Limerencia 25 #3
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25 #3

—No estás de coña, ¿no?

Vuelvo a tragar saliva. Ahora mismo me encantaría poder intercambiarme con uno de los destornilladores oxidados del banco de trabajo de Rick.

—No.

Su mirada cambia de incredulidad a una mirada que me es muy familiar.

Envidia.

Me deja totalmente pasmada.

Ian da un paso en mi dirección y resisto el impulso de apoyarme contra el banco de trabajo.

—¿Y cómo lograste entrar? —me pregunta y antes de que pueda contestarle, añade—: Normalmente aceptan a menos del uno por ciento de los solicitantes y la matrícula… —Hace una pausa—. Supongo que te habrán dado algún tipo de beca.

Noto cómo me da un vuelco el pecho de nuevo mientras me repito que Ian no tiene ni idea de nada.

No puede saberlo.

—¿Hiciste las pruebas de acceso? ¿Cómo fue el proceso solicitud?

—continúa acribillándome a preguntas y, justo después, como si acabara de darse cuenta del asalto al que me ha sometido en menos de diez segundos, da un paso atrás y suspira—.

Lo siento, no quería bombardearte con tantas preguntas.

Es que… —Se pasa la mano por el pelo—. Hace unos años yo también intenté entrar a Lionswood.

Todos los profesores me decían que iba a conseguirlo, así que hice las pruebas de acceso, pero…

—Suelta una risita, aunque sin mucho humor—.

Bueno, ya ves, parece que no conseguí entrar.

Me quedo mirándole y el silencio se abre paso entre nosotros.

Ni siquiera puedo contar la cantidad de noches que he pasado en vela, imaginándome cómo habría sido la vida de Ian si yo no le hubiera arrebatado el futuro y, sin embargo, ninguna de esas imágenes se puede comparar con el dolor y la culpa que siento al verlo en persona.

—Lo siento muchísimo, Ian. —La vergüenza se me instala en la garganta y, durante un instante, me pregunto si habré compartido demasiado, pero él tan solo sacude la cabeza.

—No lo sientas —me dice—. No es culpa de nadie, solo mía. Soy yo el que no hizo un buen examen. —Se encoge de hombros, pero veo cómo se sigue echando la culpa por ese examen tanto como yo.

Soy una persona horrible.

—Pero la cosa es… —Chasquea la lengua—. Que creo que sí lo hice bien.

Le miro de repente.

—¿Qué?

Ian exhala y se echa hacia atrás con un brazo cruzado sobre el otro.

—Es que… Nadie sale de un examen suspenso creyendo que va a sacar un sobresaliente, ¿no? De alguna forma u otra, tienes que saber si lo has hecho fatal o no.

—Supongo.

—Y estuve estudiando para ese examen durante meses —continúa—. Salí de la sala de exámenes creyendo que lo había hecho genial y, sin embargo… —Su expresión decae al instante—. Lo hice fatal. Tan mal que ninguna escuela privada y mucho menos Lionswood iba a poder aceptarme nunca como alumno.

Me estremezco.

No fue Ian el que lo hizo fatal en las pruebas de acceso.

Fui yo.

—En fin… —suspira—. No pretendía soltarte todo esto. El hecho de que alguien de Mobile haya acabado en Lionswood es… —Esboza una pequeña sonrisa—. Muy impresionante.

No hay nada de impresionante en lo que hice.

Siento como si alguien me hubiera atado una roca al pecho.

Que Ian me pida que no sienta pena por su falso fracaso tan solo me hace sentir peor.

Así que, después de todo, lo único que puedo responder es un:

—Gracias.

El silencio vuelve a extenderse entre nosotros y yo abro la boca para intentar volver a escabullirme justo antes de que él vuelva a dirigirse a mí.

—Tuviste mucha suerte de no hacer la prueba cuando la hice yo.

Abro mucho los ojos.

—Hubo un gran incidente —me explica—. Mientras el vigilante recogía los exámenes.

La chica que había a mi lado tuvo una reacción alérgica de campeonato.

Hubo muchos profesores, ambulancias y padres llorando.

—Se rasca la nuca—. Al final no le ocurrió nada, pero nos sacaron a todos de la sala y nos separaron. Se montó un gran revuelo.

Trago saliva.

—Vaya, suena muy caótico.

Ian vuelve a soltar una risita.

—La verdad es que sí. Ojalá pudiera echarle la culpa de mi mala nota a eso.

El rugido indiscutible de la camioneta de Rick nos interrumpe y yo suelto un suspiro de alivio.

Gracias a Dios.

Me guardo bien los cigarrillos.

—Debería…

—Claro, sin problema —asiente Ian—. Distraeré a Rick para que puedas salir sin que te pille.

Incluso cuando me encierro en mi habitación, la inquietud me corroe mientras coloco los cigarros detrás de mi estantería.

No se acuerda.

No se acuerda de nada.

Y el hecho de que no se acuerde debería hacerme sentir mejor. Esa interacción podría haber salido mucho peor y, sin embargo, sigo sintiendo vergüenza.

Me siento sucia.

Soy el motivo por el que Ian no consiguió entrar a Lionswood.

Y parece que no tiene ni idea de ello.

No se acuerda.

Ian quizá sepa que estoy asistiendo a la escuela de sus sueños, pero no parece acordarse de que yo estuve allí ese día.

Dos filas y tres mesas detrás de él.

Haciendo la misma prueba de acceso que él.

Orquestando el robo de su futuro.

Siento el pánico en el pecho de nuevo.

Y ahora tan solo tengo que quedarme sentada y esperar a que nunca se dé cuenta de ello.