Capítulo 4 #2
A Tessa le fue imposible ignorar la desigualdad de poder que estaba ocurriendo ante sus narices.
Aquellos dos legados hablaban de ella como si fuera una posesión que estuviera adquiriendo.
La sacerdotisa le estaba haciendo preguntas a Theon sobre su propia existencia mientras ella estaba allí, sentadita y calladita, con un vaso burbujeante de líquido azul en la mano y los dedos de los pies descalzos curvados en la alfombra para no removerse de los nervios.
—¿Es consciente de que el vínculo fuente les conecta en todos los sentidos, física, emocional y mentalmente, otorgándoles la habilidad de compartir poder y vida como si fuesen uno? —preguntó la sacerdotisa.
—Lo soy —respondió Theon mientras flexionaba los dedos de la otra mano.
— Theon St. Orcas, ¿a quién selecciona como su fuente?
—A Tessalyn Ausra .
La bilis le subió por la garganta cuando aquellas palabras abandonaron los labios de Theon .
—Que la seleccionada beba el elixir para abrirle paso a vuestra marca de posesión.
La sacerdotisa le indicó a Tessa que bebiera y ella miró a Theon por el rabillo del ojo.
Este asintió con una expresión inescrutable en el rostro.
Se llevó el vaso a los labios, intentando no inhalar el humo que salía de este.
Ni siquiera le dio tiempo a procesar su sabor dulce porque el líquido le quemó la garganta de camino al estómago.
Abrió los ojos de par en par e intentó apartar el vaso, pero Theon le había cubierto la mano con la suya, sosteniéndoselo contra los labios.
Presa del pánico, echó la cabeza hacia atrás, pero tenía su otra mano en la nuca, inmovilizándola. Él había sabido que aquello pasaría.
Su mirada ojiplática se cruzó con la suya y no le hizo falta nada más.
— Bebe , Tessalyn —la embelesó y ella tragó más y más mientras él inclinaba el vaso. El líquido le ardía en el estómago y se le saltaron las lágrimas. La habitación le daba vueltas, pero apenas podía moverse, pues Theon se lo impedía.
Le retiró el vaso de los labios.
—Buena chica, Tessa —murmuró y le secó una gota de la comisura de la boca con el pulgar antes de presionárselo contra los labios—. Túmbate, preciosa.
Theon se dejó caer en el suelo ante ella y le ayudó a subir las piernas al sofá, haciendo que se tumbara de costado. Consiguió llevarse las rodillas al pecho, haciéndose un ovillo. El movimiento requirió hasta la última pizca de su energía.
—Duele —jadeó mientras más lágrimas le corrían por las mejillas.
—Lo sé, pero lo que viene ahora es peor.
¿Cómo iba a ser peor lo que venía ahora que aquello? Quería vomitar, pero sabía que quemaría tanto echarlo como tragárselo. También sabía que la obligarían a beberse otro vaso si vomitaba ese.
—Cuenta con tan solo unos minutos para completar la primera marca, mi señor —dijo la sacerdotisa detrás de él. Le estaba tendiendo una daga y Tessa abrió mucho los ojos, aterrada.
—Que entre Luka —ordenó Theon y cogió la daga.
La sacerdotisa atravesó la habitación y Tessa oyó la puerta abrirse por encima del zumbido en su cabeza.
Pero sus ojos estaban clavados en Theon y la daga.
No tenía ni idea de lo que estaba a punto de pasar, pero sabía que no le había mentido.
Aquello iba a ser mucho peor que el tónico que se acababa de tragar.
Luka apareció ante sus ojos y, cuando se puso a su lado, ella empezó a temblar.
—Que no se mueva, Luka —ordenó Theon y se llevó la daga a la palma de la mano.
Las manos enormes de Luka se le posaron en el hombro y la cadera, pero este se negaba a mirarla.
—Por favor, Luka —le suplicó, recurriendo a su última baza. No conocía a aquel legado, pero, si Theon no estaba dispuesto a detenerse, puede que Luka le parara los pies por ella—. No dejes que lo haga.
—Lo siento, pequeña —dijo en un susurro que apenas pudo oír.
Sus ojos se dirigieron de nuevo a Theon , que tenía sangre corriéndole por el brazo del corte que se había hecho en la palma.
Luka apartó la mano de su hombro y le sujetó la muñeca derecha, tendiéndole su brazo al otro.
Con la mano ensangrentada, este se la agarró y le colocó la punta de la daga contra el dorso.
La hoja era tan oscura que parecía absorber la tenue luz de la habitación.
Le hizo un corte profundo en el dorso de la mano y Tessa soltó un grito. La sacerdotisa estaba allí, dibujándole una especie de marca con la sangre que le salía del corte. En menos de un minuto terminó, demostrando que no era la primera vez que lo hacía, y asintió hacia Theon antes de apartarse.
Él le sostuvo la mirada a Tessa .
— Tessalyn Ausra , te he hecho mi fuente, uniéndote a mí irrevocablemente. Con esta marca, que el vínculo se vuelva físico para que siempre notemos la presencia y ansiemos la cercanía del otro. Mi poder te reclama como suya.
La última parte la dijo en un idioma que ella no conocía, pero su alma sí. Theon soltó la daga, le tomó la muñeca de entre los dedos de Luka y la sostuvo con firmeza mientras colocaba la palma ensangrentada sobre la herida que le había hecho y la consecuente marca.
