Capítulo 3 #2
El pánico se arremolinó en su interior y, cuando una oleada de náuseas le recorrió el cuerpo, se alegró de no haber comido mucho.
—Yo…
—No intentes escaquearte, Tessa . Ya es hora —dijo sin más y su copa dio un leve golpe seco cuando la dejó en la mesa.
Hizo el amago de levantarse, pero Tessa soltó:
—Necesito ir primero al baño.
Él entrecerró los ojos.
—El cuarto de Marcación tiene baño.
Mierda. Eso no era lo que quería. Lo que quería era estar sola cinco putos minutos para poder pensar tranquilamente y urdir un plan. Y, al parecer, esos cinco minutos iban a tener que ser en el baño.
—Es urgente —respondió mientras se removía y cruzaba las piernas como si estuviera a punto de mearse encima allí en medio.
Theon parecía bastante irritado cuando dijo:
—Haremos una parada de camino a la habitación.
Ella asintió, conforme, y dejó que Theon retirara su silla y la ayudara a levantarse.
Vio a Dex , Oralia y el resto al margen de la multitud, todavía mirándola.
Los fae no habían podido comer aún. Y no lo harían hasta que los legados hubieran terminado.
Se había pasado toda la cena intentando dar con la forma de mandarles un mensaje, pero Theon la había estado observando como un puto halcón.
Mientras bajaban las escaleras del estrado, Tessa se dio cuenta de que aquella era su última oportunidad. La mano de Theon volvió a presionarse contra su espalda baja y, cuando estuvieron lo bastante cerca de Dex , dijo:
—Antes no vi ningún baño en el pasillo. ¿Está seguro de que hay uno de camino?
Theon asintió una vez con la mirada al frente.
—Hay uno a mitad del pasillo, a la derecha.
—Perfecto —respondió y vio a Dex escabullirse por el rabillo del ojo.
Y, además, de verdad.
Cuando salieron del gran salón y estuvieron en el pasillo, Theon le apartó la mano de la espalda y se la presionó contra el cuello, justo donde le había inyectado el tónico a la fuerza. Tessa se apartó cuando notó esa presión contra la zona amoratada y sensible y le dirigió una mirada acusatoria.
—¿Qué haces?
—Mi poder está curando el moratón.
—Los legados de Arius no tienen dones curativos.
—Puedo curarte a ti . Es parte de la Marcación de la fuente y prueba que el tónico ha hecho efecto, dejando vía libre a mi magia para que te cure.
—¿Por qué no lo has hecho antes?
—Porque es tradición que las fuentes hagan gala de los hematomas durante la velada hasta que reciban la primera marca —explicó y volvió a llevar la mano a su cuello.
Notó su magia negra correrle por debajo de la piel, calmándole el dolor.
—Creía que al reino de Arius le daban igual las costumbres.
—Cuidado, Tessalyn —advirtió—. Mi paciencia tiene un límite.
Cuando llegaron al baño de mujeres, Theon la detuvo con un tirón en el brazo.
—Cinco minutos, Tessa . Si no has salido en cinco minutos, entraré a por ti.
—Entendido, «amo».
Un gruñido brotó de lo más profundo de su garganta.
—Tenemos mucho de lo que hablar cuando lleguemos a casa.
Tessa se dio la vuelta, pero, antes de que pudiera abrir la puerta, alguien más salió por ella.
—Oh, discúlpenme —dijo Oralia y se apresuró a hacerle una reverencia a Theon antes de irse corriendo.
Theon no se molestó siquiera en responderle.
—Cinco minutos —dijo y señaló la puerta con la barbilla.
Tessa entró deprisa y escaneó la habitación de inmediato.
Había cinco cubículos a su derecha y los lavabos estaban en la pared de la izquierda.
En la parte superior de la pared del fondo había una ven tana pequeña, pero no lo bastante como para no poder colarse por ella si conseguía alcanzarla.
Dio un paso hacia ella cuando un zumbido la hizo detenerse.
Se acercó a los cubículos y se paró delante del tercero, donde el zumbido sonaba más fuerte.
Tessa abrió la puerta y se encontró un teléfono en la parte trasera del inodoro, vibrando con una llamada entrante.
Normalmente, los fae no tenían móviles hasta que empezaban a trabajar en los reinos que les asignaban, pero ella les había robado muchos a legados desprevenidos.
Para sorpresa de todos, a Corbin se le daba bastante bien la tecnología, teniendo en cuenta que casi nunca tenían la oportunidad de usarla, pero había conseguido eliminar todas las medidas de seguridad de los teléfonos que habían robado en el pasado, volviéndolos imposibles de rastrear.
Su grupito de seis compartía dos móviles robados, y aquel era uno de ellos.
Y, como nadie sabía que los tenían, no habían comprobado que hubieran ajustado la configuración antes de entrar al Panteón.
El móvil dejó de sonar y, al instante, empezó a vibrar otra vez. Lo cogió, descolgó y se lo llevó a la oreja.
—¿ Dex ?
— Tessie . —La voz aliviada de Dex sonó por el altavoz—. Vamos a sacarte de ahí. Vamos a…
—No, Dex . Si os pillan, estáis muertos. Os acusarán de intentar secuestrar a una fuente. Os matarán a ti y a cualquiera que esté contigo de inmediato. No podemos arriesgarnos —razonó, sabiendo adónde quería ir a parar con eso.
—¿Y qué quieres que haga? ¿Nada? —preguntó Dex —.
¿Quieres que nos quedemos de brazos cruzados y dejemos que te conviertan en una fuente?
No puedo, Tessa . No después de todo lo que nos hemos esforzado por nuestro futuro y todo lo que hemos hecho para asegurarnos de que no pasara precisamente esto. Allí no estaré para salvarte.
—No te estoy pidiendo que te cruces de brazos y no hagas nada. —Salió del cubículo y se dirigió de nuevo a la ven tana —. Creo que tengo un plan.
—¿ Crees que tienes un plan?