Capítulo 1 #2
Sabía que debería girarse y responderle.
Sabía que no hacerlo se consideraría una grandísima falta de respeto, pero no lo hizo.
Se apresuró pasillo abajo hasta la puertecita lateral por la que había llegado hasta allí y volvió corriendo al gran salón donde tendría lugar la ceremonia de apertura.
La amplia estancia estaba repleta de fae y legados, aunque estos no interactuaban entre sí.
—¿Dónde estabas?
Tessa dio un respingo cuando la voz familiar le habló al oído y se giró, encontrándose con un hombre alto que la fulminaba con unos ojos de un marrón tan oscuro que casi parecía negro.
Dex .
Soltó un suspiro cuando le rodeó la cintura con un brazo para atraerla hacia su pecho y se relajó contra él.
—Sigue en pie lo de escabullirnos cuando termine la Selección, ¿no? —preguntó ella mientras observaba a los otros fae con edad de ser seleccionados que pululaban por el gran salón.
—Siempre y cuando no nos seleccionen —respondió Dex , y le apoyó el mentón en la coronilla.
Tessa soltó una carcajada.
—Tanto tú como yo sabemos que no nos van a seleccionar. Podemos escaparnos en cuanto termine la Selección. No nos darán de comer hasta quién sabe cuándo y me muero de hambre.
—Te dije que comieras antes de irnos.
—Lo intenté —protestó con un mohín y lo apartó de un empujón. Conseguir moverlo no era precisamente tarea fácil. Le sacaba más de una cabeza y, aunque no tenía los músculos tan definidos como algunos de los otros fae, sin duda estaban allí—. Un legado me quitó mi trozo de chocolate, el muy cabrón.
—¿Que qué? ¿Cuándo? —preguntó Dex mientras la giraba para mirarla de frente y agarrarla de los hombros.
Las mangas de la chaqueta se le levantaron lo suficiente para dejar a la vista una marca en el interior de su muñeca derecha: el símbolo del poblado fae de Celeste, que indicaba dónde se había criado.
La misma que tenía ella en el interior de la suya.
Tarde o temprano, dos marcas más la acompañarían.
Una que indicara su elemento, y otra, a qué reino les correspondía servir.
—Hace cinco minutos —se quejó Tessa —. Estaba en el pasillo con un pedazo de chocolate que robé de una bandeja…
—Las bandejas de comida para los legados —aclaró Dex .
—Sí, las mismas —dijo y puso los ojos en blanco—. A lo que iba, que el tipo me pilló y me lo quitó.
—¿«El tipo»? —Abrió los ojos como platos—. ¿Estás bien? ¿Te ha…?
—Estoy bien —respondió, interrumpiéndolo.
—No deberías haberte ido sin mí —le dijo con rigidez.
Ella soltó un suspiro.
—Lo sé.
Hubo un momento de silencio tenso entre ellos antes de que le soltara los hombros.
—¿Quién va a escaparse con nosotros? ¿ Oralia y Brecken ?
Tessa asintió sin dejar de mirar a su alrededor, buscando entre todos los fae presentes. Había más de los que se esperaba y los habían separado mientras los conducían por los numerosos pasillos hasta ese lugar.
—Seguro que Brecken convence a Katya de venir —comentó Tessa —. Con Lange y Corbin ya contaba.
Dex asintió.
—Siempre y cuando no nos seleccionen a ninguno, querrás decir.
Tessa chasqueó la lengua y siguió buscando a sus amigos.
—No nos van a seleccionar a ninguno, Dex . Los herederos escogieron a sus fuentes hace mucho. Las familias gobernantes de los legados llevan años observándonos. Sabemos que la heredera de Celeste va a escoger a Jasper y que la heredera de Falein va a elegir a Dade …
—Y que el heredero de Achaz va a seleccionar a Sasha .
Sé de sobra lo que todos creemos saber, Tessa .
Solo que… — Dex suspiró y se pasó la mano por los mechones tan marrones como sus ojos—.
Hasta que no esté cerrado el asunto, puede ocurrir cualquier cosa.
Y el heredero de Arius sigue sin aparecer.
Una emoción que Tessa no fue capaz de identificar le atravesó el rostro. ¿Inquietud? ¿Frustración? No estaba segura.
Tenía razón. El Reino de Arius era excesivamente reservado y sus habitantes casi nunca abandonaban el territorio.
Que lo hicieran nunca traía nada bueno. Era la crueldad y maldad hechas reino, lo cual tenía sentido, suponía, pues eran descendientes de Arius , dios de la muerte y los finales.
La familia gobernante del reino representaba a la perfección todo ello y más con su poder para controlar las sombras y la oscuridad, además de otros misteriosos dones que se desconocían.
A pocos forasteros se les permitía la entrada al reino y, aunque sabían que había un heredero con edad de escoger fuente, este no se había pasado los últimos años visitando los diversos poblados fae para valorar sus opciones como los demás.
Tessa estiró el brazo, le agarró la mano a Dex y le dio un apretón suave en los dedos.