Un dolor abrasador le corrió por las venas mientras la sangre de él se mezclaba con la suya bajo su piel.
Jamás había sentido algo así: una agonía que la llevó a desear la muerte.
La oscura y fría magia de Theon arremetió contra ella, invadiendo hasta el último rincón de su cuerpo y alma.
Estaba gritando y retorciéndose en el sofá mientras Luka la inmovilizaba con su cuerpo.
Era como si la mismísima muerte se apoderara de ella una y otra vez, y dioses .
Deseó que le quitara la vida de una vez.
Theon se limitó a apretarle la mano con más fuerza, negándose a romper la conexión, y algo dentro de ella zumbó y se sacudió, intentando levantarse.
Pero Theon forzó más y más magia en su interior hasta resultar asfixiante.
No podía respirar y esa sensación familiar no hizo sino aumentar su pánico.
Theon tenía la mandíbula apretada y el sudor le perlaba la frente cuando soltó:
—Cede de una vez, Tessa .
Pero no sabía a qué se refería y el dolor le arrancó otro grito de la garganta.
Entonces, un hilo del más puro de los oros le surgió de la piel y se alzó para reunirse con uno negro obsidiana que salió de Theon .
Los hilos se entrelazaron cada vez más fuerte y fue como si le envolvieran el corazón.
Forcejeó bajo Luka , intentando respirar.
La vista se le estaba poniendo borrosa y tuvo la certeza de que moriría así.
Su poder oscuro iba a matarla. Y lo aceptó.
Aceptaría cualquier cosa con tal de no sentir.
Se había pasado años tentando a la muerte.
Puede que al fin hubiera llegado su hora.
Tal vez fueron segundos, pero parecían haber pasado horas cuando un destello plateado emergió de los hilos y estos regresaron a Theon y Tessa .
Notaba un cosquilleo bajo la mano y una sensación de tirantez en la boca del estómago, pero no podía prestarle atención a ninguno de los dos.
Estaba demasiado ocupada intentando recuperar el aliento.
Luka se quitó de encima de ella mientras Theon se sentaba en el sofá y la colocaba sobre su regazo, estrechándola contra su pecho agitado.
Tenerlo cerca inundó su propio pecho de calidez y el nudo en su estómago se deshizo, vibrando con satisfacción.
Le dolía todo el cuerpo, pero la cabeza le palpitaba como si se hubiera pasado toda la noche bebiendo.
—Tranquila, preciosa —murmuró Theon , como si se creyera capaz de calmarla—. Voy a cuidar de ti.
Pareció suspirar del alivio mientras la sostenía y le acariciaba el pelo.
Luka se acercó con un paño mojado y le secó el sudor de la frente.
No terminaba de entender lo que estaba pasando.
Lo más probable es que pensaran que estaba demasiado cansada como para importarle. Y no estarían del todo equivocados.
—¿Sabe a lo que se enfrenta en las próximas horas y días mientras se adapta? —preguntó la sacerdotisa.
—Sí —respondió Theon .
La sacerdotisa se acercó y agarró la mano derecha de Tessa . Esta intentó mirar, pero Theon le sujetó la cabeza contra el pecho, impidiéndoselo. Cuando la sacerdotisa le soltó la mano, Theon se apresuró a entrelazarla con la suya.
—La marca ya le ha sido otorgada. Si devuelve el tónico ahora, dará igual. Su magia ya forma parte de ella. Le he entregado el resto de los enseres necesarios a su acompañante y le he explicado lo que debe hacer —señaló la sacerdotisa, apartándose—. ¿Puedo hacer algo más por usted esta noche?
—No —dijo Theon —. Puede retirarse.
La sacerdotisa hizo una reverencia antes de salir de la habitación.
En cuanto la puerta se cerró, Theon dijo:
—Tráeme una manta, Luka . Está tiritando.
Un momento después, le echaron una manta gruesa de lana por encima. La cabeza le palpitaba y la habitación le daba vueltas. Se sentía como si tuviera miles de trozos de cristal clavados en cada milímetro del cuerpo.
—¿Cuándo crees que podremos moverla? —preguntó Luka mientras arrastraba una silla desde la mesa para sentarse frente a ellos. Sus ojos no se apartaban de Tessa , observándola con atención.
—No lo sé —respondió Theon —. Me gustaría que vomitara primero para ver qué efectos secundarios tiene.
La mención de efectos secundarios le arrebató un quejido. ¿No la habían hecho sufrir bastante ya?
—Shh —volvió a murmurar Theon mientras le frotaba la espalda con la mano—. Estoy aquí, Tessa . —Tras unos segundos de silencio, añadió—: Límpiale la mano, Luka .
Luka asintió, se levantó de la silla y regresó con un paño húmedo. Separándole la mano de la de Theon , se la limpió con cuidado a toquecitos. Tessa siseó, apartándola.
—Deja que te la limpie, Tessa —le pidió Theon con suavidad y le indicó a Luka que volviera a intentarlo con un gesto de la cabeza.
—Me duele todo —dijo con voz ronca cuando Luka empezó a limpiársela a toquecitos y pasadas otra vez.
—Lo sé.