Capítulo 4 #3
Vio que la mirada de Luka se dirigió a Theon , pero no pudo leer su expresión. Cuando terminó de limpiarle la mano, Tessa intentó mirársela, pero Theon volvió a impedírselo.
—Todavía no —dijo con suavidad e hizo que volviera a apoyar la cabeza contra su pecho.
En la habitación reinó el silencio y, recostada contra Theon , Tessa dejó que los ojos se le cerraran. Su cuerpo pareció relajarse contra el suyo, pero no tenía sentido. Estaba así por su culpa. No debería apoyarse contra él. Aquello era un error.
—Comprobemos cómo le afecta la primera oleada y ya vemos qué hacemos —dijo Theon en voz baja, interrumpiendo la confusión que ella intentaba procesar.
—¿Y si no puede viajar? —preguntó Luka .
—Iremos a la ciudad. No pienso quedarme aquí donde todo el mundo pueda vernos y los espías sean capaces de enterarse de lo que no deben.
—Me parece bien. —Hubo otro instante de silencio antes de que Luka añadiera—: ¿Crees que lo pasará muy mal?
—No lo sé —respondió Theon —. Se ha resistido. Mucho más de lo que esperaba.
No sabía qué pensar al respecto, porque resistirse a todo aquello había sido imposible.
No tenía ni idea de cuánto tiempo había pasado cuando algo comenzó a ocurrir. Los dolores de su cuerpo se volvieron más que pinchazos cosquilleantes. Un ardor le brotó en el dorso de la mano derecha y se le extendió por el brazo.
—Se le está acelerando el pulso —murmuró Luka .
—Soy consciente. —Oyó a Theon responder—. Quítale la manta. Está sudando.
Ella no se notaba acalorada. Tenía el cuerpo helado a pesar del ardor que la había invadido. Abrió los ojos de golpe y se echó hacia delante mientras le quitaban la manta de encima.
—No pasa nada, Tessa —la tranquilizó Theon , intentando volver a estrecharla contra él.
¿Que no pasaba nada? Claro que pasaba. Todo esto era culpa suya. Que le estuviera pasando eso era culpa suya.
Tessa se apartó de él y se cayó al suelo.
—No me toques —jadeó y, al pronunciar las palabras, algo se le sacudió en el pecho y empezó a vibrar de forma violenta en su interior. El dorso de la mano le empezó a palpitar, llamando su atención.
Como tinta negra contra su piel pálida, se apreciaba una marca. Estaba formada por remolinos entrelazados y tres triángulos invertidos interconectados en el centro.
El símbolo de Arius .
Marcándola.
Convirtiéndola en su propiedad.
Sentada en el suelo, sus ojos se dirigieron hacia los de Theon .
— Tessa , ven aquí —dijo y volvió a intentar cogerla, pero ella retrocedió a rastras con los brazos a punto de fallarle.
—No. No te me acerques —soltó con voz ronca, pero, al parecer, había metido la pata. El hilo que la conectaba a Theon se sacudió bruscamente en su interior y le arrancó un quejido de dolor.
Theon se dejó caer de rodillas ante ella. Luka seguía de pie, observándolo todo con recelo.
— Tessa —la llamó Theon , intentando calmarla—. El vínculo fuente exige que estemos cerca, sobre todo ahora mismo. Cuando me dices que me aleje, no se lo toma bien. Ven aquí.
—No —jadeó y gritó cuando otra punzada de dolor le atravesó el cuerpo.
— Tessa —estalló Theon , frustrado—. Estás a punto de experimentar algo peor que el dolor que sientes ahora mismo. Deja que me acerque para que pueda ayudarte a superarlo.
—No le gruñas, Theon —intervino Luka —. Sabes que tardará un tiempo en adaptarse. Necesitará tiempo para explorar todo esto y ver cómo funciona. Ambos lo necesitaréis.
—Soy consciente de ello, pero lo que no necesita es sufrir —replicó Theon —. No quiero verla sufrir cuando puedo evitarlo.
Luka abrió la boca para responder, pero una oleada de náuseas invadió a Tessa con tanta intensidad que cayó a cuatro patas mientras intentaba resistir las ganas de vomitar.
—Trae una palangana —ordenó Theon .
Luka ya estaba en ello y colocó un cuenco enorme junto a ella.
—No te resistas, pequeña —dijo con tono sombrío mientras le apartaba la coleta del hombro—. Échalo.
Retrocedió y se apoyó contra la pared y, cuando la siguiente oleada de náuseas la recorrió, Tessa siguió su consejo.
Vomitó en el cuenco, arcada tras arcada.
Pero no fue la cena lo que devolvió. Ni siquiera el tónico.
Suponía que su cuerpo ya había quemado todo eso.
Eran unas gruesas sombras negras y volutas plateadas de luz.
Salían a borbotones de ella y, cada vez que vomitaba, un dolor le sacudía el cuerpo entero, el estómago le convulsionaba y la cabeza le palpitaba.
Las lágrimas le corrían por las mejillas y no paraba de jadear entre arcada y arcada.
Una mano le frotó la columna y supo que Theon estaba de nuevo a su lado.
El contacto tranquilizó de inmediato el hilo en su interior.
Los vómitos, no obstante, prosiguieron varios minutos más.
Cuando por fin pararon, Tessa se hizo un ovillo en el suelo y apoyó la cabeza en el regazo de Theon .
Luka le tendió un paño frío y él empezó a presionárselo contra la frente, la mejilla y por el cuello.
—¿Qué ha sido eso? —susurró al fin. Le escocía la garganta de tanto grito y, ahora, también vómito.
—Mi magia —respondió Theon —. Para otorgarte la marca, tuve que verterte parte de mi poder bruto en las venas para que tu propia magia se viera abrumada por ella y, por consiguiente, la reconociera.
Tu cuerpo está intentando adaptarse a que mi magia esté en tu sistema, además del vínculo que está empezando a forjarse.
—¿Va a…? —Cerró la boca y tragó saliva—. ¿Va a volver a pasar?
—Sí —dijo—. La intensidad disminuirá en las próximas horas, pero tardarás días en terminar de adaptarte. El proceso de adaptación es diferente para cada fuente, pero el patrón general es el mismo.
¿Iba a seguir así durante horas? ¿Días?
Luka se acuclilló delante de los dos con un vaso de agua en la mano.
—¿Puedes incorporarte?
Tessa lo intentó, pero no le iba el cuerpo. No parecía suyo. Nada parecía estar bien y no estaba… No podía… Podría jurar que estaba gritando, pero debía ser en su cabeza porque Theon y Luka no la estaban mirando como si hubiera perdido el juicio.
Theon la ayudó a sentarse y se acercó más a ella. Le quitó el vaso a Luka y se lo llevó a los labios, inclinándolo. Cuando se bebió el vaso entero, su cabeza cayó contra el hombro de Theon .
—No sé si soy capaz de volver a soportar eso —susurró mientras se le cerraban los ojos.
—Lo eres. Y yo estaré aquí. Ayudándote.
Quería decirle tantas cosas. Gritarle tantas cosas.
Quería apartarlo de un buen empujón por haberle hecho eso.
Pero hasta la cosa dentro de ella se había sosegado, dejándola sin fuerzas.
Así que, en lugar de eso, se quedó sentada con los ojos cerrados hasta que la próxima ronda de vómitos y dolor la consumió.