Capítulo 3
Tessa
La rotundidad de sus palabras le atravesó el alma y, a pesar de no poder moverse, dos lágrimas le rodaron por las mejillas. Theon le secó una con el pulgar, esparciéndole la humedad por el pómulo.
—Confírmame que entiendes lo que acaba de pasar, Tessa .
Sus labios se entreabrieron como si una mano se los hubiera soltado.
—Lo entiendo…, amo. —Era consciente de que la palabra debería dejarle un mal sabor de boca, pero, muy a su pesar, la pronunció con dulzura y deseo.
—Buena chica —dijo él. Le soltó la muñeca y volvió a acariciarle la mejilla—. Cuando estemos a solas o en presencia de Luka Mors , y no en un contexto formal, puedes llamarme Theon —añadió.
Tessa se limitó a asentir, demasiado aturdida para hacer otra cosa. Él se puso de pie entonces, le sirvió otro vaso de agua y se lo tendió.
—Bebe, Tessa .
Pero ella no hizo ademán alguno de coger el vaso.
—No tengo sed.
—Te vendrá bien. Te ayudará a despejar la mente —insistió.
—No, gracias.
Theon suspiró.
—Esto no está yendo para nada como me imaginaba —murmuró entre dientes. Se frotó los ojos con el pulgar y el índice y, finalmente, dijo—: Tessalyn , bebe .
Ella le fulminó con la mirada y no le quedó más remedio que coger el vaso y bebérselo entero antes de devolvérselo.
—¿Mejor?
—Uy, sí. Es un auténtico milagro —replicó, importándole una mierda su supervivencia mientras esa cosa bajo su piel se ponía cada vez más inquieta.
Arqueó las cejas.
—Eres… imprevisible.
—Haber seleccionado a otra. —Su tono no fue tan cortante como le hubiera gustado. Esperaba que no hubiera oído el pequeño deje de derrota en él.
—Estoy convencido de que he hecho la elección perfecta.
La pequeña sala se sumió en un silencio espeso.
—¿Y ahora qué? —preguntó Tessa y se recostó en la silla. Le dolían y pesaban las extremidades, pero, al menos, ahora podía moverlas. Tenía que controlarse.
«Sé quién quieren que seas ahora para poder convertirte en quien estabas destinada a ser después».
Eso era lo que siempre le decía Dex . Y ayudaba. A veces.
—Se necesita mínimo una hora para que el tónico haga efecto antes de otorgar la primera marca. Por eso te lo he dado ahora, antes del banquete —explicó Theon . Se había alejado bastante de ella, dándole espacio, pero sin quitarle la vista de encima.
—Entonces… ¿podemos ir a comer?
Theon negó con la cabeza.
—Ya te he dicho que no vamos a quedarnos al banquete. En cuanto pase la hora, convocaré a la sacerdotisa, te otorgaré la marca y nos iremos.
—¿Irnos? ¿Adónde? —preguntó y se enderezó.
—A casa. Todavía quedan unas cuantas semanas para que empiecen las diversas actividades de la Selección para el resto de los fae.
—¿Y en qué parte del reino de Arius se encuentra su casa?
Negó con la cabeza.
—Paciencia, Tessa . No pienso decírtelo hasta que no tengas la primera marca.
Tessa resopló.
—Ordéname que no se lo diga a nadie y ya —replicó, mordaz.
Pues sí que le había durado poco lo de controlarse. Dioses, no podía rebajarse. Sabía cómo pasar desapercibida y respondiéndole a un legado, especialmente al heredero de Arius , no iba por buen camino. Aunque, claro, ya se habían fijado en ella, ¿qué más daba a esas alturas?
—Dime, Tessa , ¿cuánto tiempo te vas a pasar así de resentida con tu destino?
Se cruzó de brazos y apretó los labios.
—Quiero comer.
—Haré que te traigan comida.
—No. Quiero ir al banquete. Concédeme una última noche de normalidad. Me lo debes, Theon —suplicó.
Theon chasqueó la lengua.
—No te debo nada.
Tessa se sobresaltó; sus palabras le sentaron como un bofetón.
Ni siquiera sabía por qué le sorprendía el comentario.
No debería. Al fin y al cabo, era un legado.
Los fae existían por y para servir a su especie.
Por supuesto que creía que no le debía nada después de renunciar a toda su vida por él.
De renunciar a todo su ser por él. No es que tuviera mucho, pero lo poco que tenía no quería dárselo a un puñetero legado.
Theon suspiró como si se hubiera dado cuenta de que había metido la pata.
—No quería decir…
—Sí, claro que querías, pero no pasa nada —interrumpió Tessa y se puso de pie.
Se tambaleó un poco y Theon se acercó con la mano extendida para ayudarla a recuperar el equilibrio, pero ella alzó la suya para detenerlo—.
No. —Respiró hondo varias veces antes de alzar la vista hacia él—.
Sé que no me debes nada, pero me gustaría asistir al banquete y ver a mis amigos una última vez antes de que me lleves a tu casa.
Theon le sostuvo la mirada un momento antes de asentir.
—Podemos ir al banquete, pero no nos quedaremos al baile, Tessa . En cuanto se termine el banquete, nos vamos.
—Es costumbre que los herederos asistan a toda la celebración.
Un destello oscuro le atravesó los ojos.
—El reino de Arius no es de seguir costumbres.
