7. Sebastian
Sebastian
@Johnathan Productor
Un material estupendo para la serie documental, Sebastian
Aunque el tornado no llegó a formarse, podemos usar el plano para ilustrar lo impredecible que puede ser el clima
En el segundo episodio podría salir una tormenta en la que una nube de embudo SÍ llegue a tocar tierra. Así podríamos comparar y contrastar
Buena idea. Cuando tenga más imágenes, te las envío
Espero que pase algo importante en las próximas semanas!
@Johnathan Productor
Estoy deseando ver qué pasa
@Supercoop
Os apetece ir esta noche al festival de verano?
@Nate el Magnífico
No tengo nada mejor que hacer, así que vale
Somos tu último recurso?
@Nate el Magnífico
Se llama ser sincero
Y tanto
A mí me apetece MUCHÍSIMO ir al festival de verano
Tiene muy buena pinta, Coop. Gracias por la invitación!
@Nate el Magnífico
Pelota
@Supercoop
Os recojo a las seis
Podemos ir en el coche de bomberos?
@Supercoop
Tienes 31 años
Por qué quieres ir en un coche de bomberos?
No sé. Para sentirme importante?
@Supercoop
Veré lo que puedo hacer
@Número desconocido
Hola, Seb. Soy Danny Stockton, de la UCF
Te acuerdas de mí de Introducción a la Meteorología?
Hace mucho que no hablamos. No sé si este sigue siendo tu número, pero quería hablar contigo de algo que podría interesarte
Llámame cuando puedas
No hubo coche de bomberos.
Nos apretujamos los tres en el Jeep CJ-8 Scrambler de 1981 que Cooper había restaurado y pusimos rumbo a Orlando con las ventanillas bajadas y la radio a todo volumen.
La cálida noche de verano me hacía sentir vivo y canté hasta quedarme afónico.
El viaje fue como una revelación. La dolorosa constatación de que llevo doce meses a la deriva.
Perdiéndome un montón de cosas buenas por centrarme en un trabajo que ni siquiera disfruto.
Dejo de pensar en ello cuando encontramos un food truck, compramos una docena de tacos para llevar y unas cuantas cervezas, y nos sentamos a comer en una mesa de pícnic mientras «Man!
I Feel Like a Woman!» suena por los altavoces que han instalado en los grandes focos repartidos por todo el recinto ferial.
—Lo siento, chicos. Tengo que solucionar una cosilla antes de que sigamos divirtiéndonos.
—Hago una bola con el papel de aluminio que envolvía la comida y la tiro en un cubo de basura que hay cerca.
Me limpio los restos de queso cotija fundido de las manos y me levanto, marcando el ritmo de la canción con el pie—. Nos vemos en un rato.
—Caray. Menudo corte de rollo. —Cooper me mira con los ojos entornados—. ¿Va todo bien?
—Cosas del trabajo. No tardaré mucho.
—Búscanos luego para participar en el concurso de tirar de la cuerda.
—Vale.
Me escabullo para que no puedan hacerme más preguntas para las que aún no tengo respuesta y echo un vistazo al recinto ferial, buscando un rincón tranquilo.
Dondequiera que mire, hay hordas de gente con churros y peluches.
Y más todavía haciendo cola para las destartaladas montañas rusas, que parecen a punto de desmoronarse ante el menor soplo de viento.
Me fijo en un árbol que hay a la izquierda de la pista de los coches de choque, un lugar lo suficientemente alejado de las atracciones como para poder concentrarme.
Me abro paso entre la multitud y estoy a punto de tirar a un niño que va sujeto por una correa antes de llegar al otro lado del recinto.
Una vez lejos de las atracciones de feria y del olor a azúcar glas, apoyo la espalda contra la corteza de un viejo roble y marco el número de Danny. Me contesta al segundo tono y me enderezo.
—¿Sí?
—Hola, Danny. Soy Sebastian Dunn.
—¡Seb! —Danny se ríe al otro lado de la línea—. Qué alegría saber de ti. Menos mal que no le he enviado el mensaje a quien no era. ¿Qué tal te va?
—Pues muy bien, tío. Voy a estar en Oak Valley un par de meses, trabajando en un proyecto para la ABC. La temporada de huracanes está siendo bastante tranquila, pero espero que surja algo de movimiento pronto. Y tú, ¿qué tal?
—Liadísimo, tío. Después de graduarme, estuve trabajando en una emisora de Orlando como jefe de meteorología. Luego pasé un tiempo en The Weather Channel antes de cambiarme al Servicio Nacional de Meteorología, donde llevo un par de años.
—Me suena haber visto una foto tuya por ahí, en alguna playa. Enhorabuena. ¿Y qué tal te va?
—Genial. Es justo lo que quería, el equilibrio perfecto entre el trabajo de oficina y el de campo.
De hecho por eso te llamaba. Acabamos de abrir el plazo de solicitud para un nuevo puesto de responsable de ciencia y operaciones, y estamos citando a algunos candidatos para las entrevistas.
Quería saber si te animarías a pasarte por aquí para probar suerte.
