Capítulo 2
Tessa
Era el heredero de Arius .
Y ella le había gritado en la cara.
Por un trozo de chocolate.
Dioses. Tenía suerte de seguir en pie, de seguir viva.
Era un reino tan reservado que Tessa ni siquiera sabía cómo se llamaban los herederos, solo los gobernantes.
Sabía que el heredero tenía un hermano, pero no podía ser el hombre con el que le había visto antes.
Si su hermano estuviera allí, estaría en el estrado con su familia como el resto de los hermanos, no junto a los demás legados.
Le echó un vistazo rápido a la habitación, intentando dar con su acompañante, pero con todo el mundo reunido allí y con los ojos puestos en el estrado fue imposible.
— Tessa —dijo Dex despacio, en voz baja—, ¿no es ese el legado que dices que te quitó…?
—Sí —susurró ella, interrumpiéndolo.
—¿El heredero de Arius ? —siseó.
—Eso entonces no lo sabía. Obviamente.
—¿Qué le has dicho? Por favor, dime que no has hecho ninguna estupidez.
—No creo que sea el momento de contarte con pelos y señales lo que hablamos.
Dex se quedó callado y la sostuvo por la cintura con más fuerza.
No pasaba nada. Que el heredero de Arius le hubiera preguntado si era una de las fae preseleccionadas no significaba nada.
No podía. Había hecho todo cuanto estaba en su mano para pasar desapercibida ante los herederos cuando habían ido a los poblados fae a observar posibles fuentes.
Ella y todos. Sus evaluaciones no eran nada del otro mundo; es más, ella no era nada del otro mundo.
Solo una fae más, del montón. Se habían escapado del poblado miles de veces y, en más de una ocasión, los habían pillado.
Se metían en suficientes líos como para que los castigaran, pero no para que los mandaran al Infrarreino.
Todas las familias gobernantes se habían reunido al frente de la sala en un amplio estrado que abarcaba por completo la longitud del salón.
Tras ellos había mesas de decoración ostentosa, listas para el banquete que tendría lugar cuando terminara la ceremonia de apertura.
Tessa observó al heredero de Arius meterse las manos en los bolsillos y balancearse sobre los talones mientras recorría lentamente con la mirada a todos los que se encontraban debajo de él.
Tenía una expresión fría e impasible en el rostro.
Era la oscuridad hecha legado, como su padre.
Su madre se inclinó y él se agachó para que pudiera decirle algo al oído.
Asintió una vez y ella le dedicó una sonrisa serena.
El lord de Achaz dio un paso al frente y toda la sala guardó silencio de inmediato. Todos los fae se postraron ante él. Todos los legados, salvo por los lores y ladies, hicieron una reverencia, incluidos los herederos, antes de volver a enderezarse. El lord de Achaz se aclaró la garganta.
—Bienvenidos —bramó— a la cincomilésima sexcentésima vigesimosegunda Selección. Los fae pueden levantarse.
Dex ayudó a Tessa a ponerse de pie, tal y como había hecho el heredero de Arius en el recoveco.
Se sacudió el vestido por la zona de la rodilla.
El brazo de Dex volvió a rodearle la cintura y ella se acomodó contra él, alisándose los costados de su atuendo.
El lord de Achaz empezó a dar la tabarra con la historia de la Selección y la importancia del evento anual.
Cuanto más hablaba, más se le pasaban los nervios y la impresión por haber hablado y sobrevivido al heredero de Arius .
Tessa estaba casi convencida de que estaba a punto de descubrir si una podía quedarse dormida estando de pie, nada menos que en tacones, cuando el lord al fin dijo:
—¡Que comience la Selección!
—Alabados sean los dioses —murmuró y Dex se rio por lo bajini.
—No queda nada para comer dónuts —le susurró al oído y le dio un pellizco en la cadera.
—No me lo recuerdes —refunfuñó.
Iba a pedirse una pizza de pepperoni. No, no, espera.
De salchicha. No. De pepperoni y salchicha.
Y dónuts. Le daba igual que no pegaran. Los dónuts pegaban con todo.
Sip, eso iba a hacer. Y no pensaba compartir con nadie.
Ni siquiera con Dex . Y, si Lange intentaba mangarle un dónut, era capaz de morderle y más.
El heredero de Achaz había dado un paso al frente cuando le preguntaron por su selección.
—Escojo a Sasha Roenya como mi fuente vinculada —anunció Dagian con un vozarrón tan grave como el de su padre.
La sala volvió a estallar en aplausos mientras Sasha subía al estrado acompañada por un legado de la estirpe de Zinta , una de las diosas de la magia y la brujería, para colocarse detrás de Dagian .
Todos los legados de los dioses menores le eran leales a uno de los reinos.