—Soy consciente de que podría pasar cualquier cosa, pero ambos sabemos que a estas alturas es poco probable. Así que mejor confiemos en que no nos van a seleccionar a ninguno y en que en dos horas estaremos todos bebiendo y, sobre todo, poniéndonos las botas.
Dex le dedicó una sonrisa torcida, pero no le llegó a los ojos. Extendió el brazo y le colocó un rizo rubio color miel tras la oreja.
—¿Cuántas veces tengo que repetirte que tus esperanzas son en vano?
—Yo no pierdo el tiempo con esperanzas. No cuando te tengo a ti para salvarme. —La broma le arrebató una carcajada y ella se puso de puntillas para darle un besito en la mejilla—. Todo irá bien, Dex .
Él le sostuvo la mirada otro instante y, luego, soltó un largo suspiro.
—Lo sé, Tessie . Solo quiero acabar con esto de una vez.
—Creo que como todos.
Pero la ceremonia de apertura era solo el comienzo.
El evento no había hecho más que empezar y duraría todo el año.
La Selección se celebraba cada cinco años.
A todos los fae que habían cumplido la mayoría de edad desde la última se les llevaba a la Acrópolis.
Sus dones se manifestarían en la ceremonia de Emersión y luego tendrían que someterse a una serie de pruebas y entrenamientos bajo la atenta mirada de los reinos.
Tarde o temprano se les asignaría el reino en el que deberían servir.
Si un heredero tenía edad de escoger fuente, lo hacía durante el año de Selección.
Una vez todos los herederos escogieran, amo y fuente contarían con unas cuantas semanas de descanso para adaptarse.
Entonces se reunirían con el resto de los fae en la Acrópolis.
Al haber solo seis reinos y gozar los legados de vidas tan largas, aquello no era algo que pasara todos los días.
Si a eso se le sumaba que los seis reinos tuvieran todos herederos con edad de seleccionar al mismo tiempo…
Una noche histórica cuando menos.
Al fin vislumbró el pelo rubio claro de Oralia acercándose a ellos. Brecken la seguía de cerca y, cómo no, traía a Katya consigo.
—¿Nerviosa? —bromeó Brecken cuando los alcanzaron. Movió las cejas oscuras de arriba abajo.
Tessa puso los ojos en blanco.
—No. Justo le estaba diciendo a Dex que todos sabemos lo que va a pasar. Los herederos llevan teniendo claro a quién escoger un año, si no más. A estas alturas, todo esto no es más que una formalidad.
A pesar de ser consciente de ello, en el gran salón se respiraba una sensación general de inquietud.
Lo que el legado le había dicho en el recoveco era cierto.
Risitas nerviosas retumbaban en las paredes de la estancia y todos se removían, nerviosos.
Las parejas se cogían de la mano un poco más fuerte y las conversaciones se habían visto reducidas a murmullos y susurros.
Se les enseñaba que ser seleccionado era un honor.
Se les inculcaba desde pequeños que era la mejor posición social a la que los fae podrían aspirar jamás y que ser la fuente de un lord o lady gobernante era como pertenecer a la nobleza.
Solo aquellos fae a quienes habían preseleccionado se lo tragaban, y Tessa estaba convencida de que era más por la necesidad de aceptar su destino que por otra cosa.
Pero, cuando el vínculo se hubiera forjado del todo, lo creerían de verdad.
Los deseos de sus amos pasarían a ser los suyos.
Los legados podían llenar sus profundos suministros de poder de manera natural con el tiempo, pero tardarían semanas, e incluso meses, en hacerlo por completo desde cero.
Al fin y al cabo, los poderes de los dioses les corrían por las venas.
Tardaban un buen rato en recuperarse y, mientras tanto, se volvían vulnerables.
Pero, cuando extraían poder de un fae, sus suministros se rellenaban al instante.
Y, por ese mismo motivo, ningún otro descendiente de los dioses, además de las familias gobernantes, tenía permitido disponer de una fuente personal.
Era un rito celebrado por una sacerdotisa en el que fuente y amo se unían a través de cuatro marcas que los volvían uno.
Una vez otorgadas todas las marcas, podían notar la presencia del otro, sentir sus emociones y oír sus pensamientos.
La mera idea la sacaba de quicio. No quería estar en la puta cabeza de nadie y mucho menos que alguien entrara en la suya. Normalmente, no quería estar ni en la suya.
Pero le hacía ilusión que sus dones se manifestaran.
A diferencia de los de los legados, los de los fae no surgían de forma natural.
Tenían que despertárselos los legados, acontecimiento que todos los fae de la sala vivirían dentro de unas cuantas semanas.
Tessa siempre había soñado con ser de elemento fuego, pero el Reino de Anala no permitía que ningún otro reino tuviera fae de fuego.
Todos nacían y crecían en Idalia, la capital del Reino de Anala .
En cambio, todas sus pruebas de aptitud apuntaban a que el aire era el elemento que más encajaba con ella.