Capítulo 40. Jo #2
No hay forma de confundir el rubor que inunda mis mejillas y, en ese mismo instante, llaman a la puerta principal.
Me doy cuenta de que quizá ese fue su plan desde el principio: distraerme lo justo para que la evidencia de mi sonrojo quedara estampada en mi rostro cuando Kai y su comitiva llegaran, sabiendo que Kai sacaría sus propias conclusiones.
Como si mi mano entrelazada con la de Acker no fuera ya suficiente.
Messer mira alrededor y va cruzando la mirada con cada uno de nosotros, para comprobar que estamos listos, antes de atravesar el vestíbulo y dirigirse a abrir la puerta.
El corazón me retumba en el pecho, mi mano sigue aferrada a la de Acker con fuerza.
Oigo la voz de Kai un instante antes de que entre.
Se aparta los mechones rubios y mojados del rostro y sus botas chirrían sobre el suelo de piedra cuando se hace a un lado para dejar pasar a la persona que viene detrás.
No estoy preparada para la visión de Aurora cuando cruza la puerta principal.
Mis ojos se dirigen a Messer, preguntándome por qué no me advirtió al respecto, mientras él los saluda a ambos con una sonrisa relajada.
—Debéis de estar helados —dice, extendiendo una mano hacia ellos y señalando la habitación donde el resto de nosotros aguarda—. Dejadme los abrigos y los colgaré junto al fuego para que se sequen.
La mirada de Aurora es penetrante mientras hace inventario de la estancia.
La chica con la que entrené y combatí en Alaha ya era intimidante; su sola presencia bastaba para hacer temblar a los chicos de nuestra clase.
Pero ¿ahora? Sus ojos marrones son directamente letales.
Pero cuando mira a Kai, su esposo, se hace evidente que le tiene cariño, por la forma en que su mirada se suaviza un poco, solo para él.
No quiero parecer desconfiada, pero siento como si algo me recorriera la espalda como una araña e intento convencerme de que es fruto de mi imaginación.
Que nunca haya visto este tipo de reacción de Aurora durante nuestro época en Alaha no significa que ahora sea incapaz de sentirla.
Es normal que alguien busque seguridad en su cónyuge en situaciones difíciles.
Los ojos de Kai recorren la habitación, evaluando, antes de detenerse en mí.
Me sostiene la mirada. El chico con el que crecí es, sin lugar a dudas, un hombre ahora.
Tiene barba incipiente en la barbilla, que está más marcada y menos redondeada.
Es el mismo, pero diferente. Familiar, pero no.
Han pasado años desde que volvió a tierra y todo ese tiempo lo ha pasado en las líneas del frente de una guerra.
—Brynn —dice, inclinando la cabeza en el saludo típico de Kenta.
Estoy preparada para que Acker lo corrija, pero me sorprende que sea Messer quien lo haga.
—Ahora es Jo —interviene, ofreciéndole una sonrisa cordial mientras termina de colgar los abrigos en la repisa.
—Mis disculpas —responde Kai—. Jo. —Mi nombre suena extraño en su boca.
Le devuelvo una pequeña sonrisa.
—No pasa nada.
El silencio se prolonga mientras la mirada de Kai baja a mi mano entrelazada con la de Acker, antes de apartarla. No me doy cuenta de que estaba conteniendo la respiración hasta que esta se escapa por mis dientes apretados.
Hay demasiadas emociones en mi interior como para identificar si alguna está fuera de lugar, es extraña, pero me alivia saber que, al menos, no me siento instantáneamente fascinada por él.
Messer, actuando como nuestro enlace no oficial, hace un gesto hacia los asientos vacíos.
—Por favor, sentaos —dice.
Kai y Aurora se mueven a la vez hacia el sofá que Messer había abandonado.
Aurora tiembla y no me pasa desapercibido cómo Kai le coloca una mano tranquilizadora sobre el muslo.
Es una demostración de afecto gratuita viniendo de alguien acostumbrado a las costumbres conservadoras de Alaha, y estoy convencida de que intenta provocar una reacción en alguno de nosotros. Aún queda por determinar en quién.
Pero Messer no reacciona, su sonrisa permanece fija.
—¿Queréis algo de beber? Tenemos vino, licores...
—Sin ánimo de ofender, pero me gustaría saltarme las formalidades —lo interrumpe Kai, con tono serio—.
Debido a la gran cantidad de mensajes anónimos que declaran a mi padre como el legítimo rey de Kenta, actualmente difundidos por el territorio y más allá, él se encuentra reunido con Edmond y su consejo, donde decidirán su destino.
Si lo destierran de Kenta, se verá obligado a regresar al campamento de Alaha, donde descubrirá mi ausencia.
En otras palabras, tenemos que ser rápidos.
Todos en el grupo se vuelven hacia Acker y hacia mí. Fredrich desde su lugar en la barra, Irina mientras sigue descansando en el otro sofá y Messer, de pie a nuestro lado.
No. No hacia Acker, sino hacia mí. Acker me mira con la misma expectación que los demás.
—Eres la única persona aquí que realmente porta una corona —explica.
