L&L Capítulo 13 #2
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Capítulo 13 #2

Les expliqué que la propiedad estaba en Puerto Banús, en una zona con privacidad suficiente para no tener la sensación de vivir en un escaparate.

Doce millones era el precio de salida. La casa estaba preparada para enseñarse y, si realmente estaban interesados, L eran piezas sueltas y algunas podían no servir absolutamente para nada.

Pero había una cosa que sí sabía: Erik había vivido en Tromsø y su familia también.

Abrí la carpeta y empecé a extender los papeles sobre la cama intentando decidir por dónde demonios se empezaba a buscar a la familia de un hombre después de tantos años.

Al cabo de unos segundos noté que Roberto había dejado de moverse.

Levanté la cabeza y lo encontré apoyado junto al armario, mirándome a mí y después a todos aquellos documentos.

—Ya lo sé —dije.

No preguntó qué hacía con aquello ni me reprochó haberle ocultado nada. Tampoco puso esa cara de marido recién estrenado al que su mujer acaba de comunicarle que la luna de miel incluía una investigación familiar. Simplemente se acercó a la cama y se sentó a mi lado.

—¿Qué buscas?

Cogí una de las fotografías de Erik, aquel hombre pelirrojo que había formado parte de nuestra familia mucho antes de que nosotras supiéramos siquiera que existía.

—A su familia.

—¿Aquí?

—Lo poco que he podido averiguar apunta a Tromsø.

Él vivió aquí y su familia también. Tengo una dirección, algunos apellidos y varias cosas que no sé si siguen teniendo algún sentido después de tantos años.

No quería decirle nada a mi madre sin saber si queda alguien a quien encontrar.

Ni siquiera sé si siguen viviendo aquí, si se marcharon, si murieron... No sé nada.

Roberto volvió a mirar la fotografía.

—¿Y por eso elegiste Noruega?

—También quería ver los fiordos.

Me miró fijamente.

—Lourdes.

—Vale. Principalmente por esto.

Esperé la bronca, pero no llegó. Roberto se quitó la chaqueta, la dejó sobre una silla y volvió a sentarse junto a mí. Cogió uno de los papeles y empezó a examinarlo.

—Venga.

—¿Venga qué?

—Te ayudo. Vamos a ordenar primero lo que tienes: nombres, fechas, direcciones y cualquier referencia a familiares. Después vemos qué sigue existiendo.

Me quedé mirándolo. No me había preguntado por qué no se lo había contado antes, ni había dicho que estábamos de luna de miel, que aquello podía esperar o que yo había convertido nuestro viaje en otra de mis investigaciones.

Simplemente había visto algo importante para mí y se había sentado a mi lado para ayudarme.

¿Era o no era un regalo del cielo? Cada vez estaba más convencida. Me acerqué y le di un beso.

—¿Eso por qué?