Llegaste de imprevisto Capítulo 27
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Capítulo 27

Acabábamos de terminar de desayunar cuando recibimos una llamada de Dayron que no me gustó un pelo, por la hora que era.

—Dime, Dayron, ¿tenemos noticias?

—Alexia…

No pudo decir nada más, empezó a llorar desconsoladamente, y supe que algo malo había ocurrido, por lo que no me iba a quedar ahí, sin saber qué pasaba.

—Vamos para allá.

Salí de la cocina corriendo para llamar a mis padres y pedirles que vinieran a quedarse con los niños, ya que tenía que ir al hospital cuanto antes.

—Papá, necesito que vengáis a mi casa.

—¿Qué te ocurre, Alexia? Te noto muy nerviosa.

—Es Sofía, algo le ha pasado, pero Dayron no ha sido capaz de decirme el qué.

—No te preocupes, en quince minutos estamos ahí.

Cuando colgué el teléfono, me fijé en que David estaba detrás de mí, y su cara no era mejor que la mía, aunque algo me decía que él sí era consciente de lo que había sucedido.

—Alexia… Sofía…

—No, no me digas eso, por favor.

—Sí, no ha aguantado más. Por lo visto, le administró alguna sustancia a la que era alérgica, y se le han ido cerrando las vías poco a poco, hasta que ha dejado de respirar.

Una presión se apoderó de mí, y rompí a llorar como nunca lo había hecho antes. Era una mezcla de pena, de dolor y de rabia.

Ella tenía toda la vida por delante, un hijo que la necesitaba más que nadie y, por culpa de un cabrón que siempre quería salirse con la suya, ahora no iba a verlo crecer.

Por otro lado, no le había dicho que la perdonaba, que lo había hecho en el mismo momento en el que supe que había sido ella la que cuidó de Dara, la que no permitió que su padre le hiciera daño, y eso me pesaba.

Mis padres llegaron y les pedí, por favor, que no le dijeran nada a Dara. A sus casi nueve años, mi hija había tenido que presenciar ya demasiadas muertes, y no la iba a cargar con algo así otra vez.

Llegamos al hospital y nos encontramos con un Dayron completamente devastado, roto de dolor, que no podía ni mantenerse en pie.

A su lado estaba Dafne, la hermana de Sofía, que miraba a un punto fijo, como si estuviera completamente ida.

Lo primero que hice fue abrazar a su chico, que continuó en el mismo estado en el que estaba cuando llegamos, y después me senté a hablar con su hermana.

—No me lo puedo creer, Alexia. Llevábamos tanto tiempo sin hablarnos que me parece mentira que, justo ahora que nos habíamos reconciliado, se haya ido.

—No se ha ido, Dafne, ese cabrón la ha matado.

—¿Qué va a pasar ahora con Daniel? Yo no me puedo hacer cargo, tengo dos hijos, estoy separada y no llego a final de mes…

—De ese niño me haré cargo yo, lo cuidaré y lo veré crecer como si fuera su madre. Por eso no te preocupes.

—¿Serías capaz de hacer eso por mi sobrino? ¿Por mi hermana?

—Se ha ido sin que le haya dicho que la perdonaba, sin que supiera que la seguía queriendo como el primer día, a pesar de todo lo que sucedió entre nosotras.

—De eso no tengas ninguna duda, lo sabía, o no hubiera consentido que lo pasaras mal con su presencia.

Me puse a pensarlo y tenía razón. Si ella hubiera notado que yo me sentía incómoda con su presencia, se habría marchado, les habría pedido a algunos de los policías que la cambiaran de casa.

Eso, en cierto modo, me tranquilizó un poquito, y me juré a mí misma que ese niño tendría todo el amor del mundo y que crecería sabiendo que su madre era una mujer especial, que dio la vida por él.

—¿Queréis despediros de ella antes de que se la lleven los de la funeraria? —nos dijo uno de los enfermeros.

—Por supuesto que sí, yo tengo que decirle muchas cosas —contesté.

Fuimos entrando uno por uno, pues todos necesitábamos decirle algo en privado.

Dayron salió aún más derrotado de lo que entró, y diciendo que la había amado en estos meses como nunca había amado a nadie.

Dafne, según nos dijo, le había pedido perdón por no estar ahí, con ella, durante los meses en los que lo pasó tan mal, así como por no poder quedarse con su hijo.

