeste vivían quienes se encargaban de mantener la paz y de organizar y llevar a cabo la Selección cada cinco años, recibiendo una suma generosa de todos los reinos por hacerse cargo.
El Reino de Serafina era el de los artistas y arquitectos; vendían tanto belleza como entretenimiento y diseñaban las ciudades y pueblos de los reinos.
El Reino de Achaz era el que mandaba. Todos los reinos tenían sus propias fuerzas y defensas, pero el Reino de Achaz se aseguraba de que las leyes y acuerdos establecidos de todos los reinos se cumplieran, creaba otros nuevos y juzgaba a quienes los rompían.
Los legados podían vivir en el reino que quisieran, siempre y cuando contaran con el visto bueno del lord o lady gobernante del reino al que perteneciera su estirpe.
Pero ¿el Reino de Arius ? Estaban las minas de las montañas Ozul. Ahora bien, ¿qué minaban? No tenía ni idea. De hecho, la única cosa aparte de aquella que recordaba haber oído entre susurros una y otra vez era que se trataba de un reino con el que era mejor no meterse.
Y ella, sin comerlo ni beberlo, había acabado formando parte de él.
Las preguntas se le sucedían una tras otra. Tal vez había sido mala idea quedarse un momento a solas. Se sentía demasiado abrumada por todo. Habían cambiado demasiadas cosas en demasiado poco tiempo. No podía procesarlo todo. No sabía si gritar, llorar o enfurecerse.
Cuando oyó la puerta volver a abrirse al rato, no se había movido del sitio. Luka se la encontró aún acurrucada en el sillón, mirando la chimenea apagada.
— Tessa —suspiró y se colocó delante de ella—, ven a descansar.
Cuando siguió sin moverse, se acercó vacilante y le separó los brazos de las piernas, haciendo que se pusiera de pie con cuidado.
El vínculo se estaba poniendo más y más histérico con cada minuto que pasaba sin que Theon regresara y apretó los dientes para soportar el dolor adicional que ahora se extendía por su cuerpo.
Luka hizo el amago de llevarla a la cama de Theon , pero ella se negó.
—No, en su cama no.
—Él preferiría que descansaras allí. Es mucho más cómoda que la de esa habitación —protestó.
—No pienso dormir en su cama, Luka —repitió, se zafó de él de un tirón y se encaminó al que, al parecer, era su dormitorio.
Se detuvo en el umbral de la puerta. El cuartito no tenía ven tana s, y solo con mirarlo se agobió.
La única luz que había en la estancia era la que se colaba desde la habitación principal.
Había una cama para uno contra la pared de la derecha, cubierta por una sábana fina.
Al lado, tenía una mesita de noche pequeña con una lamparita y, en la pared del fondo, a escasos dos metros de los pies de la cama, se encontraba un pequeño escritorio.
Tessa estaba segura de que, si se asomara, vería que el armario era cuatro veces más grande que esa habitación.
Al menos, no tenía puerta. La hacía parecer más grande de lo que era.
— Tessa —dijo Luka detrás de ella y le puso una mano en la espalda baja—. Ve a dormir a la otra cama.
—No —susurró y, sin saber cómo, consiguió poner un pie delante del otro. Retiró la fina sábana e hizo una mueca al tocar el tejido áspero antes de tumbarse en la cama y hacerse un ovillo, cara a la pared. Se subió la sábana hasta el hombro, una manera muy eficaz de decirle a Luka que se largara.
Oyó unos pasos alejarse y regresar unos segundos después antes de notar una manta mucho más gruesa y suave cubriéndola.
—A Theon no va a hacerle ninguna gracia esto —murmuró Luka mientras se iba de la habitación.
¿Qué más le daba a Theon de todas formas? Era su culpa que estuviera así. Tenía lo que quería. Tenía a su preciada fuente. Tenía fuerza y poder, incluso si eso significaba hacerla sufrir. Entonces, cayó en la cuenta de que tendría que pasar por eso otra vez.
Y otra vez.
Y otra.
No le quedaba más remedio que suponer que con cada marca pasaría lo mismo. Y cuando extrajera poder de ella, ¿qué? ¿Sería tan insoportable como recibir las marcas? ¿Con qué frecuencia lo haría?
No paraban de decirle que no le pasaría nada.
No paraban de decirle que todo iría bien.
Pero eran una panda de mentirosos.