No parpadeo durante un largo momento mientras me doy cuenta de que esto está planeado. Dejo que mis ojos transmitan mi irritación, mirando a Messer y Fredrich, pero concluyo que no hay nada que pueda hacer ahora. No cuando todos esperan que yo lidere.
Suelto la mano de Acker y me siento en una de las sillas de respaldo alto junto al hogar, de espaldas al fuego y mirando hacia la habitación.
Acker ocupa el asiento que está junto al mío, con una postura relajada mientras se hunde en su mullida superficie.
Cruza un tobillo sobre la rodilla y recoge una daga de la otra punta de la habitación, haciendo girar la empuñadura en su mano como muestra evidente de su don.
Le lanzo una mirada fija y él me guiña un ojo. De alguna manera eso calma mis nervios.
No entiendo por qué pensaron que yo tendría alguna posibilidad de convencer a Kai de una alianza, especialmente cuando fui yo quien no pudo cumplir el primer acuerdo que hicimos.
—Supongo que, dado que estás aquí a pesar de las circunstancias con tu padre —digo, enfrentando la mirada de Kai, antes gris y ahora azul tras su regreso a tierra—, eso significa que tienes algún interés en esta alianza.
Se inclina hacia delante, entrelazando los dedos sobre sus rodillas dobladas.
—Estoy interesado en una alianza contigo y con la princesa de Strou —aclara.
Alzo una ceja ante el chico con el que pensé que me casaría.
—Messer dijo que quieres el trono de Acker.
—Así es —responde.
—Tu condición es un poco contradictoria, ¿no crees?
—¿Ah, sí? —pregunta, entrecerrando ligeramente los ojos—. ¿Cómo es eso?
Me encojo de hombros, como si la respuesta fuera obvia.
—Acker es mi vínculo. Si te alías conmigo, te alías con él. O tal vez desconoces cómo funciona un verdadero vínculo.
No hay un cambio visible en su expresión, pero lo conozco lo suficiente como para notar lo poco que le gusta que cuestionen su inteligencia.
—Lo último que supe es que vosotros dos no estabais en buenos términos. ¿Puedo preguntar qué ha cambiado?
—¿O eso es solo lo que les hemos hecho creer a todos? —Casi puedo escuchar las palabras de Irina sobre lo mucho que miento—. Tal vez deberías cuestionar quién te ha estado dando esa información.
Sus ojos se desplazan hacia Acker, a mi lado, intentando evaluarlo.
—Quiero el trono de Kenta. Que Acker sea tu vínculo tiene poca relevancia para mí.
—¿Y si cediera mi lugar? —pregunta Acker, negándose a mirarme mientras vuelvo la cabeza hacia él—. ¿Qué harías con él?
La atención de Kai se mueve hacia Acker por primera vez.
—Suponiendo que mi padre esté resuelto, gobernaría Kenta y Roison como un todo.
Acker se burla.
—¿No es suficiente el territorio de Chryse para ti? Roison posee la mayor parte de esta masa de tierra.
—Mi pueblo ha vivido décadas en los confines de un bosque. No los he sacado de ahí para ir a meterlos en los restos de un territorio ya establecido.
—Será difícil integrar toda una población con los kenta —intervengo—. Tendrías más éxito negociando nuevas fronteras.
La mirada de Kai se endurece.
—¿Para que tengamos menos viviendas y recursos que los de las ciudades?
Casi puedo escuchar los molares de Acker rechinando frente al fuego crepitante. Incluso Messer pierde algo de su entusiasmo cuidadosamente construido. Se quita la chaqueta.
—Si no os importa, voy a servirme un trago.
Detrás del lugar de Kai y Aurora en el sofá, Fredrich se inclina para alcanzar la parte trasera de la barra y coge una botella de vino y una copa. Vierte una cantidad abundante, pero Messer no deja que se desperdicie y se traga la mitad de un solo sorbo.
Suspira mientras inspecciona la copa.
—¿Estáis seguros de que no queréis beber algo? Me parece que podría ser realmente beneficioso para todos nosotros.
Aurora echa un vistazo por encima del hombro a Messer antes de intercambiar una mirada con Kai.
Hay un tic en la comisura de su boca, una sonrisa que amenaza con asomarse.
Es la prueba que necesitaba de que no hay una extraña frente a mí, sino alguien que una vez fue mi amiga.
Alguien con quien compartí risas ante el comportamiento extravagante de Messer.
—¿Y si acordamos integrar a tu gente en todos los territorios? —digo, atrayendo de nuevo la atención de Kai hacia la tarea en cuestión—. Unos cuantos ya han llegado a Maile.
Cualquier rastro de humor en su rostro desaparece.
—Entonces, ¿qué me queda a mí?
—Bueno, ¿cuál es tu objetivo? —pregunta Acker, jugando con la daga—. ¿Es poder lo que buscas o una vida mejor para tu gente?
Kai no se intimida ante las palabras de Acker. Si acaso, se siente reforzado.
—Como alguien que se niega a ceder su propio trono, podría preguntarte lo mismo —desafía—. ¿O no es suficiente servir al lado de tu esposa? —Para añadir insulto a la herida, la mirada de Kai va de mí a Irina—. La que sea que prefieras.
Sus palabras son cortantes y estoy bastante segura de sentirlas en el fondo del estómago.