Lluvia de sombras y finales (Legado 1) Capítulo 1 #3
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Capítulo 1 #3

—La pobre Sasha tiene una cara de miedo…

—le dijo Katya en voz baja a Tessa , haciendo que su atención se desviara a la belleza morena que se encontraba al final del grupo de cinco fae preseleccionados.

A efectos prácticos, ya eran propiedad de los herederos.

Sabían que pronto los suyos los repudiarían.

Ya habían empezado a tratarlos de forma diferente.

Pronto, estarían vinculados a un legado y serían incapaces de esconderse ni de ocultarles nada a sus amos.

Sasha era un par de centímetros más alta que Tessa y el pelo le caía por la espalda en ondas suaves. Estaba preciosa con ese vestido amatista contra la piel bronceada. No paraba de retorcerse las manos y mordisquearse el labio inferior.

—La misma que se me quedaría a mí si supiera que el heredero de Achaz va a seleccionarme esta noche —respondió Tessa .

Oralia suspiró.

—Que se acabe de una vez.

—Que me traigan una pizza entera para mí sola —refunfuñó Tessa .

—Te dije que comieras —se burló Dex en su oído desde atrás.

Estuvo a punto de escapársele una sonrisa, pero la reprimió. Dio un pasito hacia atrás y replicó:

—Y yo te he dicho que lo intenté.

Dex se puso tan cerca de ella que pudo notar una risita vibrarle en el pecho al fae.

—Oh, Tessie —murmuró para que solo ella pudiera oírle—. ¿Qué voy a hacer contigo?

Habían empezado a llegar más legados. Iban con sus mejores galas, tal y como los fae.

Tessa los observó interactuar. Los guardias de las familias gobernantes, fae escogidos de los ejércitos de sus reinos para protegerlas, empezaban a rodear la sala.

Algunos tenían arcos y aljabas llenas de flechas.

Otros llevaban espadas a la cintura. Los mortales de aquella dimensión tenían pistolas, pero no servían de nada frente a un legado o un fae.

Ambas razas sanaban rápido y, a menos que las balas estuvieran hechas de piedra shira o piedra de la noche —cuyo precio estaba por las nubes, y su venta, muy regulada—, no les harían ni un rasguño.

E, incluso entonces, tendrían que darles en la cabeza o el corazón.

Ya había camareros por todas partes ofreciendo copas de vino a los legados, y Tessa hizo un mohín. Ahora, encima de hambre, tenía sed.

—¿Alguien ha visto a Lange y Corbin ? — preguntó sin dejar de mirar a los legados pasearse por la sala.

Brecken soltó una carcajada.

—Me juego lo que sea a que están echando un polvo rápido en una habitación cualquiera antes de que empiece la fiesta.

—Sí, hombre —exclamó Katya con los ojos muy abiertos de la sorpresa—. ¿Aquí?

—Y tanto. Esos dos son como conejos y les pone hacerlo en sitios prohibidos —respondió Brecken con un guiño.

Tessa estaba segurísima de que la insinuación de Brecken había hecho que Katya se sonrojara y envidiaba que su piel oscura lo ocultara tan bien.

Brecken llevaba unos meses detrás de ella, aunque Tessa no entendía por qué se molestaba.

Las probabilidades de que acabaran en el mismo reino eran más bien pocas.

No le entraba en la cabeza por qué se echaban pareja, para ser sincera.

Que la separaran de su mejor amigo ya sería durísimo.

No quería ni imaginarse cómo sería que la separaran de alguien a quien quisiera de una forma tan íntima.

Pero, justo cuando lo pensó, vio a Corbin y Lange colarse en la habitación de la mano. Se notaba que Corbin tenía la melena marrón despeinada y Lange llevaba la camisa mal abrochada bajo la chaqueta y la corbata. La sonrisita arrogante del segundo dejaba muy claro que acababa de follar.

—¿Qué tal, chicos? —saludó Lange cuando llegaron donde se encontraba el grupo.

—Tú dirás —respondió Tessa y alzó la mano para abrocharle bien los botones antes de enderezarle la corbata—. ¿Qué habitación tengo que evitar el resto de nuestra estancia aquí?

Corbin y Lange intercambiaron sonrisas traviesas antes de que los ojos pardos del primero se cruzaran con los suyos.

—Jamás lo sabrás —dijo con un guiño.

—Todos vamos a cogernos una buena en cuanto la Selección termine, ¿verdad? —preguntó Lange mientras sus ojos azul cielo perseguían, anhelantes, a un camarero con otra bandeja más de copas de vino.

—Sí —confirmó Tessa —. Y a comer dónuts. Los que están cubiertos de chocolate, no de azúcar glas. Y luego, a beber.

—Por el amor de los dioses, Tessa . Ni que llevaras días sin comer —dijo Dex con un suspiro exasperado.

Tessa se limitó a encogerse de hombros mientras cambiaba el peso de un pie al otro. Esos tacones la estaban matando. Estaba acostumbrada a ir en zapatillas. Y pantalones. No vestidos.

—Me aburro. ¿Cuánto queda para que empiece esto?

—Cariño, mejor encuentra a alguien con quien encerrarte en un guardarropa. Verás cómo se te pasa el tiempo volando —bromeó Lange , y Corbin le metió un codazo en las costillas.

Tessa puso los ojos en blanco, pero fue incapaz de contener la sonrisa. Justo eso pensaba hacer esa noche, pero con un mortal. Y no en un puto guardarropa.

Los lores y ladies y sus herederos llegarían en cualquier momento y, entonces, podrían dar comienzo a todo ese teatro. Puede que se las apañara para robar una copa de vino y todo.

Su mirada se posó en un par de legados que se encontraban casi al margen de la multitud.

Uno le daba la espalda a la sala, pero el otro parecía observar a todo el mundo con intensidad.

Era algo más bajo que el que estaba de espaldas, aunque solo por un par de centímetros como mucho.

El pelo marrón oscuro le llegaba a la mandíbula y tenía unos penetrantes ojos zafiro que Tessa podía ver desde la otra punta de la habitación.

Entonces, el otro se giró para recorrer la multitud con la mirada y Tessa contuvo el aliento.