Llamaradas y Quirófanos 7 La primera vez #4
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7 La primera vez #4

El hombre pareció dispuesto a decir que estaba bien sin ayuda. Ryan reconoció la respuesta antes de que saliera.

—No conviertas el aftercare en otro trabajo que haces tú mientras yo recibo —advirtió, incorporándose con la espalda contra el cabecero—. Quiero saber cómo estás.

David dejó de intentar levantarse.

Ryan limpió una mancha de semen de su abdomen y después le pasó la mano por la espalda, no con intención médica sino buscando la tensión que había notado durante el sexo. David tenía el cuerpo caliente y todavía respiraba más rápido de lo normal.

—Estoy bien —dijo David, pero amplió la respuesta cuando vio que Ryan no aceptaría una cortesía automática—.

Muy bien, en realidad. Un poco sobrepasado por lo mucho que llevaba deseando esto y por lo distinto que ha sido tenerlo de verdad.

No me arrepiento de nada. Y antes de que preguntes, la espalda está bien.

Ryan no había pensado preguntar por la espalda hasta que David la mencionó.

—Ahora quiero preguntar solo por llevarte la contraria.

David se rio y se giró lo suficiente para besarle el hombro.

Ryan se levantó para ir al baño y comprobó que sus piernas funcionaban con una ligera falta de dignidad que decidió atribuir al esfuerzo general. Cuando regresó, David había retirado la sábana superior y estaba arreglando la cama.

—Te prohíbo convertir esto en servicio de habitaciones —dijo Ryan mientras se acercaba—. Acabamos de tener sexo, no has recibido una inspección sanitaria.

David siguió colocando la almohada, aunque la sonrisa reveló que lo había oído.

—Estoy quitando una sábana húmeda. Hasta tú deberías reconocer que hay intervenciones justificadas.

Ryan llegó hasta él y lo rodeó por la cintura desde atrás.

—Esa sí te la concedo.

David apoyó las manos sobre las suyas y permaneció así un momento. La diferencia de tamaño resultaba cómica desde aquella posición: Ryan podía abrazarlo sin problema, pero apenas conseguía ver por encima de su hombro.

—Por cierto —dijo Ryan contra su espalda—, lo de levantarme ha sido exactamente tan absurdo como esperaba.

David se giró dentro de sus brazos.

—¿Eso significa que no quieres repetirlo?

Ryan lo miró con toda la seriedad que pudo reunir.

—Significa que necesito más datos antes de publicar conclusiones.

David se rio y lo besó.

El beso ya no llevaba la urgencia de antes. Ryan notó el cansancio agradable instalándose detrás del placer y se dejó guiar hasta la cama, aunque esta vez fue él quien tiró de David para que se tumbara primero. Se acomodó contra su costado y pasó una pierna sobre la suya.

Durante unos minutos hablaron de cosas pequeñas: si tenían hambre otra vez, si la botella de agua seguía en la cocina, si David realmente había comprado las sábanas esa tarde.

Ryan descubrió que sí, que además había tardado demasiado en elegirlas porque no recordaba qué tamaño exacto había comprado la última vez.

David se defendió alegando que llevaba años durmiendo en una cama sin necesidad de memorizar especificaciones textiles.

La conversación se fue apagando sin que ninguno la obligara a convertirse en confesión.

Ryan había esperado sentir satisfacción después del sexo, quizá alivio por haber cruzado una frontera que llevaba semanas ocupando demasiado espacio mental.

La realidad era más incómoda. Estaba satisfecho, sí, y físicamente agotado de una manera excelente, pero la cercanía de David había adquirido un peso nuevo.

Ya sabía cómo sonaba cuando perdía el control, cómo preguntaba cuando no podía asumir una respuesta, cómo se quedaba después sin utilizar el cuidado para ocupar todo el espacio.

Eso no solucionaba ninguna de las preguntas que Nicholas había planteado sobre edad, futuro o tiempo.

Las volvía más importantes.

Ryan no quiso pensar en ellas esa noche.

Apoyó la cabeza sobre el pecho de David y escuchó cómo la respiración iba normalizándose. David tenía una mano extendida sobre su espalda, sin moverla ya, y cuando Ryan levantó un poco la cabeza encontró sus ojos abiertos.

—¿Sigues bien? —preguntó Ryan. No había motivo físico aparente para la pregunta; precisamente por eso decidió hacerla—. Y no me refiero a espalda, rodillas o cualquier otra cosa que puedas convertir en mantenimiento preventivo. Me refiero a esto.

David tardó en contestar. Ryan no percibió arrepentimiento, pero sí una concentración distinta, como si la pregunta hubiera encontrado un lugar que todavía no quería abrir del todo.

—Sí —respondió finalmente, y dejó que la mano recorriera una vez la espalda de Ryan antes de quedarse quieta otra vez—. Estoy muy bien. Probablemente demasiado despierto para la hora que es, pero eso es problema mío.

Ryan aceptó la respuesta porque no tenía ninguna razón legítima para exigir más. Le besó el pecho y volvió a acomodarse.

—Si a las cuatro de la mañana decides levantarte a reorganizar la cocina porque estás demasiado despierto, te advierto que voy a considerarlo conducta sospechosa.

David soltó una risa baja que Ryan sintió bajo la mejilla.

—Dormiré.

Ryan cerró los ojos con la impresión de que David había contestado a la parte más fácil de la frase.

No insistió.

La habitación quedó en silencio mientras el cansancio terminaba imponiéndose.

Ryan mantuvo una mano apoyada sobre el abdomen de David hasta que dejó de ser consciente de dónde terminaba el calor de uno y empezaba el del otro, y se durmió antes de saber cuánto tiempo permaneció David despierto a su lado.