CAPÍTULO 23
Nos despertamos abrazados, con Banshee acurrucado a los pies de la cama. Me zafé de su abrazo, me puse una bata y salí tranquilamente al balcón. Otra mañana perfecta con una ligera brisa, el sol brillaba bajo en el cielo. Quince minutos después, Kirsten se deslizó a mi lado en bata.
—Buenos días. ¿Cómo dormiste? —pregunté mientras le daba un besito en la mano.
—Como un bebé. Esto es precioso. —Se volvió hacia mí—. Me la pasé muy padre ayer.
—Yo también. Tenemos que hacerlo otra vez.
Nos sentamos en silencio durante unos minutos.
—Kirsten, necesito decirte algo.
Me miró de reojo con una ceja levantada.
—Si esta es la parte en la que me hablas de tu mujer y tus cuatro hijos, te voy a tirar por este balcón.
—No. Mi esposa y yo solo tenemos dos hijos. —Eso se ganó un puñetazo juguetón en el hombro—. En serio, necesito tu opinión. Algo está pasando con los Felton .
—Siempre pasa algo con esos idiotas.
—Esto es más serio. Cuando estaba en el rancho, los oí hablar de una entrega especial de los invernaderos, así que decidí investigar un poco.
Banshee y yo nos escabullimos por la noche y vimos cómo cargaban un camión.
Prestaron especial atención a dos palés de mantillo, y todo el mundo andaba armado.
Definitivamente, algo raro estaba pasando.
Kirsten me miró con los ojos muy abiertos y la mandíbula desencajada.
—Es una locura. Pudiste haber muerto. Te pueden disparar por allanamiento en cualquier rancho, pero especialmente en ese.
—Tuve cuidado y me mantuve alejado de la luz. Creo que nadie nos vio. Puse un rastreador en el camión y rastreé la entrega hasta Tim's Garden Spot aquí en Salt Lake City.
—¡Aja! entonces por eso nos detuvimos en ese vivero. Ya se me hacía raro que quisieras comprar plantas en vacaciones.
—La verdad es que me gustan mucho las plantas, pero le atinaste, quería ver el vivero.
—¿Y encontrarte algo raro? Se veía como un invernadero normal.
—No. Se veía como cualquier otro invernadero. Hasta hice que Banshee oliera en busca de drogas, pero no había nada.
—¿Drogas? ¿Crees que los Felton son narcos?
—Le hablé a un conocido mío de Houston. Me consiguió los registros fiscales y bancarios del rancho y del vivero. Hay un montón de dinero extra moviéndose a través de ambos negocios. El rancho funciona como una operación de lavado de dinero.
Kirsten se inclinó hacia mí.
—Esperate. ¿Me estás diciendo que escuchaste una conversación, y con eso, entraste en su propiedad, rastreaste su camión, y conseguiste que algún hacker mirara su información financiera por ti? ¿Y concluiste que los Felton lavan dinero procedente de la droga? ¿Hay algo más que deba saber?
—Eso es casi todo.
—Así que eso te convierte en el puto James Bond .
—Y eso te convierte en mi perfectamente hermosa chica Bond.
—Eso no me gusta. A las guapas ayudantes de James Bond siempre les pasa algo malo.
—No voy a dejar que nada malo te pase. ¿Qué debemos hacer ahora? ¿Debo informar al Alguacil de lo que encontré?
Kirsten soltó una carcajada.
—Mi primer consejo es que te alejes del Alguacil.
La única prueba de actividad delictiva que hay ahora mismo eres tú, colándote al rancho de los Felton.
Ellos tienen demasiado poder. Si vas tras ellos con esto, van a salir libres y hacer de tu vida un infierno.
No hay forma de que el Alguacil los persiga sin pruebas reales.
Tenía sentido. Estaba seguro al 99 % de que sabía lo que estaba pasando, pero no podía demostrarlo.
—Creo que tengo que volver a entrar al rancho para conseguir pruebas, pero antes, tenemos que desayunar e irnos a casa. ¿Quieres bañarte primero?
Me tomó de la mano y tiró de mí tras ella.
—Creo que debemos ahorrar agua. Vamos a bañarnos juntos.
. . .
Morquist llamó a Travis exactamente a las dos en punto.
—Buenas tardes, Travis. Completé mi revisión de los materiales que me enviaste.
—Gracias por su ayuda. ¿Encontraste algo interesante?
—Una anomalía que no puedo explicar.
Morquist compartió sucintamente sus hallazgos con Travis, que tomó notas precisas. Morquist respondió a algunas preguntas, y Travis tenía un plan para su defensa de Alejandro.
. . .
Llegamos a la ciudad a última hora de la tarde, después de un viaje tranquilo y relajado. Ayudé a Kirsten a deshacer las maletas y luego la ayudé a elegir un lugar para su nuevo helecho .
—Recuerda que debes girarla con frecuencia para que crezca de forma uniforme y no la riegues muy seguido.
—¡Sí, señor! —Kirsten hizo su mejor imitación de un saludo militar exagerado.
—Me la pasé muy chido este fin de semana.
—Yo también, Dr. Espía Secreto. ¿Seguro que no puedo ir contigo?
Habíamos hablado de eso durante los últimos 100 kilómetros. Kirsten tenía muchas ganas de ir a visitar el rancho con Banshee y conmigo, pero yo no quería que se metiera en líos.
—Sería vergonzoso que tu padre te arrestara.
Hizo un puchero.
—De acuerdo. Tú y Banshee diviertanse. Mientras yo me quedo aquí a cuidar de mi planta.
La abracé.
—No va a ser tan emocionante, y quiero que estés a salvo. Hablando en serio, si están involucrados en lavado de dinero y drogas, esto puede ponerse peligroso. No le digas una palabra a nadie.
—Mis labios están sellados. Ahora vete de aquí. Tengo algunas cosas que hacer antes de trabajar mañana. —Me dio un beso largo y apasionado antes de empujarme hacia la puerta—. Adiós, Señor Bond.