Light Wielder (Fuego y metal 2) Capítulo 27. Jo
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Capítulo 27. Jo

Jo

Me preocupo de inmediato al ver a Beau esperándome cuando regreso al palacio.

—¿Por qué no estás con tus alumnos?

—Tengo a un padre cubriendo la clase por mí.

Los ojos de Beau se entrecierran cuando me acerco.

—¿Dónde has estado? —pregunta, casi acusatoria.

Me detengo en el marco de la puerta de la cocina y me doy cuenta de que Sam ha regresado.

Por la expresión de su rostro y el de mi madre, sé que no viene con buenas noticias.

He tenido suficientes revelaciones en los últimos tres días como para toda una vida y creo que sé cuál será la respuesta de Chryse al descubrir que mi vínculo está en Maile.

—A Chryse le preocupa la posibilidad de que dejes de cumplir tu parte del acuerdo si sospechas que la guerra ya no está a su favor —dice Sam.

Me apoyo contra el marco de la puerta y me aparto del rostro el cabello revuelto por el viento.

—¿Sabe que Wren ha hecho un trato con Edmond? —pregunto.

—No lo ha dicho, pero sí que sospecha que algo anda mal. Incluso habló de hacer un juramento de sangre para asegurarse de que no vas a traicionarlo.

Mi madre no necesita expresar su opinión.

Puedo ver el desagrado en su rostro ante la idea de que haga un juramento de sangre.

Cuando le pedí hacerme cargo de la corona, prometió darme espacio para tomar mis propias decisiones y cometer errores.

Pero si alguna vez quiero consejo, solo necesito pedirlo.

—Gracias, Sam. Creo que es mejor dejar todo como está por el momento.

Él asiente.

—Estoy de acuerdo.

El cansancio le marca los rasgos, tiene la ropa arrugada por los repetidos saltos a través del terreno y resulta inquietante. He visto a este hombre acabar una batalla de un día con el aspecto de haber salido a dar un tranquilo paseo.

—¿Has visto las líneas del frente? —pregunto.

Su boca se estrecha y los ojos se tornan tristes al responder.

—Los roison han logrado avanzar hasta el interior del territorio de Kenta, dejando sus tierras y sus gentes marcadas a su paso.

Mi madre chasquea la lengua.

—La Madre Naturaleza no va a estar contenta.

—No, no va a estarlo —concuerda él—. Nos espera un invierno terrible.

Gimo.

—¿Alguien tiene buenas noticias?

—De hecho —dice Beau, haciendo una mueca—, esta mañana recibí noticias de mi madre. Ha encontrado algo... interesante.

Por la forma en la que vuelve la cabeza hacia la escalera, queda claro que esta es una conversación que quiere tener en privado, así que dejamos a Sam y a mi madre en la cocina.

Él hará lo posible por aliviar sus preocupaciones, pero sabe que poco puede decir para tranquilizarla. Al final, las decisiones las tomo yo.

Beau y yo no hablamos hasta que estamos a solas en su habitación.

—Tu aura está por todas partes —dice, cerrando la puerta tras de mí.

La habitación de Beau está decorada en suaves tonos neutros.

Todo, desde las cortinas hasta la ropa de cama y la alfombra en el suelo, carece de dibujos o colores marcados.

Contrasta completamente con su hogar dentro de la ostentosa decoración del palacio de Kenta.

El único toque de color proviene de la pila de novelas de misterio en su mesilla de noche.

Y al sentarme al borde de su cama hecha, quizá puedo entender la calma que un estilo tan minimalista le aporta.

—¿Qué ha encontrado Greta? —pregunto, evitando responder a su comentario.

Ella abre la boca, como si quisiera indagar más sobre mi estado emocional actual, pero parece pensárselo mejor.

De pie junto a su escritorio, coge un montón de papeles y me los entrega.

Parecen páginas arrancadas de un texto antiguo.

Repaso las primeras líneas antes de darme cuenta de qué es lo que estoy leyendo.

Parece una vieja nota manuscrita que especifica, exactamente, cuándo y cómo se puede utilizar un juramento.

—¿De dónde es esto?

Beau coge la última página del montón y me la pasa, señalando el emblema estampado bajo la firma del filósofo. El emblema de Strou. Rojo, con el dibujo de las astas.

—Mi madre lo encontró escondido en un texto en la habitación de Acker.

Vuelvo al punto donde me he quedado, pero la mayoría del texto parece relatar cosas que ya sé.

Un juramento de sangre debe hacerse usando la sangre de la persona que lo realiza mezclada con tierra de la región.

La repercusión de romper el juramento, sin importar su contenido, es la magia de la persona.

Pero al crear un juramento de sangre con otra persona mientras se dice una mentira, el precio es mayor: la muerte.

Y debido a este alto coste, es una herramienta que puede usarse para revelar verdades.

La siguiente línea tiene un asterisco dibujado a mano al lado.

Si se realiza un juramento acompañado de una declaración de verdad, dicho juramento queda ligado a esa verdad concreta. Mientras la declaración sea verdadera, el vínculo del juramento se mantiene. Si la verdad deja de tener valor, el juramento queda nulo y sin efecto.