—Pero…
—O banquete o nada. Es lo que hay.
Tessa apretó los labios.
—Vale —cedió y se cruzó de brazos.
Se dirigió a la puerta y la mano de Theon se posó en su espalda baja; el contacto la hizo contener un escalofrío.
—Que no se te haga costumbre negociar conmigo, Tessa —le murmuró al oído—. No volverá a pasar.
Tessa tragó saliva, pero asintió, aceptándolo, y él la condujo de vuelta al gran salón.
Todas las miradas se posaron sobre ellos mientras la acompañaba al estrado.
Los demás herederos ya estaban presentes, y sus fuentes, sentadas junto a ellos, todas con moratones en el cuello.
Era la primera y última vez que un fae recibiría semejante honor.
Había dos sillas vacías al final de la mesa; Theon retiró una para que se sentara y la arrimó a la mesa.
En cuanto él tomó asiento, aparecieron unos camareros que dejaron cuencos de sopa de maíz y hierbas frente a los herederos.
Una vez sirvieron a los herederos, atendieron a las fuentes recién escogidas antes de pasar a los lores y ladies.
Tessa estaba demasiado ocupada buscando a Dex y los demás entre la multitud para comer y Theon se percató de ello. Se inclinó y empujó la cuchara sopera hacia ella.
—Come, Tessa —le dijo suavemente al oído—. No me hagas volver a forzarte.
Se tensó ante la insinuación de embelesarla y apretó los dientes mientras cogía la cuchara.
Iba por la cuarta cucharada cuando por fin los localizó.
Todos tenían la mirada puesta en ella, pero fue a Dex a quien se la sostuvo.
Sus ojos estaban llenos de preocupación y sus labios formaban una fina línea, pero no podían hacer nada al respecto.
No ahora mismo, al menos.
A la sopa la siguió una ensalada y, a esta, un plato principal a base de cordero asado, patatas, verduras de temporada y pan.
Tessa picoteó del plato y solo porque Theon la había amenazado, aunque no volvió a decirle nada.
Pero sabía que no le quitaba el ojo de encima, como si eso mejorara la cosa.
Un par de herederos intentaron entablar una conversación con él, pero solo daba respuestas secas y escuetas. Al final, tiraron la toalla.
Cuando se anunció que habría un breve descanso entre el plato principal y el postre, Tessa hizo el amago de retirarse de la mesa para ir a ver a Dex . Una mano aterrizó en el respaldo de su silla antes de que pudiera moverla más de un centímetro.
—¿Adónde vas, Tessa ? —preguntó Theon en voz baja.
—A ver a mis amigos antes de que sirvan el postre.
—No.
—Pero el trato era que asistiríamos al banquete y que podría ver a mis amigos —protestó.
—Accedí al banquete. A nada más —dijo Theon mientras su expresión se endurecía. Estaban empezando a llamar la atención tanto de los herederos como de los lores y ladies.
—The…
Pero el nombre se le quedó atascado en la punta de la lengua. Abrió los ojos como platos mientras una sonrisita de satisfacción aparecía en el rostro de Theon . Estaban en un contexto formal.
Con toda la vergüenza del mundo, soltó a regañadientes:
— Amo , me gustaría despedirme de mis amigos, ya que nos iremos en cuanto finalice el banquete.
—No —respondió a secas y volvió a recostarse en la silla mientras hacía girar la copa de whisky.
—¿No? ¿Y ya está?
Theon apretó los labios y una oscuridad pareció emanar de su piel antes de desaparecer con la misma rapidez. Le dio un trago a la copa antes de soltarla e inclinarse hacia ella para volver a hablarle al oído.
—Te dije que no volvería a negociar contigo, Tessalyn . Ahora, te recomiendo que pares de dar el espectáculo delante de todo el mundo. — Tessa asintió una vez para hacerle saber que lo había entendido, pero no fue suficiente para él—. Confirmación verbal, Tessa .
—Entendido —soltó con los dientes apretados.
—Bien —dijo, se echó hacia atrás con las piernas muy separadas en un gesto de pura arrogancia masculina y volvió a coger la copa. Tessa se recostó también en su silla y se cruzó de brazos.
—Compórtate, Tessa —murmuró con la copa contra los labios—. No pienso permitir que mi fuente ande enfurruñada y haciendo mohínes en público.
—Sí, amo —respondió fingiendo dulzura, se enderezó y cruzó las piernas con las manos en el regazo.
Otra sonrisita apareció en sus labios y podría jurar que un destello de diversión le brilló en los ojos verdes.
Unos minutos más tarde les pusieron delante trocitos de un delicioso postre de chocolate que una hora atrás habría devorado, pero que ahora no le sabía a nada.
Después de tres pedazos, Tessa soltó el tenedor y apartó el plato.
—Para estar muriéndote de hambre, no has comido nada —dijo Theon de forma casual mientras pinchaba el último trozo de su postre.
—He perdido el apetito —soltó.
—Probablemente sea lo mejor. No querrás tener el estómago lleno cuando recibas la primera marca.
Giró la cabeza con brusquedad en su dirección.
—¿Por qué?
Theon se encogió de hombros.
—Tengo entendido que recibir las marcas puede ser desagradable para las fuentes.
¿Qué cojones significaba eso?
—Si has terminado, podemos convocar a una sacerdotisa —añadió Theon y se dispuso a apurar la copa.