—Caray. —El corazón se me va a salir del pecho. Un poco más allá, un empleado de una atracción apaga un cigarrillo con el zapato y deja la colilla en la hierba. A la mierda el planeta, supongo—. ¿Lo dices en serio?
—Claro. Antes de darte más detalles, que sepas que el puesto implica una serie de responsabilidades diferentes a las que tienes en televisión. Básicamente, eres el jefe de meteorología, ¿no?
—Más o menos. Trabajo en Nueva York y salgo en los informativos nacionales todas las noches para hablar del tiempo en todo el país. Cuando pasa algo grave, la ABC me envía en avión al lugar donde se han producido los daños más importantes. Estoy allí un par de días y me vuelvo a casa.
—Qué pasada. Es una forma chula de ver sitios nuevos y conocer gente nueva.
—Sí, es una pasada —coincido, evitando contarle que, cada vez que voy a trabajar, me siento como si no estuviera aportando lo suficiente.
Que tengo cientos de miles de puntos de hotel, pero las habitaciones en las que me alojo me parecen cada vez más frías—.
¿Podrías hablarme un poco más del puesto?
—Sí, claro. Para eso te he llamado. Voy a ser sincero contigo, porque puede que sea un factor determinante para ti, pero no ganarías tanto como ahora.
—El dinero no me preocupa. —Me muerdo el labio inferior, consciente de que simplemente con el contenido de mis redes sociales me da de sobra para vivir.
Me he convertido en un feed lleno de publicaciones patrocinadas y anuncios en prácticamente todos los pies de foto.
Los días de las fotografías artísticas de paisajes y tornados tocando tierra han quedado atrás.
Ahora recomiendo vitaminas y linternas frontales, y me llevo una comisión—. En absoluto es un factor decisivo.
—¿En serio? Genial. El de RCO es el puesto de investigación de mayor rango de la oficina.
Te encargarías de que todo el mundo recibiera la formación adecuada sobre las características de los sistemas meteorológicos y de estar al tanto de las últimas tecnologías disponibles para los meteorólogos.
Y también de buscar formas de mejorar nuestros servicios operativos.
De comunicarnos con el público. Ese tipo de cosas.
—Parece un trabajo muy de oficina. ¿Habría también oportunidades de trabajar sobre el terreno?
—Sí, claro —dice Danny, y el corazón se me acelera—.
La investigación es fundamental en nuestro trabajo.
Tenemos reuniones y sesiones de planificación para la gestión de emergencias.
Hablamos con los medios de comunicación locales y nacionales.
Y estamos intentando dar nuestros primeros pasos en el mundo de las redes sociales, pero eso ya es otra historia.
Consultamos las estaciones meteorológicas y los radares.
La lista es interminable, la verdad. Hace siglos que no me aburro.
—Joder. —Me paso la mano por el pelo. No puedo evitar reírme mientras levanto la vista hacia el cielo y sonrío a las estrellas, que me responden con sus guiños. ¿Acaban de ponerme en bandeja la puta llave de la felicidad?—. ¿Cómo es el proceso de selección?
—Lo primero es una entrevista personal con el jefe de meteorología para repasar tu trayectoria profesional.
Las típicas preguntas de una entrevista de trabajo.
La segunda fase es más adelante y te pedirán que expongas tus conclusiones meteorológicas sobre algún tema que te interese ante un jurado de expertos.
Lo más divertido es que podrás debatir con el resto de los candidatos.
—Me apunto —digo. Nunca en mi vida había aceptado algo tan rápido—. Envíame un correo con la fecha y la hora, y allí estaré. Joder. Gracias por ponerte en contacto conmigo, Danny.
Acordamos intercambiar más información antes de despedirnos. Cuando cuelgo, estoy casi eufórico.
Esa podría ser la solución para mi apatía.
Algo diferente, nuevo y emocionante que me devuelva la motivación.
Mi pasión por la meteorología sigue intacta.
Eso nunca ha sido un problema. El problema es el entorno, y tener un puesto que combine el trabajo de campo con el análisis de datos sería el trabajo de mis sueños.
Lo mejor de ambos mundos. Me falta poco para ponerme de rodillas y rogarle al universo que me lo conceda.
No me importa suplicar.
Camino con paso enérgico entre la multitud.
Cooper ha dicho que hay un concurso de tirar de la cuerda, así que es mejor que vaya a buscar a mis amigos.
Ya han pasado quince minutos y es probable que Coop esté retando a algún grupo de adolescentes para dejarlos en ridículo.
Desde que quedó segundo en las pruebas físicas anuales del parque de bomberos porque se tropezó al tirar de la manguera, está obsesionado con mantenerse en forma.
Aprovecha cualquier oportunidad para hacer ejercicio y eso incluye poner a los chavales en su sitio.
—Mierda. Perdón —le digo a un tío que lleva dos cervezas en unos vasos con forma de botas de cowboy y se acaba de tropezar conmigo.
Se tambalea hacia la izquierda y el balanceo amenaza con provocar un desastre inminente, pero se las apaña para no derramar ni una gota de alcohol—. Buenos reflejos, colega.
—Gracias, tío —balbucea él—. ¿Te conozco de algo? Me suenas bastante.
—Me lo dicen muchas veces, pero no creo. No soy de aquí.