Siento como si una piedra me cayera en el fondo del estómago al mirar a Beau.

Ella asiente.

—Mi madre dijo que es anterior a la época en la que conoció a mi padre, probablemente incluso de antes de que Edmond ocupara el trono.

—Se sienta junto a mí en la cama—. Lo encontró en un texto que no está en ninguno de los archivos de Kenta, y, tras examinar la técnica de encuadernación más simple usada en las páginas, supone que probablemente Acker lo trajera consigo tras una de sus muchas visitas a Strou.

Santo cielo. Él lo sabía.

Sabía que cuando hizo el juramento con nuestra sangre combinada, su promesa de protegerme solo tendría validez mientras su declaración de amor fuera verdadera.

«Y la amo».

—Pero ¿quién dice que esto es verdad?

Beau se encoge de hombros.

—Nadie. Los juramentos de sangre son notoriamente difíciles de manejar. La gente siempre ha buscado lagunas.

—¿Fuiste capaz de saber, por su aura, si todavía me ama? —Odio haberlo preguntado en cuanto las palabras salen de mi boca, sé que no es justo para ella, pero necesito saber si vino a Maile a probar los límites del juramento después de todo este tiempo.

Beau niega con tristeza.

—Necesitaría ver cómo interactúa su aura con la tuya para saberlo. ¿Cómo reaccionó ante la visita de Fredrich a tu habitación anoche? —pregunta, con astucia.

Mi boca se abre sorprendida.

—¿Cómo sabes eso?

—Me preocupé cuando todos mis pasadores del pelo salieron volando —dice, señalando la pared detrás de mí. Los metales dorados y plateados están incrustados en la piedra—. Me preocupé, obviamente, pero justo cuando iba a correr a tu habitación para salvarte, oí... cosas.

Un rubor me sube por el cuello.

—Genial.

—Pensaba que era solo mi hermano, así que esperé afuera, sin querer entrometerme, pero queriendo asegurarme de que estabas bien.

—Hace una mueca al recordarlo, algo que nunca había visto en ella antes; una mezcla de horror, vergüenza y náusea—.

Imagina mi sorpresa cuando fue Fredrich quien salió de tu habitación.

—Fue una decisión terrible, lo sé —gimo.

Beau se encoge de hombros, con expresión pensativa.

—¿Logró lo que querías?

Reflexiono sobre su pregunta mientras recuerdo la noche anterior.

Lo mucho que deseaba un respiro del dolor, tanto que estaba dispuesta a tomar la segunda opción que atravesó la puerta, solo para que todo el plan se frustrara por la presencia de Acker.

Lo mucho que se enfureció. Luego, en su propia desesperación por apartarme de Fredrich, era casi como si...

fuera incapaz de no participar. Como si no pudiera evitar involucrarse en algo, en lo que fuera, que me proporcionara placer.

—No lo sé —respondo, con honestidad.

—Bueno, solo una advertencia, Iona se lo ha dicho a tu madre.

La portera es una verdadera chismosa, pero, de alguna manera, que mi madre se entere de mis desmanes nocturnos es lo que menos me preocupa.

—¿Qué hora es?

—Ni idea —dice Beau, señalando los fragmentos de metal esparcidos—. Mi reloj de pulsera está aplastado contra la pared.

Enrollo los papeles y se los devuelvo.

—Messer y Drake deberían estar escoltando a Acker e Irina a su barco en cualquier momento. Si vino a comprobar el juramento, se le ha acabado el tiempo.

—Lo llevaste a ver a Cadence esta mañana, ¿verdad?

Asiento.

—Posiblemente otra mala decisión.

—A veces las decisiones no son buenas ni malas. A veces son solo decisiones.

Mientras dejo que sus palabras me calen, de repente todo parece pesado.

Todavía hay mucho por decir, especialmente considerando todo lo que Cadence me reveló. Miro a Beau y ella me ofrece una sonrisa triste, sabiendo, sin que tenga que decírselo, el peso que cargo. Lo ve tanto como yo lo siento.

Me levanto para irme y me detengo en el umbral de la puerta.

—¿Puedes organizar una reunión esta noche? —le pregunto.

—Claro —dice—. ¿Quieres que reserve la sala en la taberna?

Niego con la cabeza.

—No. Quiero que sea aquí, en el palacio.

No quiero arriesgarme a que alguien nos oiga, no cuando se trata de información capaz de alterar el mundo.

Las pruebas de la aventura de anoche han desaparecido de mi habitación.

Mi bata, mi lencería, ya no están en el suelo, donde las dejé después de bañarme.

La cama hecha me llama, considero tumbarme en ella para una siesta a media mañana, pero me doy cuenta de que he cometido un grave error.

Mis dedos buscan la cadena en mi cuello, pero no está; debí de dejarla alrededor del pomo de la silla del caballo.

Abro el cajón de mi mesita y encuentro el último collar de piedras mangi que tengo.

No será suficiente para impedir que Acker atraviese mi lado del vínculo si lo desea, eso está claro, pero es mejor que nada. Al menos mientras estoy despierta.

Dudo antes de ponérmelo.