Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 1 #4
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Capítulo 1 #4

Era el legado del pasillo. El que la había acorralado en el recoveco.

Parecía estar observando a todo el mundo con la misma intensidad que el anterior.

De vez en cuando, le decía algo al legado a su lado y, tras un instante, este le entregaba una especie de carpeta.

De dónde se sacaba las carpetas su acompañante era todo un misterio.

Si no estuvieran en el Panteón, estaba segurísima de que estarían mirando una tableta y no documentos en físico.

Los dos echaban un vistazo a los contenidos de la carpeta, casi cabeza con cabeza, y pasaban unas cuantas páginas antes de que el primero se la devolviera al segundo y continuara observando a la multitud.

La idea de robar una copa quedó en el olvido mientras estudiaba a los dos legados, intentando averiguar qué hacían.

—Córtate un poco —le murmuró Dex al oído.

—Ese es el que me quitó el chocolate —respondió mientras el legado recibía otra carpeta.

—¿Y qué piensas hacer, Tessie ? ¿Ir hasta allí y decirle que te lo devuelva? —la riñó.

—No —replicó—. Pero nada me impide fantasear con formas de hacerle daño.

—¿Seguro que solo fantaseas con eso? —la provocó.

—Que te den, Dex . Sabes que jamás me tiraría a un legado. No por voluntad propia, al menos.

Antes de que Dex pudiera responder, hubo una conmoción en la entrada principal que acaparó la atención de todos los presentes y, un momento después, la primera de las familias gobernantes entró por la puerta.

Cómo no, era el lord de Achaz , con su esposa del brazo y su fuente un paso por detrás.

A su lado estaba el heredero de Achaz , Dagian Jove .

Tenía el pelo de un rubio dorado, los pómulos altos y los ojos dorados.

Llevaba un traje negro y una camisa blanca.

Un chaleco dorado asomaba bajo su chaqueta de traje, que tenía los puños y las solapas bordados con hilo de oro.

Llevaba una corbata dorada a juego. Su mirada fue directa a los fae preseleccionados y Sasha le dedicó una sonrisa débil.

Mientras las familias gobernantes empezaban a desfilar hacia el frente de la sala, la mente y los ojos de Tessa empezaron a divagar.

Volvió la vista hacia donde se encontraba antes el legado del recoveco, pero los dos habían desaparecido.

Observó la multitud en su busca; no había ni rastro de ellos.

Dex le apretó la cintura con los brazos, que no habían dejado de rodearla.

—No paras quieta.

—El aburrimiento y el hambre, que son muy mala mezcla —le respondió en voz baja.

En cuanto las palabras abandonaron su boca, su mirada aterrizó en los legados desaparecidos.

Se habían colado entre la multitud al fondo de la sala, casi como si estuvieran intentando pasar desapercibidos.

La cosa era que, cuando Tessa los localizó, sus ojos se cruzaron de lleno con unos esmeralda.

El hombre tenía una de las comisuras de los labios alzada en una sonrisa pícara y la saludó con un leve movimiento de cabeza.

Tessa apartó la vista rápidamente. Tenía el presentimiento de que las cosas no iban a quedarse así.

Lo más probable es que el hombre intentara ir tras ella en algún momento de la velada.

Pero no pasaba nada. Llevaba ya unos cuantos años apañándoselas para evadir las exigencias indecorosas de los legados.

Otra habilidad más que había adquirido. Para cuando tuviera tiempo de buscarla, ella ya se habría largado y estaría atiborrándose de pizza.

Con toda la discreción que pudo, volvió a mirarlo. El otro legado y él estaban inclinados sobre otra carpeta, pasando páginas y susurrando. El primero negó con la cabeza un par de veces mientras el del recoveco señalaba varias cosas en lo que fuera que estuvieran mirando.

Un golpe seco retumbó por la habitación cuando las pesadas puertas principales se abrieron de par en par y un legado avanzó por el centro de la sala.

Era alto, con la piel ligeramente dorada y una buena mata de pelo negro.

Tenía los ojos pardos y todo el mundo parecía apartarse de él, intimidado.

Llevaba del brazo a una mujer de una belleza exquisita, ataviada con un vestido negro de escote pronunciado.

El pelo, de un rojo oscuro, lo llevaba rizado y recogido en lo alto de la cabeza, y gotas de rubíes le colgaban de las orejas y alrededor del cuello.

Detrás del hombre había una fae con la vista clavada en el suelo y las manos entrelazadas ante sí.

El lord del Reino de Arius : Valter St. Orcas.

Entonces, a Tessa casi le fallaron las rodillas y se le escapó un grito ahogado cuando el legado del recoveco se alejó del otro al mismo tiempo que terminaba de anudarse una corbata negra.

Metió los brazos por las mangas de una chaqueta de traje tan impecable como el resto de su vestimenta y se la abrochó mientras alcanzaba al lord de Arius .

Pero no podía ser. Era imposible.

Porque si estaba caminando junto al lord y la lady de Arius …

Unos ojos esmeralda se dirigieron hacia ella y la comisura de sus labios se alzó en una sonrisa maliciosa.

Era el heredero de Arius y estaba allí para seleccionar a una fuente.