Llamaradas y Quirófanos 14 Después #4
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14 Después #4

—No. No he tomado una decisión y no he dado ningún compromiso definitivo. —David hablaba con cuidado, pero no parecía estar intentando construir una defensa antes de tiempo—. Quería tener claro qué pensaba yo antes de convertirlo en una conversación entre los dos.

La formulación tenía lógica. Ryan podía reconocerla sin sentirse tranquilo.

Durante diciembre habían hablado de futuro, del cuerpo de David, del tiempo, de la estabilidad de la casa y de la sensación de Ryan de estar entrando en una vida ya construida.

Durante enero habían reparado precisamente el miedo a que David tomara decisiones dentro de una historia que Ryan solo conocía cuando ya estaba hecha.

Y todo ese tiempo había existido una posibilidad profesional capaz de cambiar horarios, identidad y relación con la primera línea que David había decidido mantener fuera de aquellas conversaciones.

Ryan apartó la sábana de la cintura únicamente porque empezaba a tener calor, pero el movimiento introdujo una distancia que David registró.

—No te lo oculté porque creyera que no fuera asunto tuyo —dijo David, y la tensión que había estado conteniendo se volvió visible en la voz—.

Precisamente por eso no quería soltártelo cuando todavía ni yo sabía si era una posibilidad real o una conversación informal.

Necesitaba pensar antes de hacer que tú empezaras a pensar también.

Ryan notó el problema dentro de la explicación antes de poder ordenar una respuesta. David seguía describiendo el silencio como una forma de protegerlo de una variable prematura.

Aquello pertenecía peligrosamente cerca del defecto que ambos conocían.

—Entiendo que no quisieras presentarme una conversación preliminar como si fuera una decisión —dijo Ryan, escogiendo cada palabra porque estaba demasiado cansado y demasiado abierto para empezar una pelea que sabía que podía crecer rápido—.

Lo que todavía no sé es por qué una vez que se convirtió en oferta seguiste pensando solo.

David apoyó los antebrazos sobre las rodillas, postura que hizo más evidente la diferencia entre el hombre relajado de hacía diez minutos y el que ahora intentaba administrar una conversación difícil.

—Porque quería saber si me interesaba de verdad antes de hablarte de lo que significaría para nosotros.

La última parte produjo el cambio.

Ryan ya no estaba pensando únicamente en que David hubiera tardado semanas en mencionarlo. Había oído para nosotros y, detrás, todas las consecuencias que David todavía no había enumerado.

Horarios. Primera línea. Cuerpo. Disponibilidad.

Presencia.

Ryan sintió que la habitación se volvía demasiado pequeña para una conversación que necesitaba más sueño, ropa y distancia de un orgasmo reciente.

—Creo que esa parte es exactamente la que no deberíamos intentar resolver ahora —dijo, manteniendo la voz baja porque el impulso contrario era empezar a desmontar cada premisa—.

Quiero saber qué significa la oferta, qué quieres tú y por qué has estado pensándola durante semanas.

Pero si entramos esta noche en lo que significaría «para nosotros», vamos a hacerlo desnudos, agotados y después de que acabes de contarme una decisión profesional que no sabía que existía.

David lo observó con una frustración que Ryan no pudo atribuir únicamente a haber elegido mal el momento.

—No es una decisión todavía.

—Lo sé. Y precisamente por eso prefiero no convertirla en una pelea antes de entender qué estás decidiendo.

Ryan no añadió una amenaza de irse ni utilizó la petición de pausa como castigo.

Se levantó de la cama para buscar ropa porque necesitaba recuperar una mínima sensación de normalidad corporal.

David tampoco intentó detenerlo. Permaneció sentado mientras Ryan se ponía los bóxers y una camiseta, y cuando este volvió a la cama había ya una distancia pequeña pero evidente entre los dos.

La falsa tranquilidad de la noche había desaparecido sin borrar lo ocurrido antes.

Ryan seguía deseando a David. Seguía satisfecho por el sexo, por la confianza con que habían cambiado roles y por la sensación de haber reconstruido algo después de diciembre. Nada de eso impedía que la noticia de Moon Island abriera una pregunta mucho más peligrosa que las fotografías.

Aquellas hablaban de una vida anterior.

Esto hablaba de la siguiente.

David estiró una mano sobre la sábana, sin tocarlo todavía. —Podemos dejarlo hasta mañana. Pero quiero que sepas una cosa antes de dormir: no he aceptado nada.

Ryan miró la mano y después su cara. No necesitaba una garantía mayor porque David no podía darle ninguna sin tomar precisamente la decisión que debía seguir abierta.

Se acercó lo suficiente para apoyar su propia mano sobre la de él, aunque no recuperó la posición íntima en que habían estado antes de la revelación. —Eso sí lo entiendo. Mañana quiero hablar de todo lo demás.

David entrelazó sus dedos y aceptó el límite.

La conversación no había terminado; acababan de decidir únicamente dónde cortarla.

Cuando apagaron la luz más tarde, Ryan permaneció despierto bastante más tiempo del que necesitaba su cuerpo.

A su lado, David tampoco parecía dormido.

Ninguno intentó llenar la oscuridad con otra explicación, y Ryan agradeció esa contención incluso mientras su cabeza empezaba a construir preguntas sobre Moon Island, horarios, primera línea y la clase de futuro que David podía estar imaginando.

Unas horas antes, la relación había parecido suficientemente segura para jugar con el poder sin confundirlo con quién mandaba fuera de la cama.

A la mañana siguiente tendrían que averiguar si habían aprendido a hacer lo mismo con una carrera.