El linaje de Zinta , junto al de Sirana , diosa del amor y la fertilidad, debían lealtad al reino de Achaz .
Los linajes de los dioses menores más poderosos normalmente servían como consejeros en los Consejos Supremos de los lores y ladies.
Todas las fuentes seleccionadas subirían acompañadas al estrado para posicionarse junto a sus nuevos amos.
Antes de que el banquete comenzara, los herederos y sus nuevas fuentes abandonarían la sala para hablar en privado.
Al parecer, era entonces cuando empezaba a establecerse el vínculo, pero los seleccionados no recibirían la primera marca hasta que la velada no llegara a su fin.
Les habían dicho que el periodo de adaptación a las marcas podía llevar horas, así que se hacía al final del banquete y el baile, justo antes de que los herederos se marcharan.
La heredera de Falein , Prudence , fue la siguiente en seleccionar a una fuente. Todas las selecciones salieron según lo esperado. No se llevaron ninguna sorpresa, pero, cuando llegó el turno del heredero de Arius , toda la sala pareció quedarse inmóvil.
— Theon St. Orcas —llamó el lord de Achaz , y el legado del recoveco dio un paso al frente.
Nadie sabía qué esperar de él. Todos los fae se tensaron y contuvieron la respiración.
Los legados lo observaban con curiosidad y las familias gobernantes parecían estar tan en ascuas como los fae.
El resto de los herederos habían escogido a sus fuentes hacía mucho.
Aquello no era más que una cuestión de seguir con la tradición, pero la elección del heredero de Arius seguía siendo todo un misterio.
Oralia había estirado el brazo y le había agarrado la mano tan fuerte que le estaba haciendo daño y ella no podía apretujarse más contra Dex .
Lange le rodeaba los hombros a Corbin con fuerza y Brecken había pegado a Kat a su pecho.
Ella había escondido la cara en su hombro con los ojos cerrados mientras le rezaba entre susurros a unos dioses que pasaban de ellos.
—Escojo a Tessalyn Ausra como mi fuente vinculada —proclamó Theon , y su voz se le caló en los huesos.
—No —exclamó Oralia a su lado, pero se vio opacada por los murmullos que estallaron a su alrededor.
Las manos de Dex apretaron a Tessa con más fuerza cuando por poco le fallaron las rodillas y se tambaleó con los estúpidos tacones.
El heredero de Arius no podía haber dicho su nombre.
Era imposible. Ni de coña la acababan de seleccionar.
No era una de las fae preseleccionadas. La habían visto y descartado tantas veces en el poblado que la posibilidad ni siquiera se le había pasado por la cabeza.
Nadie la quería. Nadie jamás la había querido.
Nada y nadie. Eso era. Aquello… aquello tenía que ser un grave error. Algún tipo de broma.
Alzó la vista hacia Dex y se lo encontró con los ojos cerrados y la cara contraída en una mueca que daba a entender que, para él, aquella posibilidad había existido desde el principio y, cuando abrió los ojos y le sostuvo la mirada a Tessa , supo que no se trataba de una farsa.
El tiempo pareció detenerse cuando se giró hacia Lange y Corbin , que tenían una expresión horrorizada.
Kat se había llevado las manos a la boca y Brecken tenía los labios apretados en una línea finísima mientras una especie de ira silenciosa le ardía en la mirada.
Notaba el peso de cada vez más miradas sobre ella cuando la localizaron entre los fae.
— Tessalyn Ausra —dijo una voz grave a su izquierda. Se giró y se encontró al legado al que había visto hablando con el heredero de Arius —. Acompáñeme.
Le tendió la mano y ella no pudo hacer más que quedarse mirándolo. Aquello no estaba entre sus planes. Se suponía que no seleccionarían a ninguno. Se suponía que pasarían juntos mínimo otro año antes de que los separaran y los enviaran a reinos diferentes.
—Venga, pequeña —repitió el legado con voz suave y persuasiva.
—Tienes que ir —le siseó Dex al oído y le dio un empujoncito.
Tessa jamás se había sentido tan sola como cuando sus manos le soltaron la cintura. Y eso era mucho decir, porque la soledad y ella se conocían muy bien.
Tragó con dificultad y se obligó a mover los pies mientras deslizaba los dedos en la palma expectante del legado.
Ya en marcha, este le colocó la otra en la espalda baja y lo único en lo que Tessa podía pensar era en lo caliente que la tenía, como un hierro forjado contra su piel.
Mantuvo la vista al frente mientras la guiaba a través de la multitud hacia el estrado.
Sus ojos se posaron en la fae que se encontraba detrás de Valter , firme y sumisa. Su fuente.
Y vio en ella lo que le deparaba el futuro.