Y llegó mi turno. Entré junto a David, pues lo que tenía que decirle no importaba que lo escuchara él.

Me senté a su lado y cogí su mano entre las mías. Todavía estaba caliente, y eso me hizo pensar que podía escucharme.

—Sofía, mi amiga, mi hermana elegida, te has ido demasiado pronto, y no me has dejado decirte lo mucho que te sigo queriendo…

—Ella lo sabía, amor, vuestra complicidad era evidente.

—Quiero que sepas que yo pediré la custodia y la adopción de tu hijo, y que lo cuidaré y lo querré como si fuera mío. Eso sí, le hablaré de ti, de tu buen corazón y de lo mucho que me ayudaste.

David estaba a mi lado, mirándome y secándose las lágrimas, pues él también la conocía igual que yo, y jamás entendió que se pudiera liar con Nacho, con lo mucho que lo detestaba.

—Alexia, creo que, detrás de su traición, hay algo más, algo que no sabremos nunca.

—Yo también lo pienso así, pero eso ya está olvidado. Lo único que me interesa recordar son los buenos momentos que vivimos juntas, nuestras risas y lo mucho que me ayudó cuando más la necesitaba.

—Eso dice mucho de ti, mi amor. Entre otras cosas, que no eres una mujer rencorosa y que vas a hacer de Daniel el niño más querido del mundo.

—¿Estarías dispuesto a ayudarme también en eso?

—Por supuesto que sí, somos y seremos un equipo, no te olvides.

Me despedí de Sofía con un beso en la mejilla, esa que ya empezaba a ponerse más fría por segundos, y me derrumbé.

David, lejos de insistir, me permitió que me desahogara ahí dentro, abrazada a la que había sido mi mejor amiga y a la que ya no podría abrazar más.

Cuando hube soltado todo, me limpié el rostro y salí de la habitación, dispuesta a soportar lo mejor que pudiera todo lo que nos venía encima.

—Tenemos que solucionar todo el tema de la custodia y adopción del niño, así como de su testamento —dijo Dafne.

—Me parece que no es el momento ni el lugar. El niño está bien, está cuidado y ahora lo que nos debe preocupar es despedir a tu hermana, hacerle un funeral digno, el resto lo podremos ver más tarde —contestó David.

—Si no os vais a hacer cargo de este niño, tengo que avisar a servicios sociales…

—¿Puedes dejar de pensar en ti? Tu hermana todavía está de cuerpo presente, y tú te estás preocupando de cosas que ya te hemos dicho que están arregladas, aunque no lo estén de manera oficial.

No me pude callar y, en ese momento, entendí lo que había pasado entre ellas y el motivo por el que no se habían hablado durante tanto tiempo.

Dafne era una persona tremendamente interesada, que ponía el dinero por encima de cualquier cosa y, lo mismo que había ocurrido ahora, ocurrió también el día de la muerte de sus padres.

Sofía estaba totalmente devastada, no quería pensar en nada más que en que no volvería a ver a sus padres, mientras que ella estaba preocupada por lo que harían con el piso en el que vivían o con las joyas de su madre.

En el tanatorio, Dayron se encargó de todo, y no se separaba del cristal, en el que lloraba cuando creía que nadie lo miraba.

—Dayron, gracias.

—¿Gracias por qué?

—Por hacerla feliz estos últimos meses, por hacerla creer que era digna de que un hombre la quisiera y la valorara como lo has hecho tú.

—Ella sí que me ha hecho la persona más tremendamente feliz, pero también la más desdichada en estos momentos. Y me gustaría pedirte algo.

—Dime, si está en mi mano, no dudes de que lo haré.

—Déjame que yo me quede con Daniel, que sea yo el que solicite su custodia y adopción. He pensado en dejar mi puesto y pedir un traslado a la oficina, para ocuparme de él por completo.

—¿Me lo dices en serio? ¿No será demasiado duro para ti?

—Te aseguro que no, que será lo único que me haga levantarme cada día, el tener que cuidar al niño, que es una parte de ella.

—Si estás seguro, por mí no hay problema. Eso sí, en el momento en el que necesites ayuda, no dudes en llamarme, para lo que sea.

—Gracias, Alexia, me acabas de hacer el hombre más feliz del mundo.