Llena de caracolas CAPÍTULO II
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CAPÍTULO II

A la mañana siguiente, se levantó y fue a desayunar al office después de poner sus cosas en orden.

Lo encontró en el comedor, con una pierna en la silla de enfrente y lo saludó.

-¡Hola Rodrigo!, ¿te pongo el desayuno?, ¿quieres algo?

-Gracias, ya he desayunado. Pero si me traes un café, negro, con una de azúcar.

-Dejo el móvil, ahora vengo.

Puso la bandeja una rato después en la mesa.

-¡Qué buena pinta tiene todo. Creo que me he pasado.

-Y él se reía.

-Toma tu café.

-Cuando acabemos, te enseño el complejo.

-No puedes caminar.

-Tengo una silla de ruedas, con una parte en alto.

-Ah! siendo así, no tienes que esforzarte, te llevo.

-Es eléctrica.

…

-¡Qué moderno!- se reía.

La recepción.

El Office.. ven por aquí, la cocina, la despensa…

-Baños.

Una sala de televisión.

Esta de baile. Y actividades. Es la única que tiene una pequeña barra de bebidas. En el resto del reciento hay máquinas de bebidas y en las habitaciones neveras pequeñitas, como en los hoteles.

-Me encanta.

El despacho enorme para dos.

Y la recepción. Con la pequeña entrada que había visto con chimenea.

Es grande y preciosa, con la piedra y la madera, Rodrigo.

Y fuera, el parquin.

Veinticinco casas iguales, ven vamos a ver aquella que se ha quedado vacía, la están limpiando porque a las dos hay entrada.

La piscina, el cuarto de la piscina, baño.

-Este almacén para las limpiadoras. Tiene lavadoras y secadoras y, la ropa de todo. Aquél tiene bicicletas y herramientas de jardín para el jardinero y manitas a la vez.

-Y el arroyo. Y todo el complejo rodeado de piedra.

-Es maravilloso todo. Y el paisaje.

-Allí el pueblo y al otro lado Soria.

-¡Ay sí!

Tenemos un microbús, para las actividades. Con un conductor.

-Ahora vamos al despacho y te enseño cómo funciona todo. Tengo un programa contable, de pedidos, cada una de las secciones. Quiero que revises todo a media mañana antes de las entradas y una vez las salidas.

Estuvieron casi toda la mañana y toda la tarde en el despacho. Rodrigo le explicó absolutamente todo y empezaba al día siguiente.

Aquella mañana, Marta Salas, llegó al despacho a las ocho y media. Había dormido mejor y más de dos noches atrás en que llegó muy tarde.

Llevaba unos vaqueros, una blusa azul claro y recogió su pelo negro en una coleta antes de bajar al despacho y encontrarse allí a Rodrigpo.

-Primero a desayunar- dijo éste tras saludarla.

El aroma recién hecho llenaba el ambiente.

Rodrigo iba en la silla de ruedas y se sentó junto a la ventana.

-¿Has descansado?- le preguntó a Marta.

-Como una piedra. ¿Y tú?

-Bueno, me cuesta dormir. Duermo por tramos horarios- y ella sonrió

-¿Qué te pido?- y el se lo dijo.

-Una vez colocadas las bandejas en la mesa. Ella se colocó frente a él.

-Hoy empieza lo divertido- dijo Rodrigo mientras tomaba un sorbo de café caliente.

-¿Lo divertido o lo complicado?

-Las dos cosas.

Marta tomó café y comió las tostadas.

-Ayer me enseñaste tantas carpetas, facturas y reservas, que soñé con hojas de cálculo.

-Rodrigo soltó una carcajada.

-Eso significa que vas a aprender rápido.

Después del desayuno, entraron en el despacho.

Cogió una libreta y se fue a revisar todo, a hablar con los que llevaban cada parcela y traería los pedidos.

-Bueno, te dejo jefe. No hagas nada que yo no haría en tu lugar. Te has tomado las pastillas, así que duerme hasta que vuelva y abra el ordenador y vaya metiendo todo, lo retrasado y lo de hoy y pagamos.

-No tengas prisa, si no acabamos hoy, en dos o tres días.

-Ya vemos. Hasta luego, ¿estás bien?

-Sí, te espero. Voy a dormir un poco.

A las once y media entró al despacho de nuevo con todas las anotaciones y revisiones del día. Había sido espectacular la mañana, las vistas, hablar con la gente…

-Hola, estoy de vuelta.

-Ah, perdona, me he quedado dormido demasiado tiempo.

-Para eso me has contratado, que por cierto. Voy a hacerme el contrato lo primero. ¿Has pagado las nominas?

-Sí, eso lo pude hacer con esfuerzo.

-Pues nada voy a encender el pc. Mientras se enciende, voy a por café, ¿quieres?

-Sí, como siempre.

Cuando volvió le puso en una mesita pequeña que tenía al lado del sillón el café y ella en la mesa de despacho.

Tenía más de cuarenta correos pendientes, varias reservas por confirmar y una semana completa de facturas y pedidos por pagar.

-Me dijiste que estabas atrasado, pero no tanto…

-Si te lo hubiese dicho, te ibas de vuelta a Cádiz.

-Pues ahora ya es tarde.

-Exacto.

Durante toda la mañana trabajaron codo con codo. Ella no quería que se esforzara, pero Rodrigo decía que solo ese día para que supiera cómo iba todo.

Rodrigo atendía proveedores y pagaba facturas, mientras Marta organizaba reservas, respondía correos y actualizaba la contabilidad básica.

A mediodía cuando revisaron las primeras facturas, Rodrigo le dijo;

-Tengo que reconocer algo.

-¿Qué?

-Pensaba que tardarías una semana en controlar todo esto.

-¿Y?

-Llevas una mañana

Marta sonrió satisfecha.

-Trabajaba en un hotel, ¿recuerdas?

-Sí pero esto es bastante más complejo que una recepción.

-Pues tendrás que acostumbrarte a que soy más lista de lo que parezco.- dijo bromeando.

-Eso ya lo había notado.

Por un momento, se hizo un pequeño silencio. Uno de esos silencios que no resultan incómodos.

A través de la ventana se veía el paisaje soriano, los campos verdes y las suaves colinas que rodeaban el complejo.

Marta observó el exterior.

-Es precioso.

-Lo es.

-Empiezo a entender por qué no te marchaste nunca de aquí.

-Nací aquí en Soria Marta, y me gusta esto, no tengo por qué marcharme y también empiezo a pensar que hice bien en contratarte. Mi prima María es bastante insistente.

Marta sintió un ligero calor en las mejillas.

Era apenas su segundo día allí.

Y, sin embargo, la sensación de estar exactamente donde debía estar empezaba a abrirse paso poco a poco.

…

La semana pasó mucho más rápida de lo que Marta había imaginado..

Los primeros días fueron intensos de trabajo. Desde primera hora de la mañana, hasta la última de la tarde estuvo aprendiendo cada rincón del complejo y cada detalle que hacía funcionar aquél pequeño mundo levantado por Rodrigo.

Conoció a los empleados uno por uno. A Elena la responsable de recepción que parecía saberlo todo antes que nadie.

A Tomás, encargado de mantenimiento y jardinería, capaz de sembrar setos y arreglar una tubería y hasta un tractor.

A Pilar la cocinera, la chef, las dos cocineras, Pilar fue la que la adoptó desde el primer día y no dejaba que pasara una mañana que desayunara algo caliente. A los monitores, guías, al guardia de seguridad, al conductor del microbús, las chicas de la limpieza…

Pronto dejó de ser la chica nueva de Cádiz y pasar a ser simplemente Marta.

Al final de la semana las facturas atrasadas estaban revisadas, las reservas al día, los proveedores también y los correos, respondidos.

Era una rutina, se levantaba, desayunaba con Rodrigo, lo dejaba en el despacho y se iba a revisar todo, se llevaba los tikes de recepción, y se metía en el despacho con Rodrigo.

Luego iban a comer. Descansaban y otro rato por la tarde igual.

Rodrigo la observaba trabajar desde el despacho y cada día parecía mas satisfecho.

-Ya no haces falta- le dijo una mañana con una sonrisa.

-¡Qué bonito! Me mudo ochocientos kilómetros para esto.

-Me refiero al trabajo.

-Ah, menos mal.

-Ahora te necesito para otras cosas.

Marta levantó una ceja.

-¿Cómo cuáles?

-Como impedir que me vuelva loco.

Ella terminó riéndose.

-Gracias Marta, trabajas más horas de las que te corresponden, te las pagaré, no lo dudes. Que yo lo haga, es porque esto es mío, pero creo que estoy abusando de ti.

-Déjate de decir tonterías. He venido a lo que he venido.

Aquella misma semana se celebró una noche baile para los huéspedes. Era una de las actividades más populares del complejo.

Música, luces suaves cena especial y una pequeña pista instalada en el centro del salón con sillas alrededor para tomar una copa.

Marta ayudó a la organización y se ocupó de que todo saliera perfecto.

Cuando empezó la música, varios huéspedes la invitaron a bailar. Ella se vistió para la ocasión.

Rodrigo observaba desde la mesa que compartían.

-No me digas que no sabes bailar…

-Con estas muletas bastante tengo con mantenerme a ratos en pie.

-Excusas.

-Realismo.

-Cuando te recuperes no te libras.

-Ya veremos.

Aquella noche terminó entre risas, canciones y clientes encantados.

Y Marta se acostó con una sensación de que empezaba a formar parte de algo importante.

Los días siguientes continuaron igual de bien.

Aprendió los horarios de las excursiones, los recorridos por los senderos, las actividades para familias, las visitas culturales a los pueblos cercanos y bonitos, a la ciudad y hasta los nombres de muchos clientes habituales.

El complejo había dejado de parecerle enorme.

Ahora lo conocía casi tan bien como Rodrigo.

Y fue entonces cuando comenzaron sus paseos.

Cada tarde, antes de la cena, cuando el trabajo estaba terminado y los huéspedes descansaban en sus alojamientos, Marta acompañaba a Rodrigo por los caminos que rodeaban a la finca.

Él avanzaba despacio con las muletas.

Ella caminaba a su lado.

No recorrían grandes distancias, pero aquellas caminatas acabaron convirtiéndose en el mejor momento del día.

Hablaban de todo.

De Cádiz.

De Soria.

De los estudios de Marta..

De los años que Rodrigo había dedicado a construir aquél lugar.

De libros.

De películas.

De sueños que todavía no habían cumplido.

Una tarde se sentaron en un banco, que se hizo habitual desde el que se veía todo el valle iluminado por el sol del atardecer.

-¿Sabes una cosa?- peguntó Marta.

-¿Qué?

-Cuando acepté venir estaba aterrada.

-Lo sé.

-Pensaba que me arrepentiría.

Rodrigo la observó en silencio.

-¿Y ahora?

Marta contempló las casas rurales, los árboles, el lago artificial que brillaba a lo lejos y el cielo limpio de Soria.

Después sonrió.

-Ahora soy feliz.

Aquella respuesta pareció alegrar a Rodrigo más de lo que estaba dispuesto a admitir.

-Me alegro. Mucho.

Permanecieron unos segundos en silencio.

No era un silencio incómodo.

Era de esos que solo aparecen cuando dos personas empiezan a sentirse cómodas juntas.

Cuando regresaron hacía el complejo, las luces de las casas comenzaban a encenderse y el aroma a cena salía de la cocina.

Marta, caminó despacio junto a él..

Por primera vez en mucho tiempo, no tenía prisa por llegar a ningún lado.

Porque de alguna manera, sentía que ya había llegado.

…

El verano avanzó sobre las tierras sorianas con días largos y cielos inmensos.

Dos meses después, el complejo rural atravesaba uno de los mejores momentos de los últimos años.

Las reservas funcionaban bien. Las excursiones estaban completas casi todos los fines de semana. La comida tenía buena reputación y los clientes repetían. Marta se había convertido en una pieza esencial.

Ya nadie la veía como la amiga de la prima de Rodrigo que había venido a echar una mano.

Era Marta. La directora de facto del complejo. La que resolvía problemas antes de que aparecieran.

La que conocía a todos los trabajadores por su nombre. La que sabía qué habitación preferían algunos clientes habituales que repetían. Y la que sin darse cuenta, se había convertido también en la persona con la que Rodrigo compartía casi todo.