Limerencia 15 #3
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15 #3

Estoy navegando el agua por mi cuenta. No hay ningún dispositivo que me haga flotar, ni ningún chaleco salvavidas. Tan solo mis cuatro extremidades.

Estoy nadando.

Sigo haciéndolo, y tan solo es cuando siento que debo estar cerca de la otra pared que hago una pausa momentánea para ver en qué lugar de la piscina me encuentro exactamente.

Y ahí es cuando las cosas empiezan a ir mal.

No sé qué es lo que más miedo me da, si el hecho de haber conseguido llegar hasta la parte más profunda o darme cuenta de que ya no puedo tocar el suelo porque se encuentra a dos metros y medio debajo de mí.

La confianza desaparece igual de rápido que mi habilidad para nadar.

Se me tensan todos los músculos. Noto cómo me aprieta el pecho.

Ay, madre.

No puedo nadar. No consigo mantenerme a flote. No puedo moverme. No puedo hacer nada porque el pánico me invade.

Me voy a ahogar.

Me voy a morir.

—No, no, no… —Pataleo con las piernas y los brazos, pero no funciona. Me estoy hundiendo. El agua me va a terminar ahogando. Voy a morir—. No puedo…

Una mano fuerte se coloca sobre la mía y tira de mí hasta que tengo medio cuerpo fuera del agua.

Parpadeo para apartar el cloro que me nubla la visión y me encuentro a Adrian, mi salvador, fuera del agua y cernido sobre el borde.

Su mano sobre la mía es lo único que me impide volver a hundirme en el agua.

—Gracias. —Me deshago de alivio mientras intento colocar los pies en la pared de la piscina—. Pensaba que…

Pensaba que me iba a ahogar. Otra vez.

Me quedo esperando a que me ayude a salir por completo de la piscina, pero se mantiene en la misma posición. Mi cuerpo sigue medio sumergido en el agua y el miedo vuelve a apoderarse de mí.

—¿Adrian? ¿Podrías sacarme ya de aquí?

La sonrisa que me ofrece no ayuda mucho a calmar mi ansiedad creciente.

—Bueno… —empieza a decir—. Es una pena que estés aquí conmigo en vez de con Cam.

Frunzo el ceño.

—¿Cam? ¿Quién demonios es Cam?

En este momento lo único en lo que puedo pensar es en que mis dedos empapados se están empezando a resbalar del agarre de Adrian.

Él ladea la cabeza.

—¿No te acuerdas? Mi compañero de equipo. El que me dijiste que lo hizo increíblemente bien en la competición de la semana pasada. Creo que… mi ego está demasiado herido como para que pueda ayudarte esta vez.

—Adrian —siseo—. Por favor. Sácame. —Noto cómo me quema el abdomen al estar utilizando la poca fuerza que tengo intentando no volver a caerme al agua.

—Mmm. —Hace una gran pausa, como si se lo estuviera pensando, pero estoy segura de que está disfrutando de esta situación como un descosido—. No sé. La verdad es que me hiciste mucho daño cada vez que decías que Cam lo había hecho increíble…

—No me creo que lo estés diciendo en serio —jadeo—. Estaba de broma. Yo no… ¡A mí no me importa Cam!

—No estoy del todo seguro —continúa metiéndose conmigo—. No parabas de repetir que su actuación fue increíble. Me dijiste que no podías apartar los ojos de él.

No tardo ni dos segundos en decirle la verdad.

—No estaba mirando a Cam. No tengo ni idea de cómo lo hizo ni si su tiempo fue increíble o no. Tan solo dije eso para meterme contigo. —Tengo la mano tan húmeda que se me empiezan a resbalar los dedos, así que le clavo las uñas en la palma de la mano—. Por favor, ¡sácame de aquí!

—Parece que estás desesperada —murmura, pero sigue sin hacer el amago de querer sacarme.

Estoy muy desesperada , quiero gritarle a la cara, pero sé que eso no me llevará a ninguna parte.

Adrian me está mirando desde arriba, solo puedo ver diversión en sus ojos oscuros, y me doy cuenta de que no es mi desesperación o mi pánico lo que está buscando.

Él ya sabe que Cam no me importa nada, no importa cuántas veces se lo diga.

Es otra cosa lo que quiere oír.

—Adrian —le digo y mi tono de voz suena más calmado de lo que esperaba que fuera—. No miré a Cam ni a nadie más. Te estaba mirando a ti. Solo a ti. Lo hiciste genial. No podía apartar los ojos de ti.

En un instante, Adrian aprieta el agarre y me saca sin esfuerzo alguno del agua. Planto los pies en el suelo, casi tambaleándome, pero las manos de Adrian me ayudan a no perder el equilibrio.

A pesar de que esta vez no me he ahogado, mis pulmones necesitan aire, así que me paso varios segundos tratando de recuperar la respiración. Cuando me aseguro de que no estoy a punto de tener un ataque de pánico, le lanzo a Adrian la peor mirada del mundo.

—Eres un gilipollas. Casi dejas que me muera.

Él suelta una risita, muy poco afectado por mi ira.

—Al contrario, te he enseñado a nadar. No te habría pasado nada en cuanto te hubieras calmado.

—Te odio —le espeto.

—Eso no es verdad —me responde—. Quizá quieras hacerlo, pero no creo que puedas.

Estoy demasiado cansada después de haber tenido mi segunda experiencia cercana a la muerte en un solo mes para discutir con él, así que decido hacer algo completamente distinto.

Alzo las manos, las coloco sobre su pecho desnudo y le empujo para que caiga a la piscina.

Cuando saca la cabeza fuera del agua, me doy cuenta de que se